“No hay que perder la mesa familiar” Dolli Irigoyen

La famosa chef quiere rescatar el elemento más importante de la gastronomía y la cocina, la familia. Su inspiración es demostrar el amor a través de sus platos y preparaciones.
“No hay que perder la mesa familiar” Dolli Irigoyen

La famosa chef argentina, una de las fundadoras del canal Gourmet, fue la invitada principal de la más reciente edición de Sabor Barranquilla, un encuentro culinario que deleitó a los curramberos con toda suerte de sabores de la mano de exquisitos maestros del arte de cocinar, entre ellos la pastelera mexicana Paulina Abascal y la colombiana Ingrid Hoffmann.

Dolli se robó el corazón de los barranquilleros no solo por las recetas que brindó en directo ante cientos de espectadores, sino por la calidez de su alma de abuela genuina que vive de cocinarles a sus nietos.

“Tuve la bendición de crecer en medio de una familia que vivía en torno a la comida. Todo transcurría en la cocina. Y así sigo comportándome hoy”.

Quizás por eso su mensaje principal fue, al margen de las satisfacciones que puede dar una buena cena en un restaurante, retornar al placer de cocinar en familia. “No hay que perder la mesa familiar”, afirma.

Sus recetas, en consecuencia, están desprendidas de cualquier sofisticación. Son recetas que se pueden repetir en casa, que pueden acoplarse a los gustos, la intuición y, por supuesto, el amor de padres e hijos en torno a la mesa.

 

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El éxito del canal Gourmet ha convertido a sus chefs de cabecera, entre ellos Dolli, en verdaderas vedetes. “Uno va a un matrimonio y prepara la cena y el pastel, y la gente quiere tomarse fotos conmigo. Los cocineros ahora somos como actores”. Sin embargo, su mayor orgullo no es ser admirada, sino contribuir al crecimiento del amor familiar. “Un vez recibí la carta de una señora cuya única condición para casarse había sido no tener que cocinar. Pero después de verme en la pantalla preparando unos sánduches con pan árabe, terminó entusiasmada y metida en la cocina, preparándolos ella también para su familia. ¡Se le notaba la felicidad de haber podido demostrar su amor a través de la comida!”.

Para Dolli, lo mejor que nos ha podido pasar a los latinoamericanos es haber descubierto que nuestros platos tradicionales tienen un valor enorme dentro de la gastronomía, un valor que apenas estamos redescubriendo. “Nos pasamos mucho tiempo mirando a Europa, copiando sus técnicas y sus ingredientes. Pero ahora ya nos dimos cuenta de todo lo que tenemos acá, de nuestra memoria emocional. Y lo he podido comprobar en Barranquila, con su deliciosa sopa de guandú, y con su suero costeño, que es un sabor irrepetible en otra parte”.

Retornar a la mesa familiar, tan simple y tan amoroso: rescatar las recetas de las abuelas y luego desplegarlas en la mesa para deleite de todos. No es más. “¿Quién no recuerda con inmenso cariño a esa persona que nos cocinaba cuando pequeños? En la mesa familiar uno se da cuenta de todo, de cómo están los hijos, de si les pasa algo, de si están felices o tristes… todo eso se refleja durante una cena. Eso, al margen de dietas e ingredientes, es lo más saludable que nos puede pasar”.

 

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