La faceta política de Gabo

*Amigo de Fidel Castro, Omar Torrijos, Felipe González y Carlos Andrés Pérez, el nobel participó en negociaciones, liberaciones,desarmes y revoluciones. su militancia política le hizo ganar amigos y enemigos.*
La faceta política de Gabo

Socialista y cómplice de revoluciones, le aplaudieron algunos; amigo de dictadores y enemigo de la democracia, le tacharon otros. Lo cierto es que Gabriel García Márquez no fue aguas tibias en política y por eso perdió amigos y ganó contradictores. Muy temprano empezó a descubrir su vocación hacia ideas contestatarias. Algunos se aventuran a decir que su huida de la capital tras el Bogotazo no significó solamente la oportunidad de dejar las aulas de la Universidad Nacional, donde ya casi no asistía a sus clases de Derecho, sino también su gran rompimiento con la política bipartidista que empezaba a dar al traste con el país.

Mientras crecía como escritor y reportero, Gabo se forjaba como revolucionario —como lo hicieron muchos jóvenes en ese momento—. No importaba que viviera en medio de la bohemia del Grupo de Barranquilla o intentara salir a flote como periodista en Bogotá o Cartagena, García Márquez siempre terminaba yendo a contracorriente. Muy temprano sintió los rigores de la censura cuando tuvo que esconderse bajo un seudónimo, Septimus, para esquivar los censores del gobierno de Rojas Pinilla en sus columnas en El Universal. Décadas más tarde, durante el gobierno de Turbay Ayala, recurriría al exilio para poner a salvo su pellejo de una detención casi segura por los militares bajo el amparo del Estatuto de Seguridad.

En su vida como reportero siempre estuvieron presentes los intentos de hacer un periodismo alternativo, militante. Se inició en esa quijotada con sus escritos en El Nacional, en la década de los cincuenta; luego fundaría Prensa Latina, la agencia de noticias cubana; y seguiría con uno de sus sueños hecho realidad: la fundación, junto a un puñado de burgueses y literatos progresistas, de Alternativa, el único medio con ideas revolucionarias que circuló con éxito en el país en los años setenta. Fue allí donde publicó varios de sus memorables textos políticos, como la serie Cuba de cabo a rabo, en la que elogiaba el régimen de su amigo Fidel Castro, o la entrevista al general Omar Torrijos, quien se convertiría en casi su hermano, o al entonces diputado español Felipe González, otro socialista con quien trabó amistad.

Fue el periodismo la llave que le abrió las puertas en política. Cuando cayó el dictador Anastasio Somoza en Nicaragua, Gabo buscó la manera de entrevistar al comando que lideraba Edén Pastora para conocer de cerca los detalles del golpe. Cuando el gobierno cubano intervino en África, García Márquez publicó una serie de reportajes mostrando sus bondades, titulada Operación Carlota: Cuba en Angola. Fue en ese momento cuando su amigo Mario Vargas Llosa empezó a llamarlo «lacayo de Fidel».

Gabo soñó gran parte de su vida con cambiar la mente conservadora del pueblo colombiano desde los medios de comunicación. Cuando se ganó el Nobel, por ejemplo, dijo que destinaría el dinero a fundar un periódico que se llamaría El Otro. Décadas más adelante, con esa misma idea, puso recursos para un noticiero de televisión, QAP, y una revista, Cambio.

Su mayor pecado fue ser amigo de personajes como Fidel Castro y Omar Torrijos, pero las enemistades que se ganó por ello no dejaban ver las intensas gestiones que realizó para obtener la libertad de presos políticos o mediar para que uno y otro dictador mejoraran sus relaciones con opositores exiliados. Y así como estuvo de cerca en la negociación del tratado Carter-Torrijos sobre el Canal de Panamá o le llevó mensajes de Fidel a Bill Clinton para negociar, también intervino en los procesos de paz en Colombia. Desde los intentos fallidos de Belisario Betancur, pasando por los procesos de reinserción que consolidaron Virgilio Barco y César Gaviria, hasta el diálogo de Andrés Pastrana con las FARC y sus coqueteos con el ELN.

Gabo (amigo de Bateman) fue clave para que el M-19 dejara las armas, al punto que logró que Venezuela y Alemania fueran testigos de la entrega de armas y hasta prestó su buena pluma para elaborar el discurso final de la Asamblea Nacional Constituyente.  Siempre estuvo atento para ayudar a buscar la paz, medió en secuestros, llevó mensajes y hasta le dio su apoyo a Andrés Pastrana, porque estaba convencido de que haría la paz. Sus críticos decían que estaba obsesionado con el poder, otros, que eran los poderosos los que estaban obsesionados con Gabo. El caso es que siempre estuvo cerca de ellos.

 

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