«Uno de mis errores fue no haber llevado a Falcao al Chelsea», Villas-Boas

El director técnico no ahorra elogios para el #9 colombiano y asegura, en exclusiva con CROMOS, que no había conocido un delantero como él.
«Uno de mis errores fue no haber llevado a Falcao al Chelsea», Villas-Boas

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Por: Hernando Álvarez, Londres

 

«A Falcao no le falta nada. Para mí es el nueve más completo del mundo». Así, sin matices, salen las palabras de la boca del portugués André Villas-Boas cuando habla de Radamel Falcao García. La frase no sorprende si la dice cualquier hincha, pero adquiere otra dimensión cuando quien lo afirma es uno de los hombres más obsesionados por el detalle en el fútbol mundial.

 

Y es que Villas-Boas, a quien alguna vez José Mourinho llamó «mis ojos y oídos», primero se hizo famoso por sus milimétricos informes que preparaba sobre los equipos contrarios. Basta con verlos. Están repletos de estadísticas: movimientos individuales de cada jugador; recorrido, recuperación; diagramas de los diferentes esquemas de juego; posiciones dentro del campo, líneas, formaciones de ataque para la llegada de los mediocampistas en los centros al segundo palo; cómo los carrileros se desdoblan en ataque para provocar a la defensa, e incluso posiciones exactas donde a los goleadores les gusta ubicarse. A veces tardaba más de cuatro días preparando informes de este tipo, en los que además entregaba a cada jugador un DVD personalizado con detalles insospechados sobre su futuro contrincante individual.

Esa meticulosidad es notoria en su oficina en el centro de entrenamiento del Tottenham Hotspur, en el norteño distrito de Enfield, en Londres. No hay ningún papel en fuera de lugar. Su despacho es amplio, con una vista panorámica al principal campo de prácticas. En su escritorio hay un Mac y, debajo del teclado inalámbrico, una enorme resma de papel verde en el que, además de un calendario, hay un par de diagramas de campos de fútbol. Se nota que ahí es donde hace sus bosquejos técnicos. Y los hace con diferentes colores porque justo al lado del papel hay perfectamente alineados cinco estilógrafos de diferentes colores: rojo, amarillo, verde, azul y negro. Cada color tiene una función.

Si se le juzga por los libros que tiene en las estanterías, no hace falta escucharlo para saber cuál es el fútbol que le gusta. A primera vista sobresalen la biografía de Pep Guardiola escrita por Guillem Balagué; Paradigma Guardiola, del argentino Matias Manna; La vida por el Fútbol, de Román Iutch; Las razones del loco, de Federico Larrea; y, claro, Fútbol, dinámica de lo impensado, de Dante Panzeri. Con tanta estética futbolística no sorprende que también haya espacio para la poesía de José Saramago.

La pulcritud de su despacho coincide con la de todo el complejo deportivo. El silencio y el orden se imponen. Los espacios son amplios y con acabados de lujo. La silueta es similar a la de una villa olímpica. No hay un árbol torcido y ni siquiera se siente el otoño porque todas las hojas ya han sido recogidas. Y son las ocho y media de la mañana. Los campos de fútbol bien podrían ser el green de un hoyo de golf. Uno tiene la sensación de entrar a la sede de una corporación financiera más que al centro deportivo de un equipo de fútbol. Y en las oficinas sucede lo mismo. Todo pareciera diseñado para banqueros suizos, pero en lugar de ejecutivos encorbatados, por los corredores y escritorios deambulan personas en trajes deportivos.

Villas-Boas es un tipo tranquilo que al explicar su trabajo utiliza el «nosotros» más que el «yo». Y es joven. Supremamente joven para todo lo que ha logrado. Nació en octubre de  1977. Habla inglés como el inglés y su español es fluido y lírico gracias a los dejos del portugués que se cuelan en sus frases. Cuando habla de Falcao se iluminan sus ojos y su boca termina siempre dibujando una sonrisa

«Nunca antes me había topado con un delantero como él. Es impresionante. Su profesión no es ser solo futbolista, su profesión es ser un número nueve y todo lo que hace está encaminado a convertirse en el mejor nueve de todos».

«Y eso lo notas en los entrenamientos. Por lo general, nosotros en las sesiones trabajamos algunos movimientos específicos para los delanteros, sobre todo con lo que tiene que ver con la finalización de las jugadas. Pero en muchas ocasiones era él quien se nos acercaba y nos pedía trabajar ciertos movimientos puntuales. Ahí es donde te das cuenta de su genialidad y dedicación. Trabajaba cómo desprenderse de los defensores, cómo ganarles la espalda. Entrenábamos también muchas situaciones de centros al área y disparos directos a puerta desde todos los ángulos posibles. Él lo que quería era agarrar la mayor confianza posible para definir los últimos balones y ahí es donde te das cuenta de su dedicación, una dedicación que, repito, yo no había visto nunca antes en toda mi carrera».

«Su profesionalismo no termina cuando se va a casa. Todo lo contrario, su dedicación sigue por fuera de la cancha. Es una persona que tiene mucho cuidado con lo que come y con lo que hace en su vida privada. Es un hombre ejemplar que representa todos los valores humanos que nosotros queremos ver en un futbolista».

«Normalmente los delanteros tienen la tendencia a ser tipos egoístas por su hambre de gol; pero, si bien Falcao puede llegar a ser egoísta en la cancha, por fuera es todo lo contrario. Es un tío muy simpático y afable que se preocupa por quienes están a su alrededor. Él fue uno de mis capitanes y lo fue por liderar con el ejemplo. No tanto por ser extrovertido, agresivo y motivador, sino por su comportamiento ejemplar».

André Villas-Boas trabajó con Falcao en la histórica temporada del Porto de 2010-2011, adonde, en medio del escepticismo, aterrizó a dirigir un campeonato desafiante. La temporada anterior, el club había quedado tercero, todo un fracaso para el calibre del emblemático equipo portugués.

Los directivos decidieron apostar por él después de verlo rescatar al Académica, donde debutó como técnico a finales de 2009, y lo salvó con un fútbol atractivo que lo dejó en la mitad de tabla a once puntos de los puestos de descenso. Antes, a Villa-Boas se le conocía solo como el espía de Mourinho, a quien acompañó en sus aventuras en Porto, Chelsea e Inter.

Pero más que de Mourinho, Villas-Boas habla con especial admiración y cariño de la otra persona que fue clave en su vida profesional: el técnico inglés Bobby Robson. Fue él quien le dio la primera posibilidad cuando tenía apenas 16 años. Villas-Boas vivía en el mismo edificio de quien en ese entonces era el técnico de su amado Porto. En un encuentro casual en el parqueadero, antes de subir al ascensor, Villas-Boas se envalentonó y cuestionó a Robson la decisión de sustituir en el partido anterior a Domingos Paciencia, el delantero estrella. «Yo llegué a hablarle con la vehemencia del hincha», recuerda sonriente. Pero Robson vio algo más y lo invitó a formar parte de su equipo técnico. El inglés, que en su carrera también dirigió a la selección de su país y al Barcelona, al PSV y al Newcastle, se convirtió en su padrino futbolístico. Gracias a él, Villas-Boas pudo hacer cursos de técnico antes de lo permitido y así, sin nunca haber sido jugador profesional, fue que entró al mundo del fútbol.

 

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Su precocidad también quedó marcada en los anaqueles de la historia al ganar tan temprano todo lo que ganó en esa temporada en la que trabajó con Falcao. Atención a esta secuencia de datos: en la liga portuguesa, el Porto barrió. Ganó 27 partidos, empató tres y no perdió ninguno. Le sacó 21 puntos al segundo en la tabla, su eterno rival, el Benfica. También se llevaron la Copa de la Liga y la Copa UEFA, con lo que el técnico se convirtió en el hombre más joven en ganar un campeonato europeo, y el colombiano rompió el récord como el máximo goleador de ese torneo al anotar 17 goles en 14 partidos.

Por eso no sorprende que Falcao diga que Villas-Boas fue clave para su carrera y su explosión en el fútbol europeo. Pero el portugués no lo ve así:

«Es muy difícil para mí entender qué tipo de impacto tuve sobre Falcao. Yo soy un entrenador que defiende mucho la cultura de equipo. Yo creo que lo que conseguimos fue crear un equipo que generaba muchas ocasiones de gol, con un fuerte trabajo ofensivo y mucho juego por las bandas y centros al área».

«Fue mucho más Falcao quien se adaptó a un estilo de juego que le estaba dando tanto. Podríamos hablar de que nos dedicamos 300 por ciento a sus movimientos estratégicos del campo, pero sería una mentira. No pasó así. Nos dedicamos fue a crear un equipo en el que los jugadores tenían que disfrutar un fútbol de ataque en el que queríamos crear el máximo número de oportunidades».

«Pero reitero, fue Falcao el que adaptó su estilo de juego a la cantidad de balones que le estaban siendo ofrecidos. Él puede explicar mejor qué fue lo que hicimos acá. Nosotros nunca le dijimos “mira, tienes que moverte de tal manera y si lo haces marcarás tres goles”. Hay entrenadores que se obsesionan con los movimientos específicos que cada jugador debe hacer, pero nosotros no. Nosotros nos concentramos en crear la fluidez de ataque para que después el talento de cada jugador resolviera en cada partido. En un entrenamiento nunca podrás recrear la tensión de un partido. Ahí es cuando el talento y la confianza de cada jugador se vuelven decisivos».

Villas-Boas recuerda un momento específico de esa temporada, que ilustra su manera de dirigir y de ver el fútbol. Fue en el partido de ida de la semifinal de la Copa UEFA contra el Villareal. El Porto era local y en el primer tiempo perdía 0-1.

«Yo estaba tranquilo y mi mensaje fue claro. Les dije: “Hemos generado ya varias opciones de gol y hasta este punto de la temporada –era abril, si no estoy mal– este equipo ha marcado más de setenta goles en todas las competencias, así que no me digan que al Villareal no le metemos por lo menos uno o dos”. No fue nada táctico, no fue que les hubiera dicho que tenían que entrar por aquí o por allá. Y pasó. Esa noche Falcao marcó un póker: uno de penal, dos desde balón parado y otro de regate en el área. Ganamos 5-1».

Pero falta el mejor halago de todos:

«Uno de los mayores errores de mi vida fue no haber llevado a Falcao al Chelsea. A veces solo cuando te apartas de algo es que reconoces cuán importante fue para ti; o, en este caso, cuán importante era tenerlo conmigo de nuevo. Y eso me pasó cuando estaba en el Chelsea».

«En los primeros tres o cuatro meses que estuve a cargo, teníamos ese juego característico de ataque con el que juegan mis equipos, pero no lográbamos finalizar las jugadas. Y me hacía falta Falcao. Lo intenté fichar en el verano y no se pudo porque para traerlo había que deshacerse de Didier Drogba o de Fernando Torres. Y no era el momento. Didier era la gran referencia del Chelsea y Fernando estaba con la ilusión de triunfar en su primera temporada completa con el equipo, ya que habían pagado 60 millones de libras por él pocos meses antes de que yo llegara».

«Lo intenté de nuevo en enero, pero no se puedo porque Falcao ya había jugado esa temporada con el Porto y el Atlético y no podía jugar para un tercer equipo… Ya después me vine al Tottenham y acá ya estamos hablando de otra realidad económica. Ahora es imposible ficharlo pero sueño con la idea de que algún día nuestros caminos se vuelvan a cruzar».

Cuando habla así, se le nota a leguas la nostalgia:

«Es impresionante. Yo nunca había visto un jugador tan preciso en su finalización. Con pierna derecha o izquierda o de cabeza mete el balón donde quiere. Eso es muy difícil de encontrar».

«En esta pretemporada con el Tottenham jugamos contra el Mónaco de Falcao y ese día dije algo que nunca antes había dicho. Por diferentes circunstancias, para ese partido no teníamos ningún defensor central, entonces el desafío de jugar contra Falcao era aún mayor. Por eso les dije a mis defensores: “Hoy vamos a jugar contra el mejor centrodelantero del mundo. Lo más importante que tienen que hacer es impedir que entre cualquier centro desde las bandas. Si entra uno va a ser gol. Así que por favor hagan todo lo que tengan que hacer para que no entre ni un solo centro”.Bueno, entraron dos y Falcao metió dos».

«Cuando pienso en Falcao recuerdo también que se ponía metas constantemente, como por ejemplo su ambición por ser el goleador de la Copa UEFA. Y no es que me lo hubiera dicho directamente. Eso es algo que sientes cuando eres su entrenador y lees entre líneas lo que te dice el jugador, o cuando lo observas y te das cuenta de que está pendiente de los resultados de los otros equipos y de los hombres que marcaron. En esa temporada estábamos pendientes de los goles que hacía Giuseppe Rossi con el Villareal. Incluso hasta le pedimos a su compañero de ataque, el brasileño Hulk, que dejara que Falcao volviera a cobrar los penales, porque para entonces ya no era él quien se encargaba de eso porque había desperdiciado dos. Pero contra el Villareal, en ese 5-1, volvió a marcar de penal y con los otros tres goles que hizo se desprendió de Rossi para ser el goleador de ese torneo».

Y Villas-Boas es consciente también de que la meta ahora de Falcao es hacer el mejor papel posible en el Mundial de Brasil. Y para él, Colombia llega en su mejor momento:

«Para la Copa Mundo lo tienen todo. Hay un grupo de jugadores espectacular donde la mayoría juega en equipos de primera categoría, buena predisposición mental, un gran cuerpo técnico. En una de esas pueden sorprender como sorprendió Uruguay en Sudáfrica y antes Corea del Sur, que también llegó a semifinales».

Y su estilo de ver las cosas vuelve a salir a flote cuando se explaya en el momento futbolístico de Colombia.

 

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«Lo más importante es entender el porqué de esta explosión de talentos colombianos: Falcao, James Rodríguez, Muriel, Freddy Guarín, en fin… es un poco lo que pasó con la época dorada de Portugal y lo que está pasando con Bélgica en este momento. Es curioso que suceda y es clave que entiendan qué es lo que está pasando en su fútbol de formación: por qué salen tantos ahora y cómo pueden sacar más en el futuro. Es que fácilmente les puede pasar lo mismo que a Portugal. Esa generación de oro terminó y ahora miras abajo y ves una generación que ya no tiene muchos jugadores de élite que puedan triunfar. Hay que aprovechar ese momento, como lo hizo Alemania que encontró cómo su generación de oro de los años noventa terminó; se dedicaron a fondo al fútbol de formación y hoy de nuevo tienen una generación espectacular de futbolistas».

«Hay que aprovechar este momento y mirar a fondo el fútbol formativo y garantizar que después de esta generación venga otra que pueda llevar a Colombia al futuro».

No hay sentido de urgencia en las palabras de Villas-Boas pero sí de oficio. Uno de sus asistentes irrumpe en su oficina sin golpear la puerta. Viene con un típico pizarrón de entrenamiento entre las manos. No hay prisa, el portugués hace un gesto de «espera un poco, no pasa nada», pero es obvio que es la hora de volver a pensar en la Liga Premier, una liga sin Falcao, porque no se pudo.

 

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