Sandra Liliana Sánchez, es una mujer generosa

Mujeres inspiradoras: líder comunal desde los nueve años.
Sandra Liliana Sánchez, es una mujer generosa

Directora de la Fundación Oasis en el barrio El Paraíso, Cuidad Bolivar.

La primera vez que llegó a París, Sandra Liliana Sánchez tenía quince años y unas ganas enormes de terminar de construir la casa que había soñado para darles de comer a los ancianos y los niños de su barrio. Apenas había levantado un par de paredes y le pidieron explicar su proyecto en un banco interesado en ayudarle con recursos. Entre los nervios y la luz enceguecedora de unos reflectores, no vio el auditorio que tenía enfrente, pero aun así contó su historia. Contó que vivía en un barrio llamado El Paraíso, que quedaba en una montaña de las afueras de Bogotá, habitado por dos millones de personas con muchas necesidades. Dijo que para llegar al colegio distrital en el que cursaba el bachillerato tenía que caminar más de hora y media. Les explicó que desde que tenía nueve años era líder de su comunidad, que lo descubrió cuando fue personera de la escuelita donde hizo la primaria y que gracias a eso pudo conseguir computadores y dotación para sus compañeritos.

Les compartió la historia de María, una abuelita de su barrio que murió de hambre y le hizo pensar que los ancianos también requerían ayuda. Y, como anécdota, añadió que sacaba comida de su casa, a pesar de que su papá escasamente podía alimentarla a ella, sus tres hermanos y su mamá con el sueldo que ganaba pintando buses. Y se rió al recordar que un día cualquiera su casa estaba llena de viejitos. Y que fue entonces, les dijo a los franceses, cuando pensó en construir una casa donde darle de comer a niños y viejos.

En su relato incluyó el recorrido que hizo por instituciones privadas y del Estado pidiendo ayuda, y cómo la rechazaron: era una niña de trece años y su barrio era ilegal. De tanto contar su sueño, al fin conoció una persona que le ayudó a conseguir recursos en España con los que alcanzó a levantar las paredes de lo que sería su fundación: Oasis. Antes de dar las gracias, Sandra les pidió que le ayudaran a terminar la casa. Asustada, escuchó una salva de aplausos que llenó el auditorio al tiempo que los reflectores se apagaban. Pudo ver por fin a las 1500 personas que la ovacionaban de pie. Lloró conmovida porque nunca pensó que su testimonio, ese que había contado con la misma inocencia con la que inició su vida como líder, podría provocar semejante reacción.

Sandra salió de allí con el dinero suficiente para terminar la casa y con más invitaciones a Francia para motivar a ejecutivos con su testimonio. De regreso a Colombia volvió a vestir su uniforme de colegiala hasta graduarse, en 2002. Ese mismo año se ganó el Premio Internacional de Ayuda Humanitaria de la revista francesa Madame Le Figaro y logró una beca en la Universidad del Rosario para estudiar derecho.

El premio le trajo más reconocimiento: la editorial Miche Lafon editó en 2003 una biografía suya con el título Los olvidados de Bogotá, y cinco años después el libro inspiró un documental, El paraíso de Sandra, que se estrenó en París y Bruselas. Cada evento le trajo más ayudas y padrinos para sus proyectos, pero nunca son suficientes. Hoy, con 29 años y una experiencia infinita en ayudar a los demás, busca patrocinadores para instalar una tienda social con panadería para hacer autosostenible su fundación, y sueña con una beca para estudiar un doctorado en París.