Dulce como Coldplay

La banda británica más exitosa de los últimos tiempos se destaca por sus letras optimistas, sus causas políticamente correctas y su amor por el fútbol.
Dulce como Coldplay

juan pablo castiblancoPor: Juan Pablo Castiblanco, periodista y editor de la Revista Shock.

 

 

Coldplay es una banda paradójica. Por una parte, se mueve en el círculo más alto de la industria musical. En tiempos de crisis de la industria discográfica, donde los artistas están buscando modos de distribución y comercialización alternativos, aún conservan contrato con una disquera tradicional como EMI por sus multimillonarias ventas. Han sido los ganadores, entre otros, de siete premios Grammy y cuatro premios Billboard. Sus giras han recorrido los principales escenarios y festivales de todo el mundo, donde son cabezas de cartel. Su cantante, Chris Martin, también figura en espacios de entretenimiento rosa por su matrimonio desde hace diez años con la popular y carismática actriz Gwyneth Paltrow.

Sin embargo, a pesar de su estruendoso brillo pop, de ser autores de varios éxitos rutilantes de la radio comercial como Fix You, Clocks o The Scientist, también se han mantenido inamovibles de su personalidad discreta y de bajo perfil, alejada de escándalos y excentricidades. Y, sobre todo, desde el punto de vista musical, se han mantenido fieles a un estilo desde el amplio y ambiguo rótulo del brit-rock, explorando en el pop, el dance, el hip hop y hasta el industrial. En una entrevista que le dieron a Shock hace dos años, cuando recién habían lanzado su último disco, Mylo Xyloto, Chris Martin declaró: «En 1999 tomamos una decisión: ser honestos más allá de ser el grupo de moda. Nunca hemos sido la banda más cool del mundo, pero cantamos sobre lo que realmente pensamos».

Tal vez suene a pura retórica, pero es innegable que Coldplay sí es el gran estandarte de un sonido que actualmente muchas bandas de todo el mundo tratan de emular. Precedidos por otras agrupaciones británicas como U2 u Oasis, reclamaron el trono de la gran banda de rock-pop anglo de este milenio con la violenta irrupción en el 2001 de su melancólica balada Yellow, que logró la difícil hazaña de liderar listados europeos y norteamericanos. Desde entonces, el mismo elemento que causa escozor en muchos de sus críticos, también se ha convertido en su sello característico. Coldplay es una banda dulce y correcta, amable y cordial, sensible y romántica, que a través de sus distintos estados de ánimo sonoros celebra la libertad, el amor y el hecho de estar vivos. Dulzura pura. Muy empalagosa para muchos, encantadora para otros tantos.

Cinco discos de estudio desde comienzos de este milenio respaldan su éxito. En ellos, han explorado distintas atmósferas; desde la melancolía y el intimismo de Parachutes (2000) o A Rush Of Blood To The Head (2002), hasta la grandilocuencia, pompa y ornamentada producción de X&Y (2005), Viva La Vida Or Death and all His Friends (2008) y Mylo Xyloto (2011). Esa continua exploración es fruto de su cercanía con productores que los han obligado a salir de su zona de confort, como Brian Eno – arquitecto de discos de U2 y Talking Heads, y compositor de algunos temas de David Bowie– o Markus Dravs –participante en álbumes de Arcade Fire o Björk–. También han sido famosas sus colaboraciones con artistas como el rapero Jay Z o la cantante Rihanna las cuales, por demás, les han permitido experimentar sin perder de vista el éxito comercial.

La banda se ha hecho célebre por defender el comercio justo, oponerse a la ocupación de Iraq y apoyar la creación del Estado palestino.

El cuarteto integrado por Chris Martin (voz, piano y guitarra), Jonny Buckland (guitarra), Guy Berryman (bajo) y Will Champion (batería) también se ha hecho célebre por otras facetas más carismáticas y demagógicas, como su defensa del comercio justo, la creación del Estado palestino, la oposición a la ocupación a Iraq o su gusto por el fútbol. Martin, por ejemplo, alguna vez declaró ser hincha del recóndito club de cuarta división inglesa Exeter City, al que también se habían adherido artistas como Michael Jackson y Joss Stone. Por su parte, Buckland declaró en alguna ocasión a la revista del equipo del que es seguidor, Tottenham Hotspur, que renunciaría a su carrera musical por una oportunidad como futbolista: «Desde que tengo once años he querido pertenecer a una banda, pero desde que tengo cinco he querido ser futbolista ». Eso explica por qué, en sus giras, empacan en el equipaje un bate y una bola de cricket, y un balón de fútbol, para armar un equipo compuesto por Buckland, Champion (hincha por su parte del Southampton), personal técnico y un empleado de seguridad que ejerce de arquero por ser el más grande y robusto.

Coldplay es dulce pero no ingenuo. Han sabido equilibrar su optimismo para no caer en la cursilería, dominar la industria musical y seguir haciendo hits sin perder de vista la experimentación. Posiblemente en unos años otra agrupación los releve de su trono y dejen de ser el punto de referencia de muchas bandas que aspiran hacer brit-rock. Pero, por lo pronto, han logrado entregar al mundo canciones conmovedoras que, más allá de su mérito musical, se han convertido en himnos de alegría, confort y optimismo.