En busca de las garras del Tigre

¿El futbolista profesional nace o se hace? Los primeros entrenadores de Falcao intentan responder el interrogante.
En busca de las garras del Tigre

Por: Carlos Torres Tangarife, periodista de Cromos.

 

Sucedió en el barrio Policarpa Salavarrieta, en el centro de Bogotá. En ese punto de la capital vivían Henry Celis, entrenador de fútbol de la selección Bogotá, y el joven Fabián Vargas. Para que el formador y el estudiante de bachillerato se conocieran, primero se atravesó en su camino Esmeralda, hermana de Henry. Ella, profesora del Colegio San Bernardo, le habló de las cualidades de un alumno que quería jugar fútbol. A pesar de estar acostumbrado a escuchar  historias sobre muchachos talentosos, Celis confió en el criterio de su hermana. Antes de un entrenamiento con los suyos, se acercó al Policarpa y, de todos los que estaban jugando, el único que lo sorprendió fue el recomendado. «Su técnica estaba por encima de su edad y eso que no tenía escuela de formación encima», relata Celis. Pero el adolescente tenía un problema: para ser parte del onceno representativo de Bogotá, debía estar registrado en un club de la liga. «Ayudé a buscarle uno y el papá se lo dejó a Maracaneiros, cuadro que competía en la Liga. Con ese primer paso, era cuestión de tiempo para que Fabián llegara al profesionalismo».

Así, como si fuera de un día para otro, comenzó carrera uno de los colombianos que más ha levantado trofeos continentales: una Copa América, una Intercontinental y dos Suramericanas. ¿Cómo un jugador sin formación llega a la máxima competición juvenil? El holandés Johan Cruyff, ex delantero y ex técnico del Barcelona, escribió la respuesta en su libro Me gusta el fútbol: «Una de las razones de la falta de calidad técnica en muchos jugadores tiene que ver con el lugar en que los jóvenes aprenden a jugar. En mis tiempos, la academia más popular para descubrir los secretos de este deporte era la calle. Los niños a los que nos gustaba jugar a la pelota con los pies aprendíamos en las calles y plazas de nuestros barrios». Su experiencia a finales de los años cincuenta en Amsterdam se repitió décadas posterioresen Colombia. Y no solo con Vargas; hubo otros prospectos, formados del puro gusto por el fútbol, que gustaron al profesor Celis. Uno de ellos, quizás el más importante de su palmarés como profesor de inferiores, es Radamel Falcao García. Trancurrió casi un lustro para que eso sucediera, pues cuando descubrió a Vargas, Falcao vivía en Venezuela. «En el año 95 armé el grupo de la categoría infantil. Empecé una veeduría de chicos por Bogotá y, una vez estando en Chigüiros, una cancha que ya no existe, me llamó la atención un delantero diferente. Pregunté por él y me di cuenta de que era el hijo de Radamel García, el ex jugador de Santa Fe». 

A diferencia de Fabián Vargas, Falcao sí tenía equipo. Se llamaba Fair Play y fue su primero en el país tras su regreso definitivo a Bogotá. Óscar Villarreal, sin contar a Radamel padre, se convirtió en su primer entrenador. Hoy este pereirano tiene el orgullo de haber conocido al 9 del Mónaco cuando era un niño más de su casa que de las canchas. Sin embargo, como sucedió con Cruyff, tenía unas condiciones especiales que lo diferenciaban de los demás. «El niño viene con unas características psicomotrices de nacimiento. A prospectos niños como Falcao no hay que sobrecargarlos de trabajo. Haber crecido en un hogar de deportistas lo ayudó a tomarse la vida en serio. Vivía 24 horas como un profesional, era un futbolista en miniatura. Tenía muy claro adónde quería ir, por eso luego se fue a River Plate», sostiene Villarreal.  

Falcao estuvo cinco años en Bogotá antes de marcharse a Argentina. De los nueve a los catorce años se formó con Villarreal y Celis en los mencionados Fair Play y selección Bogotá. Ambos entrenadores lo disfrutaron hasta donde pudieron, pues su destino estaba en otro fútbol. Aunque reconocen que aportaron a su formación, no dudan que sus habilidades natas estaban por encima de cualquier clase. «Falcao era frágil y pequeño, pero tenía movimientos de futbolista de élite. Era veloz para hacer pase y poseía buena definición. Se notaba que tenía algo diferente de los demás». Con la selección Bogotá viajó a las capitales departamentales, donde se cruzó en cotejos con Macnelly Torres, Edixon Perea, Freddy Guarín y Hugo Rodallega, futuros integrantes de la selección Colombia. En Cartagena salió subcampeón de la Copa Tutti Fruti, el torneo más importante en categorías menores, en el que han participado figuras como Dorlan Pabón, James Rodríguez y Juan Fernando Quintero.  

 

 

Sin título Los que viven del fútbol. Falcao García, Stalin Motta y Abel Aguilar eran las promesas de la selección Bogotá. El entrenador Celis se enorgullece de verlos hoy siendo figuras en Monaco, La Equidad y Toulouse FC. 

 

 

Los más de 300 goles con la selección Bogotá y Fair Play despertaron el interés de varias instituciones, entre ellas universidades estadounidenses. Como sucedió con Lionel Messi, quien migró a Barcelona en el 2000, Falcao armó maletas para fichar con River Plate en el 2001. A los catorce años, siendo una de las promesas del fútbol colombiano, llegó al semillero del club donde Juan Pablo Ángel y Mario Alberto Yepes brillaban con luz propia. Pisó Argentina, según Villarreal, «con un nivel que descrestaba. Cuando venía de vacaciones le preguntaba por las diferencias en el trabajo de divisiones inferiores, y siempre remarcaba la parte física y mental». 

Si tácticamente el trabajo entre los dos países es similar, ¿por qué en Colombia no hay más Falcaos? ¿El doble ganador de la Europa League es un accidente que ocurre esporádicamente? Si su formación es criolla, como asegura Villarreal, ¿por qué no hay más como él? Villarreal, que trabaja en un club campestre en Pereira, es lapidario: «Los dirigentes no se interesan en los semilleros. Creen que un jugador de fútbol nace por generación espontánea. Falcao fue un proyecto particular. Tuvo que ser así porque de parte de clubes de primera división nacionales no hay nada de organización. Los entrenadores de las divisiones inferiores no están formados y están mal pagos, los niños entrenan desnutridos, tienen problemas de transporte y educación. Por eso estamos lejos de sacar permanentemente jugadores de buena condición».  

Cuando Falcao vistió la camiseta de River Plate, lo ubicaron en una pensión y le ofrecieron alimentación y escuela. Aunque para un niño de catorce años es difícil estar lejos de su familia, son los requisitos mínimos para su educación. Aquí es cuando, por más que el samario ya se haya ido sabiendo parar un balón, la academia argentina se superpone. Celis, contrario a su colega, es más optimista a la hora de plantear un panorama de las inferiores: «El abc del fútbol es el trabajo de las divisiones. Por más que fortalezcamos los perfiles con ambas piernas, el cabeceo, la búsqueda del espacio y la potencia para saltar de los niños, tiene que haber garantías de trabajo. Y hay dos cuadros modelos: Deportivo Cali y Envigado. Producto de sus procesos, venden jugadores y así se sostienen. Tienen un gran trabajo de base». 

Dichas las falencias institucionales, sería de esperar que el buen presente de la selección Colombia ayudara a sensibilizar todas las capas que envuelven al deporte nacional. Sin embargo, como expresó Cruyff, «cada desventaja tiene sus ventajas. Si soy pequeño, tengo que ser más despabilado. Si no soy fuerte, tengo que ser más listo, no me queda otro remedio». Si con la adversidad nuestras estrellas demuestran estar a la altura de cualquier atleta de cantera organizada, ¿por qué no ilusionarse con el día en que el fútbol esté a la altura de sus talentos?  

 

 

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