Tom Ford, el hombre más allá de la leyenda

¿Quién es este diseñador texano que inspira a Falcao a Vestirse como toda una estrella? Historia de un genio muchas veces incomprendido.
Tom Ford, el hombre más allá de la leyenda

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Por: Kika Rocha, experta en moda y belleza.

 

Falcao es para el fútbol lo que Tom Ford es para el mundo de la moda. Por eso no es de sorprenderse que nuestro deportista insigne, con estilo y auténtico sentido de la elegancia, designe a este diseñador como su favorito a la hora de vestir.

Ambos son perfeccionistas, dedicados, obsesivos con los detalles, vanidosos en el buen sentido de la palabra, pues saben el valor que implica lucir impecables. Ambos han aprendido, por estar constantemente expuestos al escrutinio público, que una imagen vale más que mil palabras. ¿Quién es este guapo tejano, con pinta de actor y magnetismo infalible, que conquista con sus propuestas y su encantadora imagen a hombres y mujeres por igual?

 

El típico vaquero

Hace dos años tuve la fortuna de asistir a un conversatorio en el Upper East Side, en Manhattan, para ver a Fern Mallis –poderosa mujer de la industria y responsable durante muchos años de la organización de la semana de la moda neoyorquina en Bryant Park– entrevistar al fabuloso Tom Ford. Ha sido la única vez que he tenido la oportunidad de verlo en persona (aunque de lejos), y de percibir no solo su estampa impecable, sino su energía y su inteligencia, aquellas que lo han convertido en el diseñador más influyente del momento.

La charla se anunciaba con el título de «El hombre, el mito y la leyenda», y las boletas se habían agotado desde hacía cuatro meses. Fue una entrevista sincera y sin pretensiones en la que Tom Ford habló con total honestidad sobre su vida, su carrera y sus aspiraciones. A medida que repasaba los momentos importantes de su existencia, hubo ciertas frases que calaron en la audiencia, comentarios sabios que explican su filosofía de vida y la clave de su éxito.

Tom Ford puede considerarse un auténtico «cowboy» americano, aunque a juzgar por su extrema elegancia sea difícil imaginárselo en jeans, botas vaqueras y sombrero, en lugar de un traje cortado a la perfección. Nació en Austin, Texas, el 27 de agosto de 1961. Sus padres, Tom Ford y Shirley Bunton, trabajaron toda su vida como vendedores de finca raíz. De niño, pasó inolvidables días en el rancho de sus abuelos en Brownwood, Texas. Desde pequeño mostró su pasión por el arte y la pintura. «Tuve en mis padres aliados que me apoyaron en todo aquello que me apasionaba. Nunca me faltaron instructores de arte o pintura», recordó con sincera emoción.

Dos de sus modelos de juventud fueron su madre y su abuela, ambas con estilo clásico y elegante, aunque su abuela era más extravagante en cuanto a sus joyas y sus peinados y hasta en los coches que conducía. «Las imágenes de belleza y estilo que te cautivan de niño se quedan para siempre en la mente», explicaba el diseñador. Por eso no es de extrañar que estas dos fuentes de inspiración quedaran plasmadas en la nueva imagen que, bajo su mando, revivió a la casa Gucci en la década de los años noventa.

 

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Ante todo insinuar.

La sensualidad es un ingrediente infaltable en sus diseños. Este vestido de escote profundo pero de falda a mitad de rodilla evidencia el equilibrio entre discreción e insinuación.

 

El estudiante modelo

Pero no nos adelantemos. En Santa Fe, Nue-vo México, Tom Ford cursó su bachillerato y se graduó a los 17 años. De allí viajó a la Gran Manzana, donde se inscribió en la Universidad de Nueva York. En 1979, la discoteca Studio 54 pasaba por su época dorada y Ford se convirtió en asiduo cliente. Sus estudios sufrieron las consecuencias. Luego de un año de rumba y vida dispersa, decidió radicarse en Los Angeles y buscar una carrera como actor de comerciales.

Pasaron algunos años antes de que regresara a Nueva York a la Academia Parsons para estudiar arquitectura, y luego se trasladará a la sede de París, donde finalmente se decidió por el diseño de modas. Ford descubrió ese «llamado de la moda» durante un viaje a Moscú. Se levantó una noche y dijo: «Adoro la moda y aunque no sé diseñar, sé dibujar. Entonces me dediqué a crear un cuadernillo de bocetos –explicó–. La arquitectura era demasiado seria y mis proyectos siempre terminaban convertidos en vestidos. La moda era el balance perfecto entre el arte y el comercio... y así comencé».

En 1985, luego de graduarse de Parsons, intentó buscar trabajo con la diseñadora de ropa deportiva Cathy Hardwick. La llamó con insistencia durante un mes entero hasta que un día ella por fin pasó al teléfono: «¿En cuánto tiempo puede estar aquí?», le preguntó. Ford le contestó: «En dos minutos. La estoy llamando desde la portería». Allí empezó oficialmente su carrera.

 

Los hombres de Tom Ford. A la hora de lucirse fuera de las cámaras, tres de los hombres más sexis de Hollywood son sus más rentables maniquíes en las principales alfombras rojas.

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1. Justin Timberlake. Para la más reciente entrega de los Grammy, eligió un esmoquin de la línea clásica de Ford, quien además diseñó todo el vestuario para su gira mundial 20-20 experience.

 

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2. Daniel Craig El intérprete de James Bond es uno de sus más fieles clientes. Todo el vestuario que usó en Skyfall fue diseñado por Tom Ford. 

 

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3. Bradley Coooper. Para la temporada de premios de este año, el actor vistió de Tom Ford. No ganó el Óscar, pero sí un puesto en la lista de bien vestidos.

 

El diseñador estrella

Luego de dos años en este trabajo, se cambió a Perry Ellis, donde coincidencialmente Marc Jacobs le hizo la entrevista. Estuvo allí hasta 1990, cuando se instaló en Milán para asumir su cargo como diseñador de la línea femenina de Gucci. En ese momento la legendaria casa pasaba por un momento duro: tambaleaba la administración y las ventas no eran las esperadas, pues la imagen de la marca lucía anticuada. En menos de cuatro años, Ford inyectó su pasión y energía y reemplazó el minimalismo acostumbrado por un nuevo modernismo con inspiración retro y mucha sensualidad. También expandió la compañía a las líneas deportivas para hombres y mujeres y lanzó una nueva línea de hogar.

Fue agresivo en sus campañas, algunas inolvidables, como aquella en la que aparecía una modelo con el vello de su bikini afeitado en forma de G. «Fui yo mismo quien afeitó a la chi- ca, incluso utilicé lápiz de cejas para que el trazo me quedara perfecto –anotó con picardía–. Fue la campaña correcta en el momento correcto».

Para 1994 y bajo su dirección, Gucci también adquirió la icónica marca francesa Yves Saint Laurent. En menos de dos años, las ventas de ambas compañías pasaron de 230 millones de dólares a 3000 millones de dólares. A pesar de su éxito rotundo, admite con nostalgia que su relación con el genio Yves Saint Laurent no fue la mejor. Prueba de ello son las cartas que conserva escritas de puño y letra del modisto: «Una de las cartas en particular me decía: “Haz logrado acabar con una sola colección lo que me he tardado 40 años en construir”».

En el 2004, cuando la multinacional francesa Pinault Printemps Redoute compró Gucci, Ford renunció. Habían cambiado las dinámicas de juego, su libertad creativa se había visto limitada. Aunque fue una decisión dolorosa, supo que debía retirarse. «Durante mis años en Gucci hice mucho dinero, tuve todas las posesiones materiales que pude desear: múltiples casas, obras de arte, objetos y, al final, me di cuenta de que nada de eso me satisfacía realmente –comentó–. Estaba también agotado de diseñar dieciséis colecciones al año, sin parar». Después de una breve pausa, agregó: «Debes estar feliz en tu esencia, eso no tiene precio».

No alcanzó a pasar un año de calma y retiro dedicado al golf, cuando decidió crear su propia marca, que incluye ropa masculina, ropa femenina, una línea de anteojos, fragancias y maquillaje, y que causó inmediata sensación en el mercado. En 2006, Ford apareció en la portada de la revista Vanity Fair, vestido con uno de sus impecables diseños masculinos y acompañado por las actrices Keira Knightley y Scarlett Johansson, quienes posaron desnudas a su lado. Las ventas de sus artículos se dispararon y el éxito desde entonces ha sido su fiel compañero.

Nuestro Falcao adora sus lociones y las usa constantemente. Otra de sus debilidades son las gafas de sol y el corte impecable de sus pantalones y chaquetas. Un ojo experto reconoce de inmediato la calidad de quien la ofrece.

Ford recordó en la charla cómo se decidió a crear no solo ropa femenina sino masculina. «Fue un proceso orgánico. Cuando estaba en Gucci, nunca salía de compras, pues encontraba allí todo lo que quería. Al retirarme y empezar a buscar cosas en el mercado, me di cuenta de que no existían prendas básicas y necesarias de corte impecable, como a mí me parecía –explicó sin pretensiones–. Me obsesiona la calidad y el terminado de las prendas –anotó–. No entiendo cómo a ciertos hombres no les importa siquiera si los ojales de su chaqueta no son funcionales, o si el material no es el adecuado».

Cuando Fern Mallis le preguntó sobre la clave de su éxito, Ford le respondió sin pensarlo dos veces: «Soy un diseñador comercial, tengo un sentido agudo de lo que funciona en el mercado, más allá de la publicidad y la fama  dijo–. A la hora de la verdad, todo se centra en el momento en que el cliente se prueba la ropa y queda satisfecho con el resultado. Si los pantalones no quedan bien, a pesar de millones invertidos en promocionarlos, no hay nada que hacer. Sin calidad no hay futuro».

Ford ha ganado numerosos reconocimientos de moda, que incluyen cuatro VH1/ Vogue Fashion Awards y cinco premios del Consejo de Diseñadores Americanos CFDA. En el 2001 fue nombrado por la revista GQ como mejor diseñador masculino. «Cuando me propongo algo y lo visualizo, pongo todo mi empeño para lograrlo y, tarde o temprano, lo consigo».

 

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Colores atrevidos.  Tom Ford entiende que la mejor manera de hacer sentir a una mujer irresistible es vistiéndola con colores fuertes.

 

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Imponencia masculina.  Sus diseños se caracterizan por reforzar la masculinidad de manera elegante y sexi. Las pieles y el cuero predominan.

 

 

El hombre en su intimidad

La estabilidad emocional en la vida de Tom Ford ha sido una de las claves de su exitosa carrera. Hace más de 25 años conoció a su compañero, Richard Buckley, durante una cena, y al final coincidieron en el elevador. Tom contó que Richard lo alcanzó cuando entraba al ascensor y que durante el descenso se puso a hacer monerías. Cuando llegó al lobby, Tom ya tenía la certeza de que este era el hombre de su vida. Desde entonces no se han separado y Buckley es actualmente una pieza fundamental en el desarrollo de su gran emporio de moda.

«Lo más importante en la vida es la conexión con otras personas –anotó con emoción–. Vivimos en una cultura de consumo y, aunque el lujo y las aspiraciones son parte de ella, no podemos perder la perspectiva. Aunque nos guste la cachemira, el cocodrilo y la seda, no todo se compensa con ello. Sin conexión no hay emociones. No hay vida».

Al preguntarle sobre sus planes futuros, y para cerrar esta charla memorable, Ford respondió: «Seguiré trabajando hasta el día que muera. No lo hago por el dinero, lo hago por amor. Mi trabajo es un acto de amor»

 

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Defensor de lo clásico Nada mejor que un hombre con sastre. Ford lo sabe, por lo que su versión del clásico diseño no escatima en detalles. Cortes impecables, ojales funcionales y tallas hechas a la medida.

 

 

 

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