«Es bueno competir contra los mejores», Jorge Luis Pinto

Costa Rica, la selección que dirige el santandereano es una de las sorpresas en Brasil 2014. Su primer lugar en el denominado grupo de la muerte consolida una carrera que se le ha reconocido más en el extranjero que en su propio país.
«Es bueno competir contra los mejores», Jorge Luis Pinto

Tiene el récord de haber conseguido siete títulos con diecisiete clubes. En todos ellos festejó, pero ninguna celebración equiparó la emoción de clasificar a una selección a un Mundial. El 10 de septiembre del 2013, Jorge Luis Pinto puso a Costa Rica en su cuarta participación en una Copa del Mundo, un objetivo que celebró en el camerino del Estadio Alejandro Morera Soto.  El video en el que llora de la felicidad  se volvió viral en el país centroamericano y en Colombia, lugares en los que su fama de estratega severo es bien conocida.

Su dureza en el banquillo lo acompaña desde 1984, cuando, como adiestrador de Millonarios, sentó en el banco de suplentes a un joven llamado Carlos Valderrama. Luego, al concluir el campeonato, le abrió las puertas para que buscara otro destino. En Bogotá el grácil volante de rulos amarillos no tenía espacio en la titular de este profesor formado en Brasil y Alemania. Así comenzó la leyenda del «Pibe», quien sí pudo demostrar su talento en el Deportivo Cali. A partir de entonces su figura fue creciendo con el transcurrir de los años, mientras Pinto no se pudo quitar la cruz de haberlo rechazado.

El otro lastre sucedió en la selección Colombia, entre 2007 y 2008, en la que el capitán, Iván Ramiro Córdoba,  renunció «debido a las múltiples diferencias entre el cuerpo técnico y los jugadores». A las quejas por los extenuantes entrenamientos del exdefensor del Inter de Milán se le unieron Mario Alberto Yepes y Fabián Vargas. Fue la última vez que Pinto trabajó en territorio colombiano. La estrepitosa caída 4 a 0 frente a Chile en Santiago por elminatorias a Suráfrica 2010 es su último rastro en el balompié nacional.

«Es uno de los momentos más felices de mi vida. He luchado toda mi vida por ir a un Mundial y hoy lo he logrado», dijo con la voz quebrada al clasificar a Costa Rica a Brasil 2014. Los periodistas que lo rodeaban con micrófonos y cámaras aplaudieron mientras se aclaraba la garganta. Y no era para menos: Costa Rica se hacía dueña del segundo puesto de la Concacaf, por detrás de Estados Unidos y delante de Honduras y México. Para sus compatriotas, la dicha definitiva duró hasta el sorteo  realizado el pasado 6 de diciembre. Justamente a los hombres de Pinto les tocó integrar el denominado grupo de la muerte. La suerte parecía echada para Costa Rica junto a las campeonas Uruguay, Italia e Inglaterra. En las redes sociales se multiplicaron memes alusivos a la fragilidad de los centroamericanos al lado de sus contendores. «Me emocionó. Creo que es bueno competir contra los mejores. Cuando me enteré, en verdad me alegré. Es una gran prueba para el equipo», comentó Pinto en una entrevista al preguntársele por sus rivales. Sus palabras en principio fueron interpretadas como muestras exacerbadas de optimismo y pocos contaron que a la selección italiana la tenía estudiada desde el mundial 1978, cuando tenía 26 años y ya se formaba como entrenador en Brasil. 

Tan poca era la fe hacia Costa Rica, que su debut mundialista contra Uruguay no fue transmitido por televisión abierta en Colombia. Aquel sábado 14 de junio, tras la contundente victoria 3 a 0 de Colombia ante Grecia, los bicampeones fueron sorprendidos en Fortaleza por una selección que nunca bajó los brazos. Un inspirado Joseph Campbell lideró una remontada que quedará para el recuerdo: del 1 a 0 en contra, los de Pinto pasaron a vencer 3 a 1.  A los seis días, en Recife, los centroamericanos demostraron que lo suyo iba en serio y derrotaron a la Italia de Andrea Pirlo y Mario Balotelli. Finalmente, cerró el grupo de la muerte igualando a cero con una pálida Inglaterra. Una vez cumplido el calendario, Costa Rica y Uruguay, una más fortalecida que otra, aseguraron pasaje a segunda ronda con siete y seis puntos, respectivamente. Pinto no decía mentiras al manifestar a la prensa que «es bueno competir contra los mejores» y sus banderas ondearon por sí solas. En el fútbol no hay nada escrito, más para un estudioso dispuesto a analizar durante horas un video con la obsesión de aprenderse de memoria los movimientos del contrincante.   

Más allá del destino costarricense en segunda ronda, la tarea de Jorge Luis Pinto ya está hecha. El momento que vive es la ficha que le hacía falta a su carrera para ponerse en el estante de los entrenadores latinoamericanos más destacados. No necesitó ganarse una Copa Libertadores ni devolverle un cupo a Colombia en un Mundial; con haberse vestido de verdugo en un grupo que ni brasileros, argentinos ni alemanes querían estar, le bastó para que el fútbol le diera la razón a su filosofía deportiva basada en una disciplina militar. ¿Más adelante regresará a la selección Colombia? Es difícil saberlo, lo único cierto es que la vida de un entrenador da tantas vueltas como un balón.

 

Foto: AFP.