Diario del Nobel (II) «Borges no ha escrito nada bueno en 25 años»

*Artur Lundkvist, artífice del galardón para García Márquez, afirma que en el premio no hay razones políticas, que Graham Greene escribió un libro en los años 40 y después se dedicó a la propaganda, que José Donoso no es suficientemente bueno y que el próximo Nobel latinoamericano será Octavio Paz.*  
Diario del Nobel (II) «Borges no ha escrito nada bueno en 25 años»

 

 

Por Eligio García. Fotos: Björn Elgstrand. Archivo Cromos: Diciembre 14, 1982

 

El único obstáculo que tuvo Gabriel García Márquez para ganarse el Premio Nobel de Literatura 1982, fue precisa, paradójicamente, la serie de artículos que sobre el Nobel publicara hace dos años el propio escritor colombiano. 

Así se lo confesó a este periodista, en Estocolmo, Artur Lundkvist, el miembro de la Academia Sueca que no solo postuló a García Márquez sino que fue siempre su defensor número uno. 

«Habría sido mejor no escribir esos artículos –titulados con el nombre genérico de El fantasma del Nobel–, entre otras cosas porque no era muy bien informados. Tanto yo como otros académicos tuvimos un poco de miedo cuando aparecieron, porque esto podría entonces disminuir sus posibilidades para ganárselo». 

El hecho de que la Academia Sueca dejó finalmente de lado este obstáculo demuestra, según Lundkvist, que para ella lo único que tiene validez son los méritos literarios de un autor. 

Fui a Estocolmo a entrevistar especialmente a Lundkvist porque en cierta manera fue él y solo él el artífice del Nobel para García Márquez. El propio escritor se refirió a él, en su nota novelística, en estos términos definitivos: «El único miembro de la Academia Sueca que lee castellano, y muy bien, es el poeta Artur Lundkvist. Es él quien conoce la obra de nuestros escritores, quien propone sus candidaturas y quien libra por ellos la batalla secreta. Esto lo ha convertido muy a su pesar en una deidad remota y enigmática, de la cual depende en cierto modo el destino universal de nuestras letras».

 

–  ¿Qué siente Artur Lundkvist con este inmenso poder?

Él sonríe con malicia irónica ante la pregunta. 

– Son circunstancias que han hecho toda esta situación. Y que colocan sobre mí semejante responsabilidad. Lo mejor sería que no tuviera tanta. Las circunstancias me han dado mucho poder, y yo detesto el poder. Siempre he estado contra él, y por eso esta sensación no me gusta. Pero el problema es que soy el único que puedo leer a los autores latinoamericanos con matices, y con un juicio más certero por hacerlo en el propio idioma. Como puede ver, la culpa no es mía. 

Fue Lundkvist quien en los años 50 postuló a Miguel Ángel Asturias al leer El señor presidente. Fue él quien postuló y logró el premio para Pablo Neruda, un poeta traducido al sueco casi en su totalidad por el propio Lundkvist, y con quien mantuvo una amistad de muchos años. Fue también él factor definitivo para Vicente Alexandre, en 1977, y fue (públicamente) el artífice del Nobel a García Márquez. 

 

¿Definitiva la muerte de la muerte anunciada?

En este último caso fue una labor de años. Desde 1967, cuando Lundkvist leyó Cien años de soledad en español, dio el nombre de Gabriel García Márquez. Hace dos años cuando el nombre del escritor colombiano se oyó insistentemente en Estocolmo, la prensa publicó unas declaraciones atribuidas a Lundkvist, en las cuales decía que efectivamente García Márquez era uno de los candidatos más idóneos, solo que la academia estaba esperando que escribiera otro libro. En junio de 1982 apareció en las librerías suecas Crónica de una muerte anunciada, factor decisivo para que le dieran el Nobel, según su traductor Peter Landeluis.

Lundkvist, por el contrario, no piensa lo mismo. «Esa obra no tuvo ninguna significación definitiva», comenta con una voz ronca y plácida, sentado en un sillón de cuero en su casa de las afueras de Estocolmo. Son las tres de la tarde pero parece que fueran las tres de la mañana. Hace un momento ha comentado que por fin ha nevado, que es el vestido que mejor le queda a Suecia. Lo dice mientras ve caer la nieve, suave y silencopsa a través de los ventanales. Su casa es sencilla, casi modesta. Su aspecto personal, bastante juvenil a pesar de sus 76 años y un infarto cardiaco, sufrido hace precisamente un año. Un infarto que entre otras cosas puso en vilo a la literatura latinoamericana y a García Márquez en particular, ya que en cierta ocasión Lundkvist confesó que no quería morirse sin antes ver coronado al escritor colombiano. 

– ¿Qué sintió Lundkvist con este premio?

– Una gran alegría. Una alegría tan grande o quizás más grande que cuando Pablo Neruda y Alexandre, los tres laureados que según sus propias palabras ha sentido más cerca. Él habla español, pero para la entrevista prefirió hacerlo en sueco, traducido por una mujer dee du entera confianza, Lena Jackson, quien habla muy bien ambos idiomas. Se comprenden perfectamente, y antes de traducir sus respuestas ellos conversan, discuten lo que él está diciendo. Ella incluso le recuerda nombres y obras. 

 

El cónclave literario

Lundkvist es uno de los 18 miembros de la Academia Sueca, cifra azarosa ya que fue escogida por su fundador, el res Gustavo III, en 1786, por ser su número mágico. De cómo ellos deciden finalmente quién es cada año la gloria universal de las letras, es uno de los misterios mejor guardados del mundo, solo comparable a lo que sucede en el Cónclave que elige el Papa. 

«Tiene que ser algo muy cerrado, porque entre más información exista habrá más influencia exterior y menos posibilidades para los candidatos», dice Lundkvist. Y agrega: «En alguna ocasión hubo un embajador italiano en Suecia muy interesado en hacer publicidad a un escritor de su país, cuando lo que hay que hacer es todo lo contrario. Que no haya la más mínima propaganda en favor de un escritor, porque es perjudicial. Así nunca ese escritor va a recibir el Nobel. Porque lo que quieren todos los miembros de la academia es conservar su libertad, su intimidad. No aceptamos la más mínima presión exterior».

Aún así, y ya en el caso cumplido de Gabriel García Márquez, Lundkvist, tuvo la gentileza sueca de comentar a grandes rasgos el proceso seguido para elección del escritor colombiano. El 1 de febrero del año pasado, tal como es tradición en la academia, se seleccionaron 150 candidatos. Poco tiempo después, en una fecha no determinada, la lista se redujo a 20, «y García Márquez ha estado entre estos 20 durante varios años». En junio, se eligieron los siete definitivos, sobre los cuales se distribuyó entre los miembros toda la literatura disponible, para que durante el verano pudieran estudiarla con detenimiento. Según Lundkvist la lista de 20 puede variar. En cambio la de siete es definitiva. («la única excepción que ha habido fue en el año de Alexandre Solsjenitsyn, que lo añadieron un poco más tarde» –y él no aclara por qué–. Al final del verano, los miembros de la academia tienen la obligación de fijar por escrito, o en un discurso, su posición sobre uno o dos candidatos. Se hacen luego varias discusiones, antes de la votación final. La candidatura de García Márquez, dice, estuvo en una o dos ocasiones a punto de fracasar. «Su elección fue por mayoría. No es permitido publicar el reparto de los votos y si fue o no por unanimidad».

 

Octavio Paz, el próximo latinoamericano

Lo que sí permite es decir los nombres de algunos finalistas quienes a su vez pueden ser los laureados de los próximos años, «ya que esto no es ningún secreto en Suecia».

Son Claude Simon, Francia; Günter Grass, Alemania; Anthony Burgess, Inglaterra; Camilo José Cela, España; Joyce Carol Oates y John Gardner (quien murió en septiembre), ambos de Estados Unidos; de África del sur, Nadine Gordimer y, especialmente, Andress Bring, «cuyo último libro –Una cadena de voces– es una obra maestra y bastante digna de un Nobel. 

De América Latina, Lundkvist se muestra bastante entusiasta sobre el poeta mexicano Octavio Paz, quien figuró con García Márquez entre los siete definitivos. «Un factor en contra de Octavio Paz, este año, fue que le hubieran dado el Premio cervantes, considerado como el pequeño Nobel. Eso lo hizo pasar a la lista de espera. Evidentemente sigue de candidato, y lo más probable es que reciba el premio dentro de algunos años. Se lo merece, y lo puedo asegurar ya que soy traductor al sueco de dos de sus obras. Lo considero, más que nada un gran poeta».

Entre los latinoamericanos siguen luedo el también mexicano Carlos Fuentes, Julio Cortázar («aunque no sea uno de mis favoritos», aclara), Mario Vargas Llosa, y uno bastante joven y menos conocido: Fernando del Paso. 

 

Nunca se lo darán a Borges

Antes que se lo pregunten, Lundkvist curiosamente aclara que «José Donoso no es lo suficientemente bueno para el Nobel», y que Jorge Luis Borges tampoco lo recibirá jamás.

«Sobre la academia existe una gran presión para que le den el premio a Borges. Esto se habría justificado hace 30 años. Ahora ya es demasiado tarde. Muchos dicen que yo no quiero el premio para Borges por su posición política reaccionaria. Esto es falso. Esto nada tiene que ver con la política. Lo que pasa realmente es que Borges no ha escrito nada de importancia en los últimos 25 años. Yo he traducirso algunas de sus obras, u lo considero básicamente un poeta. Su obra importante es la poesía. Pero ya no es suficiente para el Nobel”. 

 

– ¿Por qué se lo dieron a García Márquez?

Por toda su obra, pero especialmente por Cien años de soledad, que ha tenido mucho éxito también en Suecia. Pero uno de los aspectos de la fama es que cierto tipo de gente solo compra y lee este libro. Y dejan de lado El otoño del patriarca, que es, sin discusión alguna, un mejor libro, y merece mucho más la atención del público. Es una lástima que ni siquiera el Premio Nobel conseguirá que la gente lea El Otoño, que es libro que deben leer. Lo que sucede es que la fama tiene dos caras. 

 

– Usted que ha visto tanto premio Nobel, ¿considera que el de este año fue distinto, no solo por otorgárselo a un escritor muy conocido sino por todo el alboroto que produjo su comitiva en Estocolmo?  

Lundkvist sonríe antes de contestar.

 

– Todo eso es la cola del pavo real, que luce mucho y es muy bonito, pero no tiene demasiada significación para la academia. 

–Pero a nivel internacional sí tiene resonancia. El New York Times, por ejemplo, antes de la elección se quejó de los mecanismos utilizados por un premio tan prestigioso, y después, al conocer el nombre de García Márquez, colmó de laureles a la academia. 

Lundkvist no se inmuta. Es admirable su sencilla dignidad para decir: 

–La academia sueca no necesita propaganda. Funciona sin ella. Claro que es positivo todo esto que surgió alrededor este año. Aunque tampoco es necesario porque cuando Samuel Beckett recibió el premio no hubo casi absolutamente nada, y para la Academia Sueca tanto lo uno como lo otro le es igual e indiferente. 

 

El nobel no mata a nadie

– Se decía que no le daban el Nobel a García Márquez por su posición política de izquierda. Pero ahora, dicen que se lo dieron, además de ser muy buen escritor, por esa misma posición política. ¿Qué opina de esta contradicción?

– Ni lo uno ni lo otro es la verdad. Personalmente pienso que su posición política de izquierda lo único que hace es darle más peso a su figura, es algo positivo. Pero naturalmente sus ideas políticas no se notan en su literatura, no entran en lo que escribe. Esas ideas políticas se expresan en otras ocasiones, en sus entrevistas, por ejemplo. Pero son dos cosas aparte. Y esto por supuesto no intervino en la decisión de la academia.  

Le repito, la academia solo tiene en cuenta los méritos literarios, sin pensar en consideraciones políticas ni tampoco si el escritor es conocido o desconocido. En esta ocasión se premió a uno muy popular. En otras hemos otorgado a un escritor desconocido en Suecia. Fue lo que sucedió con Elytis y Miloez. Lo que también es orgullo para la academia. 

 

–Pero, entonces, ¿por qué no le dan el premio a Graham Greene?

–Toda esta discusión alrededor de Graham Greene ha sido creada por los periodistas, y gente que está fuera de la Academia Sueca. Lo que pasa es que Greene escribió un libro en los años cuarentas, y luego no ha pasado nada, fuera de los comentarios de los periódicos pidiendo y casi que exigiendo que le den el premio a Graham Greene. 

El periodista le recuerda que ha sido el propio García Márquez quien ha pedido el Nobel para Graham Greene. Lundkvist, como única respuesta, sonríe. El periodista le recuerda que fue también García Márquez quien habló de los laureados que parecen condenados a la muerte. Él vuelve a sonreír. 

«Dígale a su madre que esté tranquila, que el Nobel no mata a nadie. Por el contrario. Fíjese cómo a Vicente Alexandre le sirvió el dinero del Nobel para curarse de una grave enfermedad. Y García Márquez tiene además sus rosas amarillas, que trajo a Estocolmo. ¿No es su amuleto contra la mala suerte? Yo estoy seguro que será así».  

 

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