Oprah Winfrey, la billonaria de los campos del Misisipi

Tuvo el programa de entrevistas más visto en Estados Unidos durante 20 años, ahora tiene su propio canal e invierte millones de dólares en trabajo social.
Oprah Winfrey, la billonaria de los campos del Misisipi

Antes de los quince años, Oprah Winfrey ya se había escapado varias veces de su casa, había metido hombres a escondidas a su habitación y había quedado embarazada (aunque perdió el bebé en los primeros meses). Su madre, quien la había tenido a los dieciocho años, no podía cuidarla más. A esa edad fue enviada a vivir con su padre, un barbero que vivía en Tennesse, quien fue excesivamente estricto. Alguna vez dijo que la trataba así «porque sabía lo que podría ser de ella sino lo hacía».

Más de cuarenta años después, esa niña nacida en un área rural del Misisipi se convertiría en la primera mujer afroamericana multimillonaria. Su programa, The Oprah Winfrey Show, duró más de veinte años en el puesto número uno de audiencia en Estados Unidos. Todo un imperio del rating.

Oprah comenzó su carrera como periodista por inspiración de Barbara Walters, quien debutaba en las grandes cadenas nacionales como periodista cuando Oprah apenas tenía diecisiete años. Durante un concurso de belleza en Memphis como la Señorita Prevención de Incendios (Mrs. Fireprevention), Oprah recibió la pregunta de qué quería ser cuando grande. Recordó la imagen de Barbara Walters en blanco y negro en su pantalla y dijo: «Quiero ser periodista de televisión».

En 1988, fue entrevistada por primera vez por Walters, su ejemplo de vida en la juventud. En ese programa reveló a Walters y al mundo que a los nueve años había sido violada. «Pasé todo el quinto grado pensando que iba a estar embarazada, ni siquiera sabía que todavía no era físicamente posible», expresó en ese momento.

Su dura vida le ha dado una capacidad de conectarse con la audiencia que casi ningún presentador de televisión tiene. Es porque a fin de cuentas Oprah prefiere hablar con las personas comunes que hacen cosas extraordinarias, más que con las celebridades que hacen cosas banales. Por sus sillones han pasado más de 29 000 invitados. En sus comienzos, el programa se rodaba en un pequeño set con sillas de madera en el que solo cabían los invitados y Winfrey. Las cosas cambiaron con los años y hasta el 2010, año en que se terminó su programa, el público de cientos de personas a veces era sorprendido con regalos tan increíbles como carros, cheques de un millón de dólares o viajes a Australia. «El día que me sentí más orgullosa de lo que hacía fue cuando llené el estudio con hombres que alguna vez fueron abusados y les di la posibilidad de hablar».

Para Oprah solo hay un precepto en su vida y es una plegaria a Dios que tomó de una canción sureña: «Sígueme usando hasta que ya me hayas usado del todo». Porque para esta mujer, ícono de millones, la vida es para dejar huella. Aunque ha donado más de 500 millones de dólares a obras de caridad, aunque haya dado regalos de navidad a más de 50 000 niños africanos y haya fundado una escuela para niñas en Sudáfrica, Oprah cree que su camino no ha acabado y que todavía es un instrumento para mejorar el mundo.

Fotos: Gustavo Martínez, David Micolta, AFP, Archivo Cromos y Archivo particular

 

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