«Yo me la jugué y el chico respondió», “Mostaza” Merlo

El técnico argentino fue el primero en poner de titular a Falcao en 2005, y dice que no tiene techo. Le recuerda al holandés Marco Van Basten.
«Yo me la jugué y el chico respondió», “Mostaza” Merlo

DANIEL AVELLANEDA

Por: Daniel Avellaneda, corresponsal de El Espectador en Buenos Aires.

 

La pasión se divide al cruzar el Puente Pueyrredón, al dejar atrás La Boca, Caminito y toda esa historia que se escribe a orillas del Riachuelo. Ahí mismo, en Avellaneda, esta urbe industrial que alguna vez pisó Juan de Garay, el corazón de los amantes de la pelota late tan fuerte por Racing Club como por Independiente. Colosos del fútbol argentino, vecinos antagónicos, sus canchas apenas están separadas por un puñado de calles, con la avenida Alsina como referencia. Claro que, para encontrar a Reinaldo Carlos Merlo, hay que tomar la dirección del estadio Juan Domingo Perón, el popular «Cilindro», la casa de «La Academia», hogar adoptivo de este entrenador que se crió en River Plate, otro de los clubes más tradicionales del país, pero allí es un prócer como aquel conquistador español que llegó a estas tierras en el crepúsculo del siglo XV.

 

No es exagerado el rótulo para «Mostaza». De hecho, en el hall de la fama, un recinto decorado con las fotos de los campeones en celeste y blanco, el técnico de 63 años tiene su propia estatua. Se la ganó en 2001, cuando condujo a Racing a un título que se había postergado durante 35 temporadas. «Este es el club que me llevó a la gloria como entrenador», dice con una sonrisa tan luminosa como esa melena dorada que lo acompaña desde sus tiempos de jugador. Es su tercer ciclo en la institución, asumió hace un mes y sacó al equipo del pozo. Sí, Merlo es uno de los estrategas más emblemáticos del campeonato argentino. También, el hombre que hizo debutar como titular a Radamel Falcao García, el 2 de octubre de 2005. «A mitad de semana, nosotros nos habíamos quedado afuera de la Copa Sudamericana con Corinthians. Empatamos 1 a 1 y nos eliminó el gol de visitante porque en Brasil habíamos terminado 0 a 0. En el campeonato veníamos mal, habíamos perdido los últimos tres partidos y justo se venía el clásico con Independiente. Ya no podíamos seguir resignando puntos. Entonces, necesitaba hacer un cambio vital. Y cuando yo llegué a River, Falcao estaba jugando en Tercera División. Ya le había visto condiciones. Por eso decidí llevarlo a la concentración el viernes, dos días antes del partido», recuerda «Mostaza», con una precisión asombrosa, tal vez consciente de que su ojo experto ya forma parte de la leyenda del «Tigre» de Santa Marta. «Recién ese domingo le dije que iba a jugar. Lo llamó el “Polaco” (René Daulte, su inseparable colaborador) a la habitación del hotel. Nos encerramos en la pieza y le pregunté: “Pibe, ¿usted está para jugar un rato?”. Y me contestó: “Yo estoy para jugar todo el partido, profesor”. “Entonces, vas a ser titular”, le dije. Quería ver la reacción. Eran las 12:30, faltaba media hora para el almuerzo. Le pedí que no le contara nada a nadie porque la formación la iba a confirmar 20 minutos antes del comienzo del partido. Y la verdad, no me equivoqué al elegirlo».

Claro que no. Aquella tarde, con el número 31 en el dorsal de su camiseta, Falcao marcó dos goles inolvidables en la victoria por 3 a 1 ante Independiente, correspondiente a la novena fecha del Torneo Apertura 2005, uno con cada pie. Primero, quedó mano a mano con Bernardo Leyenda, picó la pelota por encima del arquero, de zurda, su pierna menos hábil, y marcó el 2 a 1. En el segundo tiempo, liquidó el duelo frente a los «Diablos Rojos » a pura gambeta, definiendo con el perfil diestro. Aquel rival era dirigido por Julio César Falcioni, ex arquero de América de Cali. «Imagínese lo contento que estaba el colombiano. (Leonardo) Astrada no lo había puesto ni quince minutos en el torneo pasado. Yo me la jugué y el chico respondió», se jacta «Mostaza», aunque haya sido Astrada, su antecesor, el primero en hacer jugar al atacante samario. El 29 de mayo de ese año, por el Torneo Clausura, ingresó en el desenlace de un encuentro que River perdió contra Gimnasia, 2 a 1, en el Monumental.

 

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El «Mostaza» en su oficina, en el popular «Cilindro», desde donde intenta hacer retornar al Racing a la gloria.

 

Merlo dice haber visto en Falcao a «un verdadero crack». Y entrega sus argumentos: «Desde el primer momento que lo observé entrenarse en Tercera, me di cuenta de que estaba ante un jugador distinto. Es uno de esos delanteros que se asocian al juego, que pica al vacío con total naturalidad, que tiene frialdad para definir en el área. Le faltaba pulir algunos detalles, pero era un diamante en bruto. Por eso le di la confianza y la titularidad. Conmigo jugó siempre y no salió más. Lástima que no lo pude disfrutar tanto porque después se lesionó, y yo me terminé yendo de River».

«Mostaza», quien desarrolló su carrera como futbolista en la década del setenta y a principios de los años ochenta con un palmarés de siete campeonatos siempre en el club de la banda roja, dejó River durante el verano de 2006, justo después de que Falcao se rompiera los ligamentos de la rodilla derecha. No obstante, la memoria sigue activa en la charla con CROMOS: «Lo que más me llamaba la atención en aquellos tiempos era que, con tan pocos años en las inferiores de River, tuviera una técnica individual pulida y un cabezazo tan potente. Yo ya me daba cuenta de que iba a durar pocos años en Argentina. En cuanto tuviera continuidad en Primera, iba a captar la atención de los clubes europeos». Y establece una comparación que, en los labios de un referente del fútbol, es todo un elogio para este jugador de primer nivel. «A mí me hace recordar a (Marco) Van Basten. Por sus movimientos, por la manera en la que baja la pelota, por su forma de jugar y su capacidad de gol, se parece mucho al holandés», sentencia. Y aunque en los últimos años Radamel mostró un nivel superlativo en Porto, Atlético de Madrid y Mónaco, considera que «no tiene techo». Es que según el veterano técnico, que tuvo un paso fugaz por Atlético Nacional en 14 temporadas, «Falcao cada día juega mejor, se retrasa para asociarse con los volantes en el juego y es un futbolista muy desequilibrante. El año pasado, cuando jugó la final de la Supercopa Europea contra el equipo que dirigía (Marcelo) Bielsa (Athletic Bilbao), lo definió él solito».

Como uno de los padres futbolísticos del «Tigre», Merlo reconoce que este espectacular momento que está pasando su hijo pródigo le genera felicidad. «A mí me pone muy contento que Falcao haga goles y ratifique toda esa confianza que le di. Por supuesto, ratifica cada fin de semana que es un jugador de otro planeta, un goleador letal cada vez que pisa el área. Hoy, sin dudas, está entre los cuatro o cinco mejores delanteros del mundo. El reconocimiento es total», afirma el técnico, que acompaña el relato con una pizarra magnética. «Acá jugaba Falcao», enfatiza, al tiempo que mueve la ficha en todo el frente del área. «Me lo volví a cruzar dos o tres veces y siempre me agradeció por esa posibilidad que le di. Y yo le dije que todo se lo debe a su constancia, a su trabajo, a su talento para moverse en una zona de la cancha que pide goles», puntualiza. Y se despide porque es hora del entrenamiento. Con el placer dibujado en el rostro, síntoma de una satisfacción que aflora cada vez que recuerda a aquel colombiano al que, aun sin tener dotes de pitonisa, le adivinó un futuro de crack.

 

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