Tres líderes en uno

El autor es ex futbolista campeón mundial con Argentina en México 86 y acaba de publicar un libro sobre el tema del fútbol y el liderazgo.
Tres líderes en uno

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Por: Jorge Valdano, autor del libro 11 poderes del lider, Editorial Conecta, 2013.

 

Un líder es alguien que influye en muchos para alcanzar un objetivo. Desde ese punto de vista, Falcao no es un líder. Es tres líderes en uno. En primer lugar es un líder técnico, porque ha sabido ganarse un prestigio que tiene efectos sobre el estado de ánimo de su equipo (le aporta confianza) y también del rival (lo intimida). En segundo lugar es un líder moral, porque muy lejos de ser un cuerpo extraño dentro de su equipo tiene la humildad de comportarse como uno más fortaleciendo, por su importancia futbolística, la dinámica del grupo. En tercer lugar estamos ante un líder social, porque cualquier cosa que haga o diga Falcao será llevado por miles de jóvenes colombianos (y no colombianos) a su modo de vida.

Es un jugador valiente que se fue a buscar su futuro a River Plate antes de entrar en la adolescencia. Peleó contra todas las dificultades que plantea la lucha por la adaptación, sobrevivió a patadas que echaban chispas, aprendió a vivir y a jugar saltando por encima de todo tipo de obstáculos. Cruzó el océano para seguir progresando: otro continente, otro idioma, otras dificultades. Creció en el Oporto hasta hacerse ídolo, referente y caro. Desde ese momento todos los equipos en los que jugó (Atlético y Mónaco) han parecido menos de lo que le correspondía a su categoría futbolística. Juega con tal concentración que enfoca el arco contrario como si en lugar de una pelota fuese a disparar una flecha. Piensa, se mueve y ataca su objetivo con la simplicidad de un depredador. Y su ambición no conoce límites: progresa en cada temporada, en cada partido. Pido una estatua para Falcao con una pelota sacudiendo la red para hacerle justicia.

Los jugadores como Falcao son modelos publicitarios y modelos sociales; tienen compromisos profesionales y compromisos personales; están sobre vigilados por los medios de comunicación y acosados por los aficionados. Tienen todas estas razones para desordenar la vida y pedir un estatus especial dentro del equipo. Eso puede tener unas consecuencias peligrosas, la de contaminar la convivencia. Porque los latinos tenemos la costumbre de hacer cola detrás de la excepción y no detrás de la norma. Pero cuando uno de estos elegidos es capaz de comportarse como uno más, todo se ordena como por arte de magia: si él no se siente con derecho a ser distinto, los demás no tendrán nunca esa tentación. Así que pido otra estatua para Falcao, esta vez delante de un grupo que lo sigue ciegamente.

El fútbol se ha convertido en un juego de héroes y Falcao es uno de los grandes a nivel planetario. Cuando se está ante un fenómeno tan popular como el del fútbol y ante un ídolo que representa tantas cosas para tanta gente, es necesario moverse con una gran responsabilidad social. Y no es fácil. Todos hacemos lo posible para sacarlo de la normalidad. Si no lo logramos, es porque delante tenemos a un hombre con la suficiente personalidad para mantener sus valores intactos y aprovechar cada oportunidad para proyectarlos al mundo. Como yo sigo empeñado en confundirlo, propongo una tercera estatua para Falcao, encima de un caballo blanco, como los próceres de la patria; solo que en esta ocasión: el prócer es global.

En una ocasión bajé al vestuario del Madrid después de un partido glorioso del equipo y, sobre todo, de Zidane. Cuando me crucé con «Zizou», me saludó con su amabilidad de siempre y yo, para hacerle una broma, le dije algo así: «¿Y saludás?... Si yo jugara al fútbol como vos, no saludaría a nadie». Zidane, que no lo entendió como una broma, me miró como si yo fuera un extraterrestre y contestó con una inolvidable humildad: «A mí me enseñaron a saludar». Debí decirle: «Y a vivir». Cómo los cracks como Zidane enseñan, voy a mantener cada línea de este artículo, excepto las que proponen estatuas. Estos ejemplos futbolísticos, morales y sociales, como Falcao, no necesitan ninguna para ser reconocidos como líderes planetarios.