Las mamás de los buenos

En su regazo, transcurrieron los primeros años de los personajes más influyentes del siglo XX.
Las mamás de los buenos

La vulnerable Emilia Kaczorowska mamá de Karol Józef Wojty?a

Una frágil salud y una difícil situación económica fueron la constante en su vida. En los meses que antecedieron el estallido de la Primera Guerra Mundial tuvo que vivir, al lado de su esposo, las obligadas migraciones por Polonia y los países vecinos de Europa Central. En ese sombrío panorama nacieron Edmundo, Olga y Karol. Los dos hijos mayores murieron a temprana edad por causas naturales. Emilia falleció al poco tiempo tras una grave afección en su sistema coronario, cuando Karol tenía tan solo 10 años. No le alcanzó la vida para presenciar como su hijo menor salía avante en medio de una Polonia demacrada y se labraba un prominente camino en la Iglesia Católica, en donde se convirtió en una pieza clave para mejorar las relaciones con el Judaísmo, el Islam, la iglesia Anglicana y la Ortodoxa. Y en donde, también, realizó sus buenos oficios para liberar a su natal Polonia del comunismo.

La voluntaria Mary Maxwell Gates mamá de Bill Gates

La versatilidad para los negocios y la vocación por las causas sociales fueron la mejor herencia que Bill Gates, el segundo hombre más rico del mundo, recibió de su mamá. En un ambiente acomodado que la acompañó desde la infancia, Mary Maxwell Gates tuvo la oportunidad de estudiar y enseñar en la prestigiosa Universidad de Washington, en Seattle. En esta ciudad construyó su hogar al lado William H. Gates y fue testigo de excepción del temprano interés de Bill por los computadores, cuando realizaba los estudios de secundaria en Lakeside. Alternado con su rol de madre, entre los años sesenta y setenta realizó voluntariado en varias entidades estatales como Children’s Hospital Foundation, Seattle Symphony y Greater Seattle Chamber of Commerce. Un ejemplo que, con los años, sería el principal aliciente para que Bill diera el giro a la filantropía con su Fundación Bill y Melinda Gates, la más generosa del mundo según la revista Business Week, con donaciones cercanas a los 23.000 millones de dólares.

La inspiradora Iris Rankin Hewson mamá de Bono

“Madre, sigo siendo tu hijo, sabes que he esperado mucho tiempo para oírte decirlo... madre, me dejaste y me hiciste alguien, ahora sigo siendo un niño pero nadie me dice que no”. Este extracto de la canción Mofo, de la banda U2, fue compuesto por Bono en 1997. La intención era clara: hacer una sentida remembranza de la mujer que lo colmó de afecto durante su infancia y que, abruptamente, falleció a causa de un aneurisma cerebral cuando su hijo tenía 14 años. Para entonces, el impacto fue devastador. Un largo duelo lo llevó a asistir a clases de pintura y refugiarse en un grupo religioso llamado Shalom. Más allá de la tristeza, el poder transformador de la pérdida apuntaría a que Iris Rankin, su madre, terminara por convertirse en una constante referencia en la letra de sus canciones.

La provocadora Frances Shand Kydd mamá de Diana de Gales

Madre e hija tuvieron un sino parecido. Ambas se casaron a temprana edad; ambas lo hicieron con hombres poderosos mucho mayores que ellas. Ambas, al final, vieron como sus matrimonios se desmoronaban y acababan en un triste final. Entre las dos, también, la relación fue álgida desde el inicio. Cuando sus padres se separaron, Diana prefirió quedarse con su padre, John Spencer. Luego, tras la separación de Diana con Carlos de Gales, Frances protagonizó un fuerte escándalo mediático, al decir a la revista Hello, que su hija estaba feliz de perder su título de “alteza real”. Las dos nunca volvieron hablar. En el funeral de su hija, dijo Frances a la prensa: “Por extraño que parezca, el funeral de mi hija fue probablemente el día más magnífico de mi vida. Orgullosa por ella, orgullosa de mis hijas mayores que estuvieron firmes como una roca en sus lecturas, y mi único hijo que le dio a Diana el último tributo de amor fraternal”.

La luchadora Alberta Williams King mamá de Martin Luther King Jr.

Vivió en una época de intensa segregación racial en los Estados Unidos. Corría la primera mitad del siglo XX y, para entonces, en el estado de Atlanta existían estrictas medidas que separaban a los blancos y afrodescendientes en escuelas, teatros, restaurantes y autobuses. Ese escenario se convirtió en su aliciente para asumir una postura crítica y activista en la Iglesia Baptista de Ebenezer. Allí, y al lado de su esposo e hijo como pastores de la iglesia, desempeñó un papel fundamental en la lucha por la igualdad de los derechos civiles. Luther King Jr. siempre guardó una estrecha relación con su madre, a quien siempre agradeció el hecho de haberle inculcado el valor moral del “respeto a sí mismo”. El activismo religioso, no obstante, contrastó con el trágico desenlace de su familia. Luther King Jr. murió asesinado en 1968. Y Alberta lo secundó en 1974, tras un cruento atentado, mientras tocaba el órgano en una ceremonia religiosa. 

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