García Márquez quiso mediar entre Colombia y Cuba

*Margarita Vidal entrevistó a García Márquez en el avión que lo llevó a México. *
García Márquez quiso mediar entre Colombia y Cuba

El escritor le explicó las razones de su exilio voluntario y los indicios que lo obligaron a tomar tal determinación, le contó anécdotas sobre su amistad con Fidel Castro y con Torrijos, le dio su opinión sobre el gobierno de Turbay Ayala, la compra de armas por el M-19, el futuro político de López Michelsen y de Santofimio y la revolución y apatía colombianas. CROMOS fue el único medio impreso que logró una entrevista sobre un episodio que despertó en el país las más encontradas reacciones y que motivó a muchos a expresar su solidaridad con el escritor.

“Yo tuve dos llamadas anónimas el miércoles. Una a las dos de la tarde y otra a las tres y media. Esa parte no la sabe Mercedes porque ella había salido a comprar un mercado que tuvo que regalar hoy.

“Tenga cuidado, dijo la primera llamada. Están convencidos de que usted está enredado con el lío de las armas del M-19. Y colgaron.

“La segunda dijo que era alguien amigo que no se identificaba porque mi teléfono estaba intervenido: ‘Esté alerta porque hay una orden de detención contra usted por vinculación con el M-19’.

“Yo estaba escribiendo mi nota de El Espectador sobre el rompimiento de relaciones con Cuba.

“El teléfono volvió a sonar y un amigo que sí se identificó me dijo: ‘Ya subo a tu casa. Espérame’.

Llegó con otros tres amigos y planteó la situación. Había tres versiones de diferentes procedencias, que coincidían en lo mismo. ‘Te van interrogar’. Yo contesté: estoy seguro de que no tienen nada contra mí, nada me pueden probar. Pensé en ir a la Brigada con Luis Carlos Pérez como abogado y que me preguntaran lo que quisieran porque no tengo nada que ocultar. Llamé a Luis Carlos pero no lo encontré. Me informaron entonces que los militares tenían la facultad de retenerme y mantenerme incomunicado durante diez días. Como, además, la ruptura de las relaciones con Cuba se fundó en unas pruebas tan deleznables, pensé que a lo mejor habían fabricado pruebas falsas contra mí y me pareció una falta de respeto conmigo mismo prestarme a ese manoseo. Yo no podía esperar a que llegaran a mi casa a las dos de la madrugada donde estamos solos Mercedes y yo, sin ninguna protección, a llevarme quién sabe a dónde. Corriendo el riesgo, además, de que no fuera propiamente la justicia militar, sino uniformados de militares”.

 

Solo una invitación a dormir 

M.V. ¿Por qué decidió ir a una embajada si dice que usted no solicitó asilo político?

G.G.M. Mira, yo tengo sentido del ridículo y me parece terrible presentarse a una embajada a pedir asilo. Pero es que yo carecía por completo de la posibilidad de probar si las versiones eran ciertas o falsas. Por eso cuando llegó Mercedes nos fuimos a la embajada y yo le solicité a la embajadora que nos invitara a dormir y nos acompañara luego a tomar el avión. En México yo no necesito asilo. Yo soy residente allí desde hace 22 años y mis hijos son mexicanos.

M.V. ¿Por qué no se refugió en casa de algún amigo mientras hacían las averiguaciones?

G.G.M. Sí, yo pensé en eso. Pero hubiera sido crearle compromisos y problemas a un amigo. Además, me molestaba una cosa psicológica que para mí era muy dura: la sensación de estar escondido y de estar escondido en mi propio país. Eso no puede ser. Yo me escondo de ustedes los periodistas que son todos unos hijos de puta. Pero de gente tan amable como los militares no puedo esconderme…

M.V. Ya habrá oído que hay quienes dicen que usted hizo esto como un gran montaje publicitario…

G.G.M. Yo traté de que la cosa no tuviera la resonancia que desgraciadamente ha tenido, entre otras cosas por la simplísima razón de que yo lo que ando es huyendo siempre de la publicidad. El día que yo resuelva apretarle el acelerador a la publicidad, no se imaginan el doctor Turbay y sus ministros lo que pueda suceder… yo voy es frenado.

M.V. ¿Qué tan insospechables son las fuentes que lo informaron sobre la posible detención?

G.G.M. Yo recibí la información de altísimo nivel. Tengo los nombres pero, obviamente, no te los puedo revelar.

“Quería ser mediador entre Colombia y Cuba”

M.V. En relación con el rompimiento con Cuba, supe que usted había hecho contactos para hablar con el canciller Lemos Simonds. ¿Con qué propósito?

G.G.M. Yo quería hablar con Lemos, que es amigo mío y a quien he visto eventualmente en estas venidas, antes del rompimiento con Cuba, con el objeto de que él, como canciller primíparo, tuviera una información que en Colombia solo tengo yo, de cómo es Fidel Castro personalmente, qué piensa de las relaciones con Colombia y con América Latina y, en fin, de las ideas que tiene sobre muchos temas. Entonces yo pensaba que un canciller nuevo como Lemos, que reemplaza a una nulidad de canciller como era el anterior, que ha estado a punto de acabar con la política internacional de Colombia y de armar un mierdero fenomenal, debía tener esa información. La información que yo tenía no es para publicar pero un canciller serio y responsable está en capacidad de analizarla y procesarla y de actuar en consecuencia, de planteárselo al Presidente de la República, por encima de todos los rumores y de toda la información manipulada. Yo quería servir de mediador, que es un trabajo que hago a veces con otros países y con otros gobiernos que no son necesariamente comunistas. Es más, no lo hago con ningún gobierno comunista. Quería ser mediador porque tengo la impresión de que el flujo de la información de gobierno a gobierno no funciona. Todo está manejado por intereses específicos.

M.V. Turbay habló de suspensión, no de rompimiento. Esa es una puerta abierta que se deja…

G.G.M. No, no deja ninguna. No existe la suspensión en el derecho internacional. Esa fue una frase que usó Alberto Lleras en 1961 cuando dijo que no rompía las relaciones con Cuba sino que suspendía las que teníamos con el gobierno de Castro. Esa es solo una frase lírica de Alberto Lleras, que conoce perfectamente los secretos del idioma y que puede darse el lujo de hacer esa clase de maromas, pero Turbay no puede darse ese lujo.

“Hablo cada tres meses con Fidel”

M.V. ¿Cree usted que si hubiera hablado con Lemos antes, la cosa habría podido evitarse, o al menos suavizarse?

G.G.M. No los sé, pero lo que sí me parece es que es una tontería que por mala información, por influencias extraterrestres, se deteriore una relación que ha estado tan bien, por lo menos durante el gobierno de López.

M.V. ¿Finalmente consiguió esa cita con Lemos?

G.G.M. Pues justamente el miércoles cuando ya había yo recibido las llamadas anónimas me llamó Gloria Zea y me dijo, ¿todavía le interesa la cita? Claro, ahora me interesa más, le dije. Y me la consiguió para el lunes 30 a las 5 de la tarde. Mira si las cosas serían distintas de como se plantearon. Ahora, yo no podía correr el riesgo de que Carlos Lemos no supiera lo que estaba pasando y no pudiera hacer nada.

M.V. ¿Usted cree realmente que la división entre gobierno y ejército es tan radical?

G.G.M. No, no creo que sea una división radical y dramática, pero sí hay divergencias dentro de las cuales puede suceder cualquier cosa. Y, si dentro de eso estoy yo, no me interesa correr el riesgo.

M.V. Se habla mucho de su amistad con Fidel. Y por ella la vinculación que tratan de establecer entre usted y el M-19 por el desembarco en el sur del grupo entrenado en Cuba, es obvia. ¿Qué tan grande es su amistad con Fidel?

G.G.M. Yo soy el único extranjero que cada vez que voy a Cuba, y voy más o menos cada tres meses, veo a Fidel. Conversamos horas enteras. Y ¿sabes de qué hablamos casi siempre? De literatura. Él es un excelente lector, cosa que nadie puede imaginarse, con esa imagen de chafarote y de salvaje que le han dado. Pero es un lector muy fino. Recuerdo que hace muchos años me preguntó una vez, “¿qué estás leyendo?”. Le dije… ya no recuerdo cuál, y me contestó, “qué maravilla tú que puedes leer libros. A mí se me va la vida leyendo documentos”. Porque él lee documentos a toda hora… en el carro, en su casa, en el baño… siempre está leyendo. Empezamos a hablar de libros y me di cuenta que tiene una excelente formación literaria. Desde entonces (como seis años) empecé a llevarle libros. Cada vez que voy, llevo una maleta de libros que escojo yo. La mitad son obras maestras que yo conservo, de literatura y que Fidel no ha leído por cualquier circunstancia. Pero la otra mitad son best-seller, simples y puros. Son libros para descansar.

M.V. ¿Cómo cuáles?

G.G.M. Por ejemplo, la versión original de Drácula. Se la presté y al día siguiente lo encontré muy temprano, trasnochado y me dijo: “Coño, me has jodido; hasta las cuatro de la madrugada he estado leyendo tu cabrón libro”. Entonces, mira qué clase de amistad más buena y más agradable.

M.V. ¿Qué clase de lector es?

G.G.M. Él leyó El relato de un náufrago. Recuerdo que llegó ansioso antes de la hora que yo esperaba y me dice: “Tienes un error en el libro”. ¿Por qué?, le pregunto. “Porque el destructor del que hablas tú hablas en 1955 no podía desarrollar sino tantos nudos por hora y tú dices que cayó en este punto y llegó a Cartagena donde hay tantas millas, pues no puede ser. Estás equivocado. Tienes que corregirlo”. Y así es como lee. No hay una contradicción que no la pesque. Entonces, ¿qué sucede? Que son largas tenidas y se nos va la vida hablando de esto. Y pocas veces hablamos de política porque precisamente él  usa la amistad conmigo para descansar de toda la mierda de política en que anda metido todo el día.

Fidel respeta las reglas de juego

M.V. Bueno, pero alguna vez tocarán temas políticas. Las relaciones con Colombia y el Caribe, por ejemplo, ¿Qué piensa él de la situación colombiana y sus grupos revolucionarios?

G.G.M. Fíjate tú, curiosamente una de las pocas veces que hablamos de Colombia (todavía López Michelsen era presidente), yo le pregunté, así de frente: ¿Cuba entrena guerrilleros colombianos? Y él me dijo: “hemos reanudado las relaciones con Colombia sobre la base de que ambos países respetamos las  reglas del juego. Yo le prometí al presidente López que las respetaba y las respeto hasta el final. Y me dijo una frase que no olvido: “En política nunca se puede mentir, entre otras cosas, porque tarde o temprano se sabe”. Claro que de esto ya hace un tiempo. Ya López Michelsen no es presidente. No sé si Fidel consideró que se habían roto las reglas de juego.

Le puedo creer a cualquiera menos al muchachito 

M.V. Usted dice que son deleznables las bases del gobierno colombiano para romper con Cuba. ¿Podría usted decir con certeza que Cuba no entrena guerrilleros colombianos?

G.G.M. Mira, yo estoy dispuesto a creer, si alguien me convence de que el gobierno de Cuba, por razones que yo no entiendo en este momento, ha decidido entrenar guerrilleros contra Colombia. Pero lo que no estoy dispuesto es a creerle al soldado que me presentaron en Tolemaida y menos a la forma como lo presentaron. Para que veas que esta no es una cuestión de puritanismo. No, a lo mejor Cuba tomó la decisión de hacerlo. Más aun, Fidel no lo negó. Pero creerle a un tipo que dice que lo metieron en un barco y que lo único que sabe es que es un barco negro… Por favor. Eso no puede ser. Si hubieran querido yo hubiera ido y le hubiera preguntado a Fidel, si es cierto que están entrenando guerrilleros y si él me hubiera dicho que sí yo se lo hubiera dicho al gobierno. Pero no se puede romper con unas bases tan deleznables… porque una cosa que el gobierno no está en capacidad de saber lo que piensa la gente en la calle y la verdad es que nadie se ha creído el cuento del muchachito que presentaron en Tolemaida. Él dice que lo armaron en Panamá, que se embarcaron en Panamá, y resulta que el gobierno de Panamá tiene un crédito que no tiene el cubano. Al panameño sí le creen cuando dicen que no tuvo nada que ver. Al cubano no le creen. Mira, si a alguien conozco yo tanto o quizás más que a Fidel es al general Torrijos… yo he pasado semanas enteras solo con Torrijos, en Farallón, sobre todo cuando estaban en un estado de tensión tremendo. Yo llegué, lo vi como estaba y pensé, mira, que lo menos que podía hacer yo por una persona que quiero tanto y con la cual me divierto tanto era quedarme con él. Y nos quedamos una semana entera. Él recibía sus llamadas en línea directa con Washington. Yo estoy absolutamente seguro que Torrijos no arma guerrilleros para Colombia. Es más, una vez yo se lo pregunté ¿y sabes qué me contestó? En un momento en que yo sabía que él estaba ayudando a los sandinistas: “Mira, yo no me enredo con los países con los cuales me acuesto”. Ahora lo que pasa es que Panamá y el Caribe en general es un mercado abierto de armas hasta el punto de que los sandinistas compraban armas en Colombia y Colombia no lo sabe todavía… o a lo mejor se las vendía el mismo ejército. Los sandinistas compraban armas en Colombia porque con lo que sí estuvo yo metido hasta aquí… fu con los sandinistas, porque era para tumbar a Somoza y eso es otra cosa.

“Los cubanos no tienen ni un centavo”

M.V. ¿Tuvo contactos con ellos en Colombia?

G.G.M. En todas partes. Y los sigo teniendo, además. El único error político que han cometido ellos es el de San Andrés, y Colombia lo aprovechó demagógicamente para no aceptar explicaciones de los sandinistas, no aceptó explicaciones de Cuba… Qué deseos los que tienen de enredarse con todo el mundo. Entonces, ya te digo, hasta en Colombia compraban armas. Imagínate si no las van a comprar en otras partes. En esta área se compra lo que uno quiera. ¿Los cubanos? Los cubanos no tienen plata para darle a nadie ni un fusil de esos que vinieron aquí. Los cubanos no por los arreglos que tienen con los soviéticos tienen sus armas soviéticas. No serían tan burros de entregarles esas armas a los guerrilleros colombianos, además. Pero es que hay una cosa de la que el gobierno ni nadie se ha acordado: hombres, cuánto le dieron en plata al M-19, con la aquiescencia del gobierno colombiano, que dijo: “nosotros no damos pero no nos oponemos a que los otros gobiernos den”. Es decir, esos tipos se llevaron suficiente dinero para comprar esas armas y muchísimas más.

 

El peligro del sánduche

M.V. Carlos Lemos aseguró que no hay nada en su contra y que puede usted transitar por Colombia, entrar y salir y hacer cuanto le venga en gana. ¿Por qué insistió en salir?

G.G.M. Yo estoy absolutamente seguro de que el canciller no sabe a ciencia cierta qué están pensando en la Brigada de Institutos Militares. Eso es lo más peligroso que puede haber. Es muy complicado estar en el sánduche de una dualidad de esas.

 

“Vuelvo cuando vuelva López”

M.V. Entonces, ¿cuándo volverá a Colombia?

G.G.M. Cuando Alfonso López sea presidente.

M.V. ¿Usted es lopista?

G.G.M. No, pero creo que él puede resolver esa situación. Y es que yo creo que no hay nada que hacer, que López es tan jodido que va a ser presidente otra vez.

 

“Mis amigos los oligarcas”

M.V. Usted ha hecho referencia a Chile. Dice que las circunstancias son parecidas. ¿Cree que hay peligro, como se rumora, de un golpe militar?

G.G.M. No, no, mira, yo recuerdo una frase de Neruda y además sé que no lo traciono repitiéndola ahora. Era embajador en Francia cuando recibió  la noticia de que las cosas se habían agriado tanto, que ya la lucha de clases se había acentuado a tal punto, que no había ninguna relación posible entre progresistas y reaccionarios. Entonces dijo: “Qué lástima. Eso quiere decir que ya no podemos cenar con los momios (los oligarcas), con lo simpáticos que son”. ¿Tú sabes que yo diría lo mismo de Colombia? Yo soy amigo de toda la oligarquía colombiana, que socialmente es una gente estupenda con la que se puede hablar de política en privado, muy seria y ampliamente. Ahora, la actitud pública de ellos, como la actitud pública de nosotros, es la que debe ser. Entonces lo que yo digo es que se parece tanto a Chile que puede suceder lo mismo que en Chile.

M.V. ¿Qué cree entonces que se debería hacer? ¿Cuál es el sistema?

G.G.M. Mira, yo creo que en Colombia hay suficiente plata. Bien repartida permitiría a todo el mundo tener un nivel de vida aceptable, inclusive que los ricos siguieran siendo ricos.

M.V. ¿No está exagerando?

G.G.M. Bueno, yo tengo un amigo economista que me dijo: no alcanza. Esta vaina se jodió. Yo quiero que sean bastante más justos sin necesidad de llegar a extremos. Pero es que la desproporción que hay en Colombia entre todo ese enorme poder económico y el resto del país, es inmenso, es aberrante, es agresivo, es insoportable.

 

“El terrorismo es un disparate”

M.V. ¿Cuál es su opinión sobre el terrorismo como arma política?

G.G.M. Primero, creo que está en receso. La pasada fue la década del terrorismo. Comprendo que es un recurso de la desesperación, que puede llevar a cualquier extremo, pero no se puede tolerar por ningún motivo, ni justificar en ninguna parte, entre otras cosas porque como método de lucha política es funesto y no conduce a nada. Y como método revolucionario es sencillamente un disparate. Yo condeno el terrorismo en todas sus formas donde sea y como sea, así lo hagan mis hijos.

M.V. Entonces, ¿cuál es la salida?

G.G.M. Yo creo que en Colombia la solución es la revolución.

M.V. ¿A pesar de su costo y del derramamiento de sangre?

G.G.M. Sí. Lo que pasa es que en una revolución no se puede equivocar uno de método. El problema en Colombia es establecer cuál es el método eficaz. Y esa es la respuesta que yo no tengo. Ojalá la tuviera, porque entonces pondría una tienda para vender respuestas.

M.V. ¿Usted cree que en el país hay conciencia al respecto?

G.G.M. Por supuesto que no. En el país hay conciencia de la injusticia, porque la siente y la vive, pero, ¿quién la guía? Tú sabes que lo que define a Colombia es que es un país que ha estado durante toda su historia maduro para el populismo. Los dos hombres que han pegado en Colombia han sido Gaitán y Rojas Pinilla y creo (sin creer que sea el hombre) que el tipo que barrerá el día que salga de verdad, a fondo, será Santofimio.

 

“Sálvese quien pueda”

M.V. ¿Qué le pasa a la gente en Colombia? ¿Cómo analizaría esa laxitud e indiferencia de la gente?

G.G.M ¿Tú no te has dado cuenta que el problema de la gente en Colombia es que no cree en nada? No le cree a nadie. La gente no consigue nada con creer. Vota y sigue lo mismo y cada día peor. Lo que veo yo en Colombia es una vaina muy grave: es una especie de sálvese quien pueda. La gente ha descubierto que lo que tiene es que defenderse como pueda porque nadie le va a ayudar. Entonces recurre a lo que sea: al robo, al asalto, al tráfico de drogas, al serrucho, a la prostitución, al periodismo, a la literatura; cada quien a lo que puede, porque se da cuenta que no tiene ni papá ni mamá ante quién llorar. Eso conduce a una cosa que se llama disolución social y que crea el caldo de cultivo perfecto para el populismo.

M.V. ¿Y para la revolución?

G.G.M. Para una revolución también, pero en un país donde no existe una izquierda organizada, una izquierda capaz de convencer a nadie y que se le va la vida más bien divirtiéndose, no puede hacer nada. Entonces el que puede llegar rápidamente y convencer, entre otras cosas porque es la irresponsabilidad total, es el populismo. Una izquierda que amarga al pueblo es una mala izquierda. La izquierda tiene que enseñarle al pueblo que no es por caridad ni por benevolencia que los ricos tienen que darles a los pobres, sino que es un derecho que se lo han quitado y que tienen que reconquistar.