San Valentín, el paso de la amistad al amor

Hay amistades que siempre están tentadas a cruzar el límite hacia el erotismo. ¿Cuándo vale la pena? ¿Cuándo no?
Día de San Valentín

Muchas personas se han visto en situaciones que las llevan a preguntarse: ¿vale la pena arriesgarse a cruzar el límite de una amistad y tener relaciones sexuales? ¿En qué circunstancias vale la pena hacerlo, en qué circunstancias no? ¿Qué implicaciones tiene ese paso para la amistad?

 

Federico y Ana son buenos amigos que se apoyan en las buenas y en las malas. Una noche se van de rumba para distraer un poco la tusa de Federico. Terminan en la casa de Ana. Después de una noche de sexo confuso se despiden sin mirarse a los ojos. De ahí en adelante, lo que era una espaciosa complicidad se vuelve un mar de malentendidos, expectativas, temores, silencios, reproches y distancias.

 

María Cristina y Helena son las mejores amigas. Un buen día María Cristina comparte sus deseos íntimos con Helena. Quiere explorar, por un tiempo, una faceta de su sexualidad sin las exigencias de una relación de pareja monógama y excluyente; quiere sanar su sexualidad con alguien que le dé, además de placer, el amor y la ternura abierta de un amigo. Se vuelven amantes durante seis meses que sanan a Cristina y a Helena. Ambas guardan por el resto de sus días mucho amor y agradecimiento.

 

Estas dos historias y sus desenlaces nos muestran lo difícil que es dar una última palabra sobre las distintas formas de amor y los límites que las separan.

 

Para entender el tema con mayor claridad debemos considerar, en primer lugar, que una relación, sea del tipo que sea, se define por unos límites que establecen qué es legítimo y qué no lo es. Hay amistades donde se defiende la honestidad hasta sus últimas consecuencias; hay otras donde reina la diplomacia. Hay amistades donde cabe cierto tipo de contacto físico y hay otras que lo proscriben. En la mayoría de las relaciones estos límites van modificándose a lo largo del tiempo de forma explícita o tácita.

 

Abordar saludablemente el punto donde la amistad se encuentra con la sexualidad o donde la sexualidad –por qué no– se encuentra con la amistad implica diferenciar cómo establecer límites saludables en las relaciones.

 

Para hacerlo debemos tener en cuenta que existen dos movimientos inicialmente contradictorios en las relaciones amistosas y las relaciones basadas en la genitalidad: mientras las amistades conllevan un alto grado de compasión, apertura y libertad, las relaciones que incluyen encuentros sexuales conllevan el movimiento de pasiones y emociones que nos hacen más posesivos, vulnerables, dependientes, exclusivos y excluyentes.

 

Y creo que esto nos lleva a formular mejor la pregunta que debemos hacernos antes de cruzar el límite. No se trata de escoger entre amistad o erotismo. Creo que toda relación erótica saludable coexiste con una forma de amistad y toda amistad verdadera coexiste con una forma de erotismo. Pero, ¿estamos dispuestos a dejar entrar en el juego de la relación, mediante el paso a las relaciones sexuales, ciertas fuerzas y movimientos que seguramente exigirán cosas distintas de nosotros?

 

No nos engañemos. Si el paso del límite se da entre escarceos mediocres de personas mediocres, es posible que la consecuencia no sea otra que el reconocimiento de un desliz y un lento y disimulado distanciamiento. Pero si lo que se da es un encuentro sexual entre dos personas abiertas y conscientes, lo más seguro es que surgirá un nuevo vínculo amoroso: el deseo se aviva, la intimidad se profundiza, las emociones se desbordan y la amistad queda herida por las flechas del enamoramiento.

 

Por eso algunas veces los amigos, después de morder la manzana, no pueden mirarse a los ojos. Otras veces, despiertan como amantes. Y otras, sobre las cenizas de una amistad, construyen una pareja.

 

Lo que diferencia los desenlaces es la claridad sobre los motivos, las consecuencias y la honestidad con que estos se hablen. Tal vez la pregunta más relevante no sea por qué pasar el límite, sino para qué pasarlo. ¿Tu amigo o amiga no te gusta tanto como para tener una relación más profunda e incluyente? ¿El sexo es agradable, pero algo en esta persona hace que no sea deseable como pareja? ¿Estás pasando por un momento donde quieres vivir el máximo de una relación de pareja y quieres tener relaciones sexuales lúdicas, agradables y amorosas, pero con la condición de no profundizar el vínculo y la disposición a renunciar a una evolución en la relación?

 

Tal vez sea un asunto de una sexualidad enferma que siempre confunde el cariño con el deseo. Puede ser la curiosidad genuina de conocer al amigo o la amiga desde otra dimensión. O bien puede ser la llana mediocridad del que no está dispuesto a pagar el tributo de una sexualidad plena y se contenta saciando su excitación con alguien que no exige ni cuestiona. Pero puede ser la necesidad legítima de una relación que ha empezado a ser otra cosa.

 

Aclarando los motivos se define con facilidad el paso y se evitan las heridas de la inconsciencia. Pasar el límite para un contacto desvirtuado, para dañar a alguien querido, o usar una amistad como pretexto para tirar sin amor, ni entrega, ni goce, ni éxtasis es un despropósito. Hacerlo para explorar una sexualidad con compasión y creatividad pero sin apegos, es muy válido. Cuando la pasión amorosa reclama el paso, y lo único que se interpone es la historia de una amistad, es estúpido no hacerlo por miedo; en ese caso el cambio ya es inevitable. La diferencia la determinan la transparencia y la honestidad con que se comuniquen las motivaciones, los deseos, las expectativas y los temores.

 

¿Lo hacemos o no?

 

- Revise sus deseos, motivos, sentimientos y necesidades. 

- Comuníqueselos a su amigo o amiga y escuche cuáles son los suyos. 

- No se engañen entre ustedes ni engañen a nadie. 

- Establezcan claramente los riesgos y límites. 

- Si deciden hacerlo, no duden y hagan que valga la pena.

 

 

Foto: Youtube.

 

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