«Fui diseñado para el fútbol», Radamel Falcao García

El colombiano es oficialmente el nuevo 9 del Manchester United. La noticia se hizo oficial desde las redes sociales del equipo inglés y el delantero, confirmando ser uno de los fichajes más importantes del mercado de verano.
«Fui diseñado para el fútbol», Radamel Falcao García

 

En noviembre del 2009, el crack colombiano y director invitado de CROMOS nos recibió para una entrevista en Mónaco, lugar donde vivía. 

Por: Jairo Dueñas, Director Revista CROMOS

 

A Mónaco habíamos llegado dos días antes de la cita para estar preparados, pero de nada sirvió tanta prevención. La mañana ya se había esfumado, era mediodía frente a una mesita en el Café de París, junto al Casino de Montecarlo rodeado de Ferraris rojos, y solo esperábamos que llegara una señal para cumplirle la cita a Radamel Falcao, nuestro director invitado. Finalmente, sonó el celular y, del otro lado, una voz nos informa, muy tranquila, como en un reality de televisión, que Falcao quería su sesión fotográfica en el Hotel Hermitage en tres horas. ¡Tres horas! No era una broma. El astro del fútbol se tomaba muy en serio su rol de director y nos ponía a prueba. En tres horas teníamos que tomarnos el lugar y volver nuestro un palacio catalogado como monumento histórico en el corazón de la ciudad. Claro está que él, que nos ponía el reto, también nos daba la mano. No fue sino decir su nombre para que la relacionista del hotel, desde su intachable facha de sastre azul, repitiera su nombre, Falcao, y levantara uno de sus tacones refinados como queriendo pegarle a una pelota imaginaria. La dicha del cobro le duró muy poco, el breve espacio de tiempo entre su pregunta, «¿para qué mes piensan hacerle las fotos a Falcao en el hotel?», y nuestra respuesta: «Para hoy, en tres horas». «¡Tres horas!», dijo en voz alta, y después repitió, como para tranquilizarse, la palabra mágica y su mantra: Falcao. Desde ese momento, esa mujer de nombre Ayumi y de facciones orientales sería nuestra llave imperial para abrir todos los salones, decorados al estilo Belle Époque. Sobre el tiempo, ya todo estaba listo. A las seis de la tarde, la estrella del Mónaco hizo su aparición, todo de negro Dolce & Gabbana, cinturón Prada y zapatos de la misma marca de cuero bermejo y con una sutil plataforma blanca 

Ya en la habitación y mientras se cambiaba, en un inusual consejo de redacción, nos aclaraba con dos palabras las razones de haber escogido ese lugar. El Hermitage representa lo que es Montecarlo: elegancia y glamur. Así es como él percibe su nuevo lugar de residencia. Una fantasía para él muy real. La primera foto es sobre una silla dorada. Algo le duele cuando se sube al podio improvisado por el fotógrafo. Es su tobillo derecho. El césped de la cancha en Montecarlo es muy duro y sus pies sufren más de lo acostumbrado. A partir de esa confesión, Falcao siempre tiene una corte que lo ayuda a subir o bajar de cualquier mueble donde tenga que posar. El equipo de la revista no quiere que por nuestra culpa el goleador se lesione, y lo maneja como si fuera una antigua porcelana. Falcao se deja cuidar, parece estar acostumbrado. A partir de ahí la sesión fotográfica fluye con la delicadeza de un vals.

 

***

 

¿Qué es lo que más le gusta de Montecarlo?

Creo que es diferente de todas las ciudades del mundo. Tiene un encanto: parece irreal pero no lo es y, al mismo tiempo, tiene clase, glamur… Te das cuenta de que parece un sueño pero es una ciudad.

¿Qué le dice la gente por la calle?

Me dicen muchísimas cosas.

¿Algo que lo impresione?

Que algunos se han tatuado un tigre o una foto mía. Eso me impresiona. Me aterra defraudar a toda la gente que me sigue. Para que alguien se tatúe tu cara en el cuerpo es porque te tiene mucha admiración. Me aterra defraudarlos... soy humano y cometo errores.

Y ahora, como jugador famoso, ¿a qué personaje que admire ha tenido el privilegio de conocer?

A Maradona. Compartí con Nadal, Federer, el rey de España, el príncipe de Mónaco, el jeque de Dubai; en resumen, con gente que nunca me hubiera imaginado. Lo peor es que me conocen.

Su encuentro más reciente con una estrella.

Shaquille O’neal me paró en la final de la NBA en Miami. Yo le quería pedir una foto y no me atrevía, y pasé por el lado, me agarró del brazo y me dijo en inglés: «Yo sé quién eres». Y ahí le dije: «Bueno, entonces tomémonos una foto». (Risas.)

¿Cómo fue ese encuentro?

Yo estaba viendo el partido. Me encontraba a cinco metros de Shaquille y quería tomarme una foto con él y no me atrevía.Pasé con un amigo para saludar a Gloria Estefan y, cuando estaba pasando por el lado, me agarra del brazo y me dice «yo sé quién eres».

Hay una foto memorable de los pies de Pelé y son muy feos. ¿Qué tal sus pies?

Sí, son muy feos porque me golpean en los partidos y en los entrenamientos. Es imposible controlar eso. No son muy agradables, igual creo que hay peores pies que los míos.

¿Cuánto calza?

41 y medio.

¿Cada cuánto estrena guayos?

Cada tres semanas, creo. Los daño muy rápido. Los que estoy usando ahora son Puma color violeta con anaranjado. 

¿Y dónde deja a Tom Ford, su diseñador favorito?

En el perfume.

¿Cuál tiene?

Out Wood.

¿Cuál es su prenda favorita de Tom Ford?

Tiene zapatos y camisas muy lindos.

¿Y su tienda favorita de él?

No he ido a muchas, la verdad que hasta el momento no he ido a una casa Tom Ford en ninguna parte. He ido a tiendas que venden artículos de Tom Ford.

Su mamá dice que usted es bueno con los idiomas y que pronto se las arreglará con el francés. ¿Qué tal le va?

Bueno, me va muy bien. Empecé a tener clases de francés antes de venir a Mónaco y ahora las continúo.

En Mónaco lleva tres meses. ¿Cuántos meses antes?

Un mes y medio antes, y me he ido soltando a medida que tengo relación o contacto con la gente de aquí.

Lo vi muy bien hablando con la maquilladora francesa en la sesión fotográfica.

Sí, ahora es más lo que comprendo que lo que hablo.

¿Tiene profesor o profesora?

Profesora. Me enseña lo que se usa en la calle, que es lo que necesito. Me gusta. A veces no tengo tiempo, pero me gusta aprender francés.

¿La última palabra que aprendió?

Eh… no me acuerdo. Hoy me dijeron una…. Pero no, no me acuerdo.

Una que sea muy común entre los jugadores.

Joue vite, que significa «juega rápido».

Ayer a varios del equipo Mónaco había que gritarles eso (Falcao nos invitó a verlo jugar contra Evian, en el estadio Luis II de Montecarlo, con capacidad para 18 000 espectadores, la mitad de la población del principado).

 

Para nosotros esa no fue una de las mejores noches.

Su gol del empate con Evian fue con un pase de James Rodríguez. Él es su «pasador» oficial aquí, ¿o no?

Sí, claro.

¡Qué buen gol!

Mil gracias, mil gracias.

¿Después del partido tiene la misma rutina?

Por lo general, sí. Ayer fue un poco fuera de lo común porque, si termino golpeado, tengo que quedarme más tiempo después del partido. Para la recuperación, tenemos que hacer un baño de agua con hielo y un poco de masaje. Por lo general es de una hora, pero ayer fue de hora y media.

Ayer estuvo hasta la una de la mañana en el vestuario.

Sí, porque, además, tenía una entrevista programada, entonces por eso también tardé.

¿A esa hora?

Sí. Con una cadena de la televisión francesa.

¿Y salió adolorido de qué parte de su cuerpo?

Del pie derecho.

¿Este piso es más duro que los normales?

¿El de Mónaco? Es muy duro, entrenamos sobre una montaña que se adaptó para hacer canchas de fútbol. Uso plantillas para entrenar y jugar aquí, básicamente para que el impacto no sea tan fuerte para el pie.

¿Una lesión es la pesadilla de un futbolista?

Estamos muy expuestos y es algo que puede presentarse en cualquier momento. Es a lo que los futbolistas más le tememos.

Y más en vísperas del Mundial. ¿Hoy es más precavido en cualquier jugada?

Más, yo creo que en esta etapa pre Mundial es cuando tenemos mucha tensión, cuidado y prevención. Se gasta tiempo en prevenir.

 

***

 

Del hotel Marriot a la cancha del Luis II hay una calle de por medio. Es por esta razón que Falcao pasa allí la noche concentrado con el equipo, dirigido por Claudio Ranieri, cuando juegan de locales. Frente a las puertas del estadio, más parece la entrada a una megatienda que a un escenario sagrado del fútbol, sin su anillo de puestos ambulantes, su correspondiente bochinche y sus ríos de aficionados. En la entrada VIP nos esperan Lorelei, la esposa de Falcao, la esposa de James Rodríguez y la de Joao Moutinho, el jugador portugués, cada una con su respectiva hija en brazos. Adentro, el único desorden que se percibe es el de los fanáticos al cigarrillo, con sus nubes descontroladas de humo. ¡Es permitido fumar! En el campo, Falcao se desmarca, crea los espacios y corre, aguanta al defensa... pero son más las bolas que pide que las que le dan, y de esas la mayoría solo se las pone su compatriota James Rodríguez, como la del gol para empatar el partido. Al final, Falcao se queda en los vestuarios más de lo debido; tiene que hacer fisioterapia de su pie derecho, que le quedó maltrecho y adolorido.

 

***

 

¿Y la consabida borrachera de adolescente?

No, sabía que no era beneficioso para mí.

¿Siempre ha sido tan racional?

Siempre he tenido esa persona adulta en la mente, hablándome.

«Las goteras fueron el piano de mi infancia». Eso dice Pelé recordando su origen humilde, inspirado en Neruda. ¿De dónde proviene la música de su infancia?

Eh, no sé, tal vez de la música de los buses. Cuando vivía en Bogotá me la pasaba viajando: primero de la casa al colegio, a las seis de la mañana; y luego del colegio al lugar de entrenamiento, a las cuatro de la tarde. Y después, del lugar de entrenamiento a mi casa, a las siete y media. Llegaba a descansar prácticamente en la noche, en mi barrio: Barrancas.

¿Dónde quedaba el colegio?

En Cota, y de ahí me iba hasta la Alquería, al sur de Bogotá, a entrenar. Y de la Alquería, al norte, nuevamente, a Barrancas. Cada día atravesaba dos veces la ciudad en bus.

¿Y cuánto se demoraba de la Alquería a su casa en Barrancas?

Una hora, creo. Siempre en bus. Carrera 68, calle 100 y la séptima al norte. Ese era el recorrido.

Un olor inolvidable.

El olor a pino que había en mi colegio campestre: el Nuevo Gimnasio Cristiano.

Un recuerdo de sus amigos de colegio. Yo sé que se reúne con ellos cada vez que va a Colombia.

Cuando puedo, me reúno, pero últimamente los tengo abandonados. Espero poder juntarme nuevamente con ellos.De los 9 a los 14 años, viví en Bogotá. Por irme a Argentina, terminé a distancia. Me demoré un poco en graduarme. Ellos lo hicieron primero.

¿Cuántos son?

Son doce por ahí… son del curso. Son de esos últimos años. Es que los últimos cuatro años fueron con ellos, fueron los últimos años que viví en Colombia antes de irme para Argentina. Claro que antes ya había vivido en Venezuela.

¿En qué curso los dejó?

En once. Yo iba a cumplir 15.

¿Hace cuánto los tiene abandonados?

Hace ya como año y medio que no nos vemos.

¿Le hacen falta?

Sí, me hacen falta. Me conocieron tal cual soy verdaderamente, conocen lo más puro de mí, no en lo que me convertí, sino lo que realmente soy.

¿El fútbol siempre fue una pasión para usted?

Sí, siempre.

¿Se acuerda de su primer partido, cuando era un niño?

Fue en Venezuela, entre los cinco y los nueve años. Tengo imágenes muy fugaces. Era muy pequeño. Me acuerdo de que iba a jugar con los niños y lloraba avergonzado antes de un partido de mi padre. Gracias a él me animé a jugar con los niños.

Cruyff dice que hasta los 14 años el entusiasmo de los jugadores brota por los poros, pero que después la alegría del juego decae. ¿Falcao vivió algo de esto?

Yo creo que no.

¿Nunca las ganas de conseguir una novia le ganaron a las ganas de correr detrás de un balón de fútbol?

¿Te refieres a tener otros intereses, aparte del fútbol? Lo más divertido para mí era el fútbol, era a lo que me quería dedicar. Creo que fui diseñado para esto. Si no hubiera jugado al fútbol, no sé qué hubiera hecho con mi vida. Nunca encontré algo que me apasionara como el fútbol.

¿Su papá jugaba en el Atlético Vigía?

Jugó en Táchira, Mineros y Vigía.

¿Cuál fue su primera gran responsabilidad, como hijo de familia?

Cuidar a mi hermana mayor. Cuando nació ella, quise ayudar a mi mamá en todo. Limpié, barrí, trapeé… La ayudé en cosas de la casa. Estábamos en Venezuela.

Su mamá nos contó que, como su papá viajaba tanto, usted asumió el papel de hombre de la casa.

No creo que fuera el hombre de la casa. En ese momento, pasábamos juntos mucho tiempo, y con mamá, además, hice una gran amistad.

¿Usted era el hermano mayor?

Yo era el hermano mayor. Melanie es la que me sigue y Michelle es la menor.

¿No fue un joven de andar en la calle?

No tuve tiempo. Estaba muy enfocado en lo que quería, sabía a dónde quería ir y entendí rápidamente que, para llegar a donde yo quería estar, necesitaba trabajar, ser aplicado, tener hábitos saludables.

¿Qué hacía cuando los demás callejeaban?

¿Cuando mis amigos salían? Yo estaba entrenando, empecé muy joven a tomarme en serio mi carrera.

¿Y cuándo tuvo esa claridad de lo que quería ser?

Lo viví, lo veía en mi padre. Al verlo, yo decía: «Esto es ser jugador de fútbol, esto es lo que tengo que hacer yo».

¿A qué edad empezó a entrenar?

A los siete años ya había empezado, dos veces por semana, y a los once ya entrenaba cuatro veces a la semana.

¿A los siete lo llevaba su papá?

Mi papá y mi mamá... y a los 13 ya iba solo.

¿Qué quedan de sus cinco años viviendo en Venezuela?

Allá jugué béisbol. Cuando empecé, no sabía nada. Era inexperto totalmente y entré porque un día, con el equipo de fútbol, no hubo entreno y decidieron jugar béisbol. Como yo no sabía, se me cayó una pelota y todos se burlaron… Fue un reto para mí, en el que dije: «Voy a aprender a jugar». Y entré a jugar béisbol. Después lo hice muy bien.

¿De qué jugaba?

De pitcher y de short stop, entre segunda y tercera base. Es el jugador que está en el medio.

¿Por el trabajo de su papá hubo riesgo de que se quedara en Venezuela?

No, mi papá, ya cuando vio que yo tenía grandes aptitudes para llegar a jugar fútbol, supo que el mejor lugar para que yo creciera era Colombia, y nos devolvimos. Así también me alejé del béisbol.

¿Hubiera sido beisbolista?

No sé, no creo.

De la calle se pasa al patio del colegio, después al equipo de la escuela y de ahí al club. Así resume todo Cruyff. ¿Su camino fue algo así?

Sí. Empecé jugando en el colegio, después estaba en el equipo representativo del colegio y mi padre me había llevado a un club afuera, así fue como comenzó todo.

¿Qué club?

En ese momento fue el Táchira, en Venezuela. Fue mi primer equipo, a los cinco años. Éramos unos niñitos que nos ilusionábamos con un uniforme nuevo.

¿Cómo era ese primer uniforme?

Amarillo y negro. Me gustaba sobre todo el hecho de ponerme el primer uniforme, los primeros guayos… es algo que veía a mi papá hacer y que yo por primera vez hacía. Era emocionante.

De todos los uniformes que se ha puesto, ¿cuál es el que más le gusta?

Me gustó mucho el de River cuando debuté contra Independiente. Ese me parece el mejor. El de la selección también me gusta.

¿Cuál? ¿El del 3 a 3 frente a Chile?

Sí, el del 3 a 3.

Vámonos al otro extremo de su vida. ¿Qué recuerdo tiene de La Gaitana?

Fue mi primer año en Colombia, de regreso a los diez años. Y fue también el primer año futbolístico en Colombia, en el equipo de ese barrio en Suba. Lo desconocía totalmente, el fútbol en mi país era un reto para mí. Me ayudó muchísimo a crecer. Por ese mismo desconocimiento tenía que esforzarme más, no sabía cuál era el tope.

¿Y por qué fue a dar allá y no a un barrio cerca de su casa?

Porque era un equipo del que justo llamaron a mi papá cuando volvimos de Venezuela. Fue más fácil empezar estando ahí.

¿Ya le pagaban algo?

No, no, no. Pero tampoco pagaba por jugar.

El primer entrenador que creyó en usted. Le doy nombres: Hernán Pacheco, Henry Celis, Guillermo Villareal…

El primer entrenador siempre fue mi padre. Siempre fue el primero, el que me enseñó mucho. Después vinieron todos los demás: Silvano Espíndola, Guillermo Villareal, Hernán Pacheco y Henry Celis.

¿En ese orden?

Después de mi papá vino Silvano Espíndola, que me ayudó mucho. Con él entrené mis últimos cuatro años en Colombia, en la escuela Fair Play. Él me formó, fue el que me llenó de mucha ilusión de ir a jugar a Argentina. Guillermo Villareal y Hernán Pacheco trabajaban con él.

¿Su papá era su ídolo?

Sí. Mi papá me dio todo porque lo veía a él desde pequeño y quería imitarlo.

Derecho y zurdo a la vez.

No, derecho. Pero últimamente he evolucionado con la zurda.

¿Le costó manejar la zurda?

Me costó, pero, a punta de entrenamiento, fui mejorando.

¿El fútbol fue algo que se le facilitó desde el principio o le costaba trabajo?

Ya lo tenía en las venas.

¿Alguna maniobra que le haya costado?

Creo que todo hay que practicarlo. Las cosas cuestan, no son fáciles. Yo tenía facilidad para jugar fútbol, pero hay ciertas cosas que requieren entrenamiento: precisar el cabezazo, el golpe, la definición.

No se puede afirmar que toda su habilidad sea herencia de su papá, pues tenía reputación de pata dura.

Claro. Yo no alcancé a verlo, lo vi muy poco, pero por la posición en la que jugaba es entendible que fuera recio. Yo vivo en carne propia cómo son los defensas y me parece normal.

¿Qué consejos le dio como defensa?

Me sugirió que tuviera movilidad por los costados, que procurara sacar a los defensas de su posición, que eso los pone incómodos.

A Pelé el papá le repetía hasta el cansancio que no se creyera el cuento de ser el mejor porque entonces dejaba de serlo. ¿A Falcao hijo qué le repetía su papá?

Que uno nunca puede acomodarse porque te pasan por encima. No hay que conformarse ni acomodarse con lo que hay. Siempre en el fútbol uno tiene que estar preparándose constantemente. Diariamente hay que esforzarse al máximo, no puede haber un día en el que uno se relaje. Diariamente hay que estar con los dientes apretados.

¿Por qué hablan de su debut en Lanceros de Boyacá en algunos recortes de prensa?

Porque esa es una categoría, aunque sea la segunda división de Colombia.

¿Y también llevado por su papá?

Mi papá estaba ahí también. Siempre estuvo. Y estaban Silvano y Hernán Pacheco. Era muy emocionante porque era dar el salto del amateurismo a ser profesional. Entonces ya jugaba en Tunja, con gente que había jugado en equipos profesionales, y eso para mí fue algo nuevo.

¿Un jugador que recuerde de esos veteranos que jugaban con usted?

Me acuerdo de que Chará estaba en el Pereira. Fue una muy buena época, la recuerdo con mucha gratitud, rodeado de mis amigos de los que hoy son mis amigos también.

¿Como cuáles?

Tengo amigos que eran del equipo de fútbol, de la iglesia adonde yo asistía. Hoy siguen siendo muy cercanos.

¿En Lanceros le pagaban algo?

No, tampoco. Nada. No era un club con presupuesto para pagar.

¿Mejoraban por lo menos las camisetas?

Sí, un poquito.

¿Usted es una persona que llora por el fútbol?

Puede ser, sí.

¿Recuerda la primera vez que lloró?

Hubo un momento en el que costaba comprarse unos guayos. No era tan fácil y lloré. También cuando perdí una final en Bogotá, en el equipo Fair Play. Perdimos una final de un torneo y yo había errado un penal. Y también el año anterior, habíamos perdido la oportunidad de ganar el campeonato por penales, pero yo había hecho el gol en esa final Entonces, lloré por las dos cosas.

¿Y la última, la más reciente?

Creo que cuando ganamos la Europa League con el Atlético de Madrid, contra Athletic de Bilbao. O en la Súper Copa contra el Chelsea, aquí en Mónaco.

 

***

 

Sobre las nueve y media de la noche, con las luces del puerto de fondo, Falcao posa en la terraza del Hermitage para su última foto, pelo mojado, chaqueta negra, camisa blanca y corbata delgada de cuero. La conversación final con él tendrá que esperar porque está sobre el tiempo para llegar a una comida. Lo último que vemos es al «Tigre» con pañalera al hombro empujando el coche por el lobby del hotel, con Dominique a bordo. Tres días después, una llamada de nuestro director invitado prende de nuevo las alarmas. A las cuatro de la tarde nos espera para continuar nuestra conversación en su apartamento, un piso noveno de un edificio recién construido en lo más alto de este arrume de edificaciones llamado Montecarlo. La espigada mole blanca, con apariencia de queso gruyere, hace equilibrio sobre la pendiente de una ladera repleta de escaleras eléctricas y ascensores públicos, para conectar sus confortables conjuntos residenciales con la costa mediterránea. No hay necesidad de darle la dirección al taxista, basta que le digamos que vamos a donde vive Falcao para que nos lleve en su Mercedes de lujo. Nos recibe Nubia, su empleada y niñera, con Dominique en los brazos. Radamel Falcao ya baja. Mientras baja, hago inventario del gran espacio blanco donde está el comedor, una sala y un salón de estar con un gran televisor sobre una biblioteca blanca llena de portarretratos, la mayoría sin retratos. Todo mira hacia una puerta alta de vidrio, enmarcada por unas cortinas pesadas color arena (del mismo color de las sillas del comedor), que deja entrar un pequeño silbido del viento que juega en la terraza. El piso de mármol y dos obras de arte se roban la atención: un gran cuadro de brochazos rojos y dos esculturas como dos llamas blancas de metro y medio sobre dos bases rectangulares, una más alta que la otra, ambas forradas de espejos. Baja Falcao, recién bañado, de camiseta blanca, un pantalón de sudadera azul cielo con la marca Dsquared impresa atrás en su bougeotte, croupion, culo o derrière, y unas chanclas Puma. Afuera el viento empuja como queriendo meterse en la conversación.

 

***

 

A su mamá, Carmenza Zárate, ¿le gusta verlo jugar?

Debe sufrir como todas las madres.

¿En qué aspecto de su vida su mamá lo sigue viendo como un niño?

Cuando me dice que no me deje influenciar por la gente que me rodea.

¿Ella es muy prevenida con la gente que se le acerca?

Siempre mi familia lo fue con la gente que se me acercaba. Fueron muy celosos, por ejemplo, al dejarme ir a dormir a una casa que no fuera la nuestra.

¿Qué es lo que más extraña de ellos?

Es que yo me fui muy temprano de mi casa y me acostumbré a vivir solo. Ahora extraño muy pocas cosas. Extrañaba más cuando estaba en Argentina.

Su mamá me decía que las llamadas eran larguísimas.

Sí, llamaba poco, pero cuando llamaba eran largas. Extraño simplemente estar en la casa con los míos.

De sus 27, ¿cuántos años ha vivido con sus papás?

Hasta los 14 prácticamente, ahí por primera vez me fui a Argentina.

¿Y con sus abuelos maternos? Sé que son especiales.

Tuve mucho contacto con ellos porque siempre volvíamos de Venezuela a Bogotá de vacaciones. La casa estaba en Bogotá, no en Santa Marta. A veces íbamos de vacaciones aanta Marta. A los abuelos maternos los disfruté los casi cinco años que viví en Colombia, antes de ir a Argentina.

¿Viven o ya murieron?

El abuelo, Ruperto, ya murió, y mi abuela, Lilia, vive. Y por parte del padre, mi abuelo falleció hace mucho ya. Se llamaba Radamel también.

¿Hubo algo que le hiciera perder la atención del fútbol?

Muy difícil…

¿Nada?

En esa época… Tal vez la Play o la novia del momento. Sí, yo creo que eso. La chica del momento que me distraía y quería conquistar.

¿Para la conquista ayudaba su rol de jugador?

No, no ayudaba mucho. Pero ahora… Ahora tal vez ayuda. Antes no, antes de ser profesional, no.

¿Era tímido?

Sí.

Los tímidos se preparan mejor para lo que sea, atrincherados dentro de sí mismos, simplemente esperando a atreverse. Mientras el extrovertido tiene un público muy rápido y se cree estrella antes de tiempo.

Hay que analizarlo bien, pero puede que sí. Por la timidez, analizaba más el ambiente. El tímido a veces es más calculador.

¿Reza antes de un partido?

Oro, oro, oro y no solo antes de un partido. Trato de tener comunicación permanente, muchas veces en el día. No necesariamente tiene que ser antes de un partido, sino cuando voy en el carro, tal vez cuando estoy en el hotel, antes de salir al campo o en medio del partido.

Su mamá es cristiana desde que lo tuvo a usted. Y usted ha sido cristiano toda la vida.

Sí, desde pequeño… para mí es natural.

¿Fue fácil encontrar una iglesia en Montecarlo?

No ha sido fácil y, además, no he tenido tiempo. Es complicado porque no conozco a nadie y no sé a quién pedirle la dirección de una iglesia.

¿Y en Montecarlo ha entrado a otras iglesias?

Acá no, no.

¿Ora en su casa?

Sí.

¿Y quiere encontrar una iglesia?

Sí.

¿Y la va a encontrar?

Espero que sí. Lo difícil va a ser entender y hacerme entender en francés.

¿Cuáles son los ingredientes para ser un buen líder?

Un líder no condena sino que trata de motivar o de enmendar el error, así sea de un compañero. Es el primero en actuar o reaccionar positivamente y, sin pretenderlo, pone un precedente.

¿Se considera un líder?

Más que considerarme, trato siempre de brindarle algo al grupo, de trabajar en equipo.

En el 0 a 3 contra Chile, ¿quién levantó al equipo?

Primero, el entrenador; y luego, los jugadores. Tomamos la palabra y coincidimos en lo que necesitábamos.

¿Usted la tomó?

Bueno, algo dije.

¿Cómo estaban?

Sorprendidos, sorprendidos, sorprendidos.

¿Cómo hizo para espantar los nervios al cobrar los dos penaltis que nos clasificaron al Mundial?

Al cobrar se siente la responsabilidad. Y más en la situación en la que nos encontrábamos en ese momento; traté de olvidarme de todo y enfocarme en lo que quería hacer.

¿Desde que puso la bola ya sabía para dónde iba a patear?

Muchas veces no se sabe, pero en ese momento dije: «No puedo dudar», así que desde el principio me decidí por un lado.

Ni siquiera miró al arquero.

Traté de no verlo para no desconcentrarme, para mantenerme enfocado en lo que iba a hacer.

Radamel, ¿usted duerme bien?

Después de perder un partido, después de no jugar bien, después de errar un gol, cuesta dormir. Después de los partidos cuesta más por la adrenalina del partido.

¿Qué pasó con su amigo que jugó con usted en las inferiores de River, Lenin Flórez?

No llegó a ser profesional. Así como él tuve muchos amigos que no llegaron en River o que, por muchos motivos, no se mantuvieron en el profesionalismo.

¿Y se habla con Lenin Flórez?

Sí, me hablo con él.

¿Cuesta que amigos que iban por el mismo sueño que uno se vayan quedado por el camino?

Sí, sí, cuesta. Tuve varios amigos así, con los que compartimos la misma ilusión.

¿Un momento difícil en su carrera?

Cuando tuve las operaciones en Argentina. Me operaron el tobillo derecho. Yo no había jugado profesional todavía. Después me intervinieron en el pubis y, al final, ya cuando era profesional, la rodilla; me rompí el ligamento. Primero, fueron cinco meses en 2002; después, tres en 2003, y la rodilla duró siete meses en 2006.

Un momento memorioso: ¿sus dos primeros goles en River contra Independiente en la victoria 3 a 1?

¡Eh! Sí. Todavía me acuerdo de la narración del locutor: «¡El pibe, es un nuevo pibe, el pibe Falcao!». (Recita de memoria con voz de locutor argentino.) «Es el pibe que no lo puede creer, el pibe que no lo puede entender, el pibe que siente que está soñando».

Hay muchos más grandes momentos. Su gol para el 4-2 de River contra Botafogo en el 2007, con Passarella.

Fue un momento que marcó a los hinchas de River.

Con ese gol salvó a Passarella, que estaba en la cuerda floja…

Sí, y al presidente también. Al final, Passarella me dijo: «Fue Dios utilizándote».

¿Passarella es creyente?

No.

Es muy emocionante ese gol…

Sí, muy emocionante.

¿Todos sus goles los tiene grabados?

¿En la cabeza? No.

¿Y en video?

Tampoco. No le he sacado el tiempo. Me gustaría compilarlos todos. En Europa son 151 con el gol de ayer. En River, 45, y con la Selección, 19 o 20, no me acuerdo.

El gol que más le gusta.

Uno que hice de chilena, con el Atlético, al América en el Pascual Guerrero.

¿Otro?

Uno que hice en la final de la Europa League con el Atlético de Madrid, de pierna izquierda. Y otro que hice con el Atlético de Madrid al Mallorca en Mallorca, que se la piqué al arquero. ¡Ah! También el que le hice al Barcelona en el Camp Nou a Víctor Valdés. Se la piqué con la izquierda también.

Como pez en el agua en la cancha de fútbol, pero ¿cómo le va en el campo de las celebridades? ¿Le gusta eso de la fama?

Tiene sus pros y sus contras. Yo creo que el reconocimiento es gratificante para los seres humanos. De todas maneras eso implica limitaciones para vivir libremente y tu vida pasa de ser privada a pública.

¿Cómo es tener un público pendiente de cualquier movimiento suyo? Le voy a dar un ejemplo: cogí un taxi y, antes de darle la dirección, le comenté que iba a donde vivía Falcao, y con eso fue suficiente para que me trajera.

Ah, ¿saben dónde vivo? ¿Aquí en Mónaco? (Sonríe.) No sabía que estaban tan pendientes de mí… ¡Sabían el lugar exacto donde vivo en Mónaco! Ah, voy a tener más cuidado con qué carro llevo, qué ropa visto… (Vuelve a reír.)

¿Cansa un poco eso de la fama?

Sí, puede ser que canse, ¿no? Porque uno está predispuesto las 24 horas del día y hay cosas que uno no quiere que la gente sepa. No tienen por qué saber.

¿Qué siente al verse en un comercial con Oliver Stone?

Es algo que nunca me había imaginado en la vida. Realmente soy un privilegiado. El cine me encanta, es un mundo fascinante e imagínate, ¡yo trabajando con él!

¿Cruzaron alguna palabra?

Muy pocas.

¿Pero qué indicación le hizo?

Que fuera yo mismo en el campo, que hiciera lo que hago en el campo, que no pensara en nada sino en un partido que quiero ganar. Quedó muy bien. Yo creo que ha sido el comercial más emocionante que he realizado.

¿Lleva la cuenta de los comerciales?

No... son bastantes.

¿Qué siente verse en FIFA 14? ¿Cómo se ve usted viendo a Falcao ahí en la pantalla?

Cuando era niño soñaba con estar en un videojuego. Entonces es un sueño cumplido. Un recuerdo de mi cuarto son el Súper Nintendo y el Nintendo 64. Los jugaba mucho. Imagínate lo que vive un niño cuando se le hace realidad un sueño. Es algo fuerte.

¿Juega siempre en el equipo de Falcao, o en contra?

Sí, he jugado contra Falcao. Un amigo siempe elige al Atlético de Madrid con Falcao, y me vacuna sin falla.

¿Cómo le va con sus nuevos vecinos de casa en Mónaco?

No tengo mucho contacto. Es un edificio nuevo y, de vez en cuando, uno se cruza con alguien y lo saluda. Son muy amables.

¿Tiene conocidos del fútbol viviendo cerca? Así como en Madrid vivía cerca a Ronaldo y a Mourinho.

En Madrid tenía en el mismo conjunto a Sergio Ramos y otros jugadores del Madrid. Ronaldo vivía en el conjunto de al lado, igual que Mourinho y Kaká.

¿Aquí pasa algo parecido?

No, James vive cerca, pero no en el mismo conjunto. Sé que Djokovic y Felipe Massa viven en Mónaco. Pero nunca me los he cruzado.

Juanita Umaña va a preparar uno de sus platos favoritos en las páginas de CROMOS. ¿De dónde viene su gusto por el puchero santafereño?

Me gusta, me gusta. Es que cuando uno sale de Colombia, uno se identifica más con la comida colombiana. El ajiaco, el arroz con coco, el sancocho, el puchero, todos esos platos uno los valora más cuando sale. Aquí extraño todo eso.

Edgardo «Cuqui» López, un ex jugador argentino con alma gaucha, va a revelar sus trucos gastronómicos en CROMOS. ¿Falcao es bueno preparando asados?

Aprendí un poco en Argentina. Y preparé asados, pero no soy tan bueno, todavía no, me falta.

¿Cuál es el truco para hacer un buen asado?

La temperatura del fuego. No debe haber mucho y tampoco debe estar cerca de la carne. Hay que cocinar a fuego lento.

¿Sigue con la costumbre argentina de hacer asaditos?

¡En Mónaco no está permitido el humo! Acá no se puede. Asaderos en Mónaco no hay. Está prohibido por el principado.No hay restaurantes con chimenea.

¿Comer para Falcao es algo relajado o controlado?

Tengo que comer bien. Obviamente que por mi gran actividad física no tiendo a engordar, pero sí tengo que comer bien.

¿Algún pecado gastronómico?

Me gusta mucho el dulce, los postres, pero me tengo que cuidar. Soy consciente de eso. Tengo una debilidad por el arequipe. Traigo de Bogotá.

¿Cuántas veces ha visto la película Gladiador?

Muchas veces.

¿Usted se ve como un gladiador?

Soy un luchador. Yo creo que la vida me ha hecho ser un tipo que trabaja por conseguir objetivos. La misma vida me ha permitido forjarme de esa manera.

«En mi época el fútbol era más romántico», sentencia Pelé. ¿Cómo ve el fútbol que vio de niño, respecto del que le toca jugar hoy? ¿Menos romántico? ¿Más rudo?

No sé si era tan romántico, pero son épocas totalmente diferentes.Hoy es muy duro, pero al mismo tiempo es un negocio que mueve millones.

Si el genio de la lámpara de Aladino le concediera un deseo para cambiar algo del fútbol, ¿qué reglas cambiaría?

El fútbol está contaminado.

¿Pero qué cambiaría?

No, mejor no tocar ese tema.

¿Lo suyo con su esposa Lorelei fue amor a primera vista?

Fue a primera vista, sí. Le dije a mi primo el primer día que la vi: «Con ella me caso».

¿Y qué edad tenía?

20 años.

El fútbol y el amor en pareja, ¿más las ventajas que las desventajas?

Más ventajas, pues yo creo que me ha ayudado muchísimo. Cuando llegó a mi vida, me asenté como persona. Me pude enfocar en lo que quería, asumí responsabilidades. Lorelei me hizo crecer y madurar porque estaba en una época en la que era joven y famoso, en un país en el que a los futbolistas se les da muchísima importancia. Entonces, que ella haya llegado a mí me permitió enfocarme más en el fútbol y en la familia.

¿Cuál es la desventaja de ser un jugador casado?

Los viajes, el estar ausente en la casa, el perderse de muchas cosas de tus hijos.

Así como su pareja quiere verlo jugando en los grandes estadios, ¿usted dónde quiere ver cantando a Lorelei?

Me gustaría verla cantando en Estados Unidos, en el Madison Square Garden.

Ahora que es papá, ¿entiende más a su papá?

Sí, claro que sí.

¿Cree que a su hija le va a gustar la vida errante de un jugador de fútbol?

No creo.

¿A usted como hijo le gustaba la vida de jugador de su papá?

Por momentos sí, por momentos no. Pero entendí a mi padre, aunque en algún momento lo reproché.

¿Usted cree que le va a gustar a su hija?

Creo que no, aunque depende, si le gusta el fútbol, tal vez sí le guste.

Dominique es su hija nacida en Francia, de padre colombiano y madre argentina. ¿Qué puede salir de esa mezcla?

Lorelei es de nacionalidad polaca, a pesar de nacer en Argentina. Mi hija Dominique ni siquiera es francesa, es monegasca. (Sonríe.)

¿Le gusta ver el fútbol femenino?

No.

¿Y si a su hija le da por esas?

Bueno, yo quiero que sea feliz, y que haga lo que le apasiona.

¿Cuánto lleva casado?

Cinco años. (La voz de Lorelei llega como un coro griego para corregir la respuesta de su marido: «El 13 de diciembre cumplimos seis».)

¿Se hace amigos jugando fútbol?

Pocos, digo yo. Compartes mucho, pero de ahí a la amistad hay mucho camino por recorrer.

El «Tino» me contaba, cuando lo entrevisté, que en Italia era común hacer fiestas entre los jugadores europeos. ¿Actualmente sigue siendo así?

Hoy es más difícil. En los equipos donde he estado, donde hay demasiados partidos, concentraciones y viajes, no hay tiempo. El poco tiempo que tienes lo inviertes en estar en tu casa. Mi situación es que cuando llego a casa no quiero hacer nada.

¿No quiere salir? ¿No le da tentación de salir a parrandear?

Mmm… es difícil, no, no sé.

¿Lo tienta más jugar un partido de FIFA?

Sí, o ver una película.

¿Hoy el jugador colombiano que triunfa por fuera es más disciplinado? ¿Es menos parrandero que los de las épocas pasadas?

No conozco los de las épocas pasadas, pero yo creo que para poder mantenerse en el fútbol actual, europeo, en la élite de este fútbol, hay que tener orden; si no, no alcanza.

Le voy a dar algunos nombres de entrenadores y me va a decir una palabra que los defina.

Villas-Boas: pasión.

Simeone: ganar.

«Mostaza» Merlo: mística.

Passarella: fortaleza

Ranieri: experiencia.

Pékerman: sagacidad.

¿De qué hablan Falcao y Pékerman fuera de la cancha?

De la familia.

¿Son amigos?

No, no, no.

¿Conocidos?

Pékerman tiene buena relación con todos.

¿Hasta cuándo detrás de una pelota, Radamel?

Hasta cuando Dios lo permita. Ojalá me dé salud muchos años para poder realizar este trabajo como quiero.

Nominado por segunda vez al Balón de Oro. ¿Cree que esta vez sí?

No, me falta todavía. Yo creo que tengo que hacer más méritos para realmente competir fuerte por el Balón de Oro.

Ha jugado en grandes equipos: River, Porto, Atlético, Mónaco. ¿Qué otros faltan en esa lista?

Esperemos que pueda tener la oportunidad de cumplir el ciclo acá en Mónaco y, no sé, de pronto ir a otro lugar. Tengo cuatro años más de contrato, de modo que solo pienso en este club.

¿Fue buena decisión venir a jugar a Mónaco? Lo digo porque aquí todo es incipiente comparado con el ambiente futbolero que se respira, por ejemplo, en el Atlético de Madrid, su antiguo club.

Es un año donde este club quiere estar en el top del fútbol europeo. Y para llegar a ese nivel me dan una gran importancia y me permiten también cuidarme para llegar bien al Mundial.

¿Esas son todas las razones?

Sí.

Si el fútbol no le hubiera resultado, ¿cuál era su plan b? ¿El periodismo?

No, no, no tenía otra cosa que me apasionara...

Pero alcanzó a estudiar algo de periodismo…

Sí, un año en Argentina. Pero no era que me apasionara, lo elegí porque tenía que estudiar algo.

¿Y se acuerda de algo de lo que estudió ese año?

No me acuerdo casi.

¿Cuando estudiaba periodismo, dónde se veía trabajando: en radio, televisión o en prensa?

Pensé en radio y televisión; nunca en prensa. Me cuesta mucho escribir.

¿En quién cree?

En Dios.

¿En quién no cree?

Trato de confiar en el ser humano pero en ocasiones me cuesta.

 

***

 

Se abre el ascensor y, mientras se despide del equipo de CROMOS, al mismo tiempo recibe a Jorge Monteiro, el fotógrafo que trabaja haciéndole seguimiento a los deportistas élite, los 90 que maneja el representante portugués Jorge Mendes. A Falcao todavía le espera una noche frente a la cámara. De regreso a Colombia, otra vez moja prensa el rumor del cambio de club de Falcao. Otra vez se ilusionan muchos colombianos con verlo jugar en grandes ligas, los mismos que no se explican cómo combina el fútbol con los casinos y la dolce vita principesca.

 

 

 

 

 

 

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