Siete mamás colombianas a prueba de todo

La muerte, el secuestro, la enfermedad, una adicción o la ausencia de un hijo robado por la fama pueden ser situaciones difíciles de superar para una familia, pero siempre hay una madre allí que ayuda a pasar las más duras pruebas.
Siete mamás colombianas a prueba de todo

María Isabel Ortiz, madre de Daniel Klug, joven atropellado por un conductor ebrio en la Autopista Norte de Bogotá.

Vio a su hijo morir dos veces. La primera fue en la Autopista Norte, después de que fuera arrollado por un conductor pasado de tragos. Cuando Daniel estaba tirado en el pavimento, sin pulso, María Isabel gritó y le pidió a Dios que no se lo llevara. La segunda fue en el hospital, mientras lo operaban. El joven broncoaspiró y falleció. Ella se negó a aceptar la noticia, rompió el protocolo de seguridad, llegó a cuidados intensivos y le pasó a la enfermera una botella con agua bendita. Después de quince minutos, el joven de 17 años volvió a la vida.

Ella siempre estuvo pegada a Dios, eso fue lo que le dio fuerza y serenidad para no perder la esperanza. Aunque su hijo se recuperó totalmente, rompe en llanto cada vez que recuerda la experiencia. “Las mamás somos obstinadas y sacamos a nuestros hijos adelante como sea –asegura–. Apenas ocurrió el accidente, hice y dije cosas que hoy en día no sé de dónde salieron. Yo solo sabía que tenía que proteger a Daniel en todo sentido y eso fue lo que hice”.

Emperatriz de Guevara, madre del capitán Julián Ernesto Guevara, secuestrado por las Farc y muerto en la selva tras ocho años de cautiverio.

“La fortaleza la da Dios y yo se la pedí desde el cautiverio de Julián. La esperanza nos mantenía activos y nos daba fuerza para ir a todas partes, a San Vicente del Caguán, al sitio donde pudiéramos encontrar algo que nos llevara a ellos. Cuando supe que había muerto, me dolió no haber estado con él en ese momento. En las condiciones en las que estaba, la muerte es bienvenida. Después de sufrir un secuestro así, cualquiera se va para el cielo. La semana pasada pregunté por él  a alguien que lo acompañó en sus últimos días y supe que Julián ya había superado el odio y la ira y que no murió en la soberbia, estaba con Dios. A las mamás de los que quedan cautivos les digo que no pierdan la fe, que luchen por saber la verdad. A los guerrilleros les digo que si quieren la paz, le den la paz a muchos corazones acongojados, que antes de firmar un acuerdo digan dónde están los que quedan en la selva”.

 

Luz Marina Bernal, madre de Fair Leonardo Porras, asesinado por la Brigada Móvil 15 y presentado como guerrillero muerto en combate.

“La Brigada Móvil 15 me dejó muerta en vida. Me arrebató al ser que yo más amaba, un muchacho que necesitaba educación especial, que no podía tomar sus propias decisiones. El amor de madre me dio el valor de luchar por Fair y por todas las mujeres, madres, esposas, hermanas, a las que les mataron sus seres queridos injustamente por el afán de presentar resultados. De ahí sale la valentía para vencer el miedo y, a pesar de las amenazas, contar la historia real de nuestro país. Mi mensaje como madre es que ese ser que nosotros cargamos en nuestro vientre es lo primero que tenemos que atender, después vendrán otras cosas. A los cinco meses de embarazo me atropelló un carro y se desprendió parte de cerebro de Fair. Los médicos me dijeron que no sobreviviría. Aun así, nació, aunque prematuro. Al poco tiempo, le diagnosticaron meningitis y estuvo siete meses en estado vegetal. Cuando salió, quedó con discapacidad, no pudo aprender a leer o escribir, no conocía el valor del dinero. Su cerebro se desarrolló hasta la edad de nueve años. Yo creo que mi hijo tenía un propósito grande en este mundo. No murió en el accidente ni conectado a la máquina. Dios me lo regaló por 26 años”.

 

Yolanda Canal, madre de cinco hijos que sobrevivió a la adicción de su marido, a la pérdida de su millonaria fortuna y a una grave enfermedad.

“La clave para soportar todo fueron mis cinco hijos. Ellos estaban pequeños, de ocho, nueve, diez años, cuando sobrevino la quiebra de mi familia, por la adicción de mi esposo y la separación. Son un clan muy especial y nos hemos apoyado en todo momento. Además me volví una persona muy espiritual y eso me ayudó mucho. Así uno tiene de qué agarrarse. Esos momentos difíciles, como cuando perdí la fortuna, las empresas, las casas y apartamentos, las joyas y las obras de arte y me quedé sin dinero para la educación de mis hijos, o cuando enfermé y casi me muero, los asumí como momentos de cambio. Deben servir para tomar consciencia de que ya no se puede lamentar más de lo que le pasa a uno, que hay que salir adelante y si se queda echándole culpas a los demás, pues no sale del abismo. Así lo hicimos con mis hijos y hoy en día vivo muy tranquila, muy contenta. Mi crecimiento espiritual es de todos los días, aprendo a evolucionar, a dejar de estar culpando a los demás. En ese momento todo cambia”.

 

Aura Lucía Mera, madre de cuatro hijos, cayó en el alcoholismo y la drogadicción, estuvo al borde de la locura y la muerte.

“Después de estar sumida en el alcohol y la cocaína, estar sobria durante 7 años, recaer en la adicción y volverme a recuperar, escribí Testimonio (Editorial Planeta) para contarles a mis hijos quién ha sido su mamá, qué le sucedió, su lucha, sus caídas, su infierno y su recuperación. Pude recuperar el amor de mis hijos y volver a construir una relación de amor y honestidad, después de muchas terapias, individuales y con ellos, en las cuales recibí en mi alma y corazón todo el dolor que les había causado. Escuché sus sufrimientos, su desesperación, su tristeza infinita, y ellos me escucharon. Con hijos y nietos he practicado dos premisas: amor y verdad”.

 

Cristina Preciado, mamá de Jhonatan Romero, actual campeón mundial de boxeo. Dos de sus hijos fueron asesinados en Cali.

“Soy madre de seis hijos, dos de los cuales ya no están. Ángel René, el mayor, que murió asesinado, influenció a Jhonatan para que fuera boxeador. También entrenaba para ser como Pambelé, pero por circunstancias de la vida no pudo continuar. El título mundial de Jhonatan tiene su sello y el del resto de familia. El día que quedó campeón mundial en México, en el barrio se organizaron para ver la pelea en la calle. Yo no salí de casa porque me quedé rezando para que le fuera bien. ¡No lo pude creer cuando los jueces lo nombraron ganador de la pelea! Después de todas las pérdidas por las que hemos pasado y por las dificultades económicas, el cinturón supergallo de Jhonatan es un premio a la constancia. La defensa del título a mediados de año la imagino igual a ese domingo en Tijuana, con mi hijo como vencedor y con la bandera de Colombia en alto”.

Carmenza Zárate, madre de Falcao García, futbolista al servicio del Atlético de Madrid.

Incluso las madres a las que les va muy bien, tienen algo que superar. En el caso de Carmenza, su hijo Falcao ha sido capturado por la fama y ya nada será como antes. “Desde que era niño yo sabía que se convertiría en futbolista. Como su padre también jugó, mi muchacho vivía metido en camerinos. De él heredó la disciplina y amor por el fútbol. Me acuerdo que yo quería llamarlo Santiago, pero al final su papá me terminó convenciendo de llamarlo Radamel Falcao, en homenaje al futbolista brasileño. Ser la madre de uno de los mejores delanteros de Colombia no es fácil. Sufro mucho cuando se lesiona. En cada partido me pongo muy nerviosa. En sus días en River Plate, yo no podía ver los juegos en el estadio ni mucho menos por televisión. Pero ya he aprendido a seguirlo. Igual sigue siendo una sufridera tremenda, más en la Selección. Es como si cada encuentro fuera un examen en el que la mamá se hace responsable de lo que pase”. 

Carmenza no ha sufrido como las otras mamás, pero es un ejemplo de que incluso la fama tiene sus consecuencias.