Paula Arias y su reto de promover la ciencia

A pesar de las controversias que han desatado sus últimas declaraciones, es una maestra en combinar su más reciente cargo con el placer de criar y ver crecer a sus hijos. La mujer detrás de la dirección de Colciencias.
Paula Arias y su reto de promover la ciencia

Ingeniera Industrial.

En agosto, Paula Marcela Arias, una manizaleña que lleva dieciocho años formando una carrera con énfasis en planeación, gerencia y desarrollo, asumió el cargo como directora de Colciencias, después de que Carlos Fonseca renunciara porque su nombramiento fue demandado a raíz del cumplimiento de la ley de cuotas. «Si el veredicto es que debo salir, le entregaré el cargo gustosísimo a una mujer que tenga el mérito», había dicho.

Han sido un par de meses en los que la ingeniera industrial de la Universidad Nacional de Manizales se ha puesto al frente de la comunidad científica para trazar un plan que le permita a la entidad despegar con fuerza. «En este cargo me emociona pensar que este país ha puesto los recursos que permitan tener todas las condiciones para que los que quieran hacer ciencia, hagan ciencia». Con su historial académico y la experiencia que le han dado los años, Paula sueña con que Colciencias dé un salto a la actualidad desde muy adentro para poder liderar ese proceso.

Antes que profesional, Paula es mamá. Eduardo, de diecisiete años, y Mariana, de trece, le ocupan su atención desde que nacieron. De hecho, cuando eran más pequeños y ella se movía en unos puestos de trabajo que demandaban muchas responsabilidades y tiempo, Paula prefería volver a casa para comer puntualmente a las siete de la noche, compartir con ellos su día, hacer las tareas y acostarlos en la cama, así después tuviera que regresar a la oficina del momento. «He tratado de vivir cerca del trabajo. Es la cuota de sacrificio para poder ser mamá y que a los hijos no te los cuide alguien más. La gracia de ser mamá es ser mamá». Por eso se esforzó como nadie por no perderse ninguna actividad de sus hijos, bien fuera una presentación de piano o un partido de bolos.

Su rutina empieza a las cinco de la mañana para hacer el desayuno de toda la familia, contestar los correos electrónicos y leer portales como The New York Times, Le Monde, Semana y El Tiempo. «La única manera de lograr hacer todo es levantarse muy temprano, no hay otra solución o no me la han presentado. Mi vida no es de grandes aventuras, mi aventura es hacer el trabajo bien hecho».

Criada en una familia tradicional, creyente y completamente aficionada a las ingenierías, Paula pasó una infancia en la que pudo explotar sus talentos. Aun estando en el colegio y siendo una de las mejores de su clase (fue el mejor Icfes del departamento en su año), jugaba tenis, hacía parte de la selección de baloncesto, tocaba guitarra, estaba en el conservatorio, estudiaba inglés y francés. «Para mí era una diversión, yo nunca lo sentí como una carga, la idea era estar ocupada todo el tiempo».

Sin embargo, su mamá, ingeniera química y maestra de física de su colegio y de la Universidad Nacional, influyó enormemente en ese modelo de vida. «Era imposible ser mala estudiante con mi mamá vigilándonos. En algún momento pensé que iba a ser modelo pero ella me sacó corriendo de ahí y me dijo: No, no, no, inteligencia antes que belleza».

Fotos: Gustavo Martínez, David Micolta, AFP, Archivo Cromos y Archivo particular

 

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