Catalina García, la Madame de la música

Como vocalista de Monsieur Periné, se ha robado todas las miradas del público. Una caleña a la que la fama se le coló cuando estudiaba antropología.
Catalina García, la Madame de la música

Desde que Monsieur Periné se formó en 2007 no ha habido quien los detenga. Conciertos, premios y giras han hecho parte del repertorio de una banda independiente que le apostó a una mezcla de swing, jazz latino, cumbia, bossa nova y tango mientras su atrevida propuesta visual abordaba el color en todas sus gamas.

Es Catalina García la mujer que en francés, inglés, portugués y español seduce con sus movimientos de flamenco y sus saltos potentes. La misma que, cuando sus amigos le propusieron en Villa de Leyva ser parte de un grupo, desconocía el poder que estaba guardado en su voz.

A Catalina la música la rodeó desde muy pequeña, cuando vivía con sus papás en Cali. «Crecí rodeada de salsa. Mis papás tuvieron lo que se llamaba allá una fuente de soda, que era como una especie de bar al aire libre donde se va a bailar. Tenían una enorme colección de música y mi mamá, aunque es del Quindío, me dijo desde los seis años que yo tenía que aprender a moverme».

Su abuelo no solo la motivaba a ella sino a sus demás primos a hacer presentaciones para toda la familia. Había un cuarto especial, el del costurero de la abuela, donde había juguetes, sombreros e instrumentos para que los más pequeños se disfrazaran e hicieran un show musical, en el que normalmente las canciones de Proyecto Uno eran las favoritas.

Si bien hacía parte del coro del Liceo Francés y en el tiempo libre tenía una banda de rock de solo mujeres, Catalina nunca vio la música como una opción profesional. Sus tardes de colegio se le iban entre las prácticas de baloncesto y el grupo de teatro. Sentía que quería estudiar algo que le permitiera escribir y ayudar a la gente pero, antes de tomar una decisión, partió a sus 18 años a Estados Unidos, donde vivía su papá. «Ese viaje significó mucho para mí.

Estar afuera fue encontrar quién era yo y fortalecerme. Fue de pasar de vivir en la casa con mi mamá a estar absolutamente sola durante dos años con trabajos que iban desde limpiar casas hasta ser la voz del altoparlante de un almacén. Pasó también que en ese tiempo mi papá se enfermó de cáncer y se murió, entonces me tocó estar al frente de una situación que fue de un momento a otro. Mi mamá me educó mucho hacia la independencia y a buscar soluciones y ese fue el momento de probarme. Me puso en otra perspectiva frente a la valoración sobre el presente».

Al volver, Catalina empezó a estudiar antropología en la Universidad Javeriana en Bogotá, carrera de la que todavía le falta graduarse por el despliegue repentino que tuvo la banda. «Periné no solo probó que podía cantar en un grupo en el que todos, excepto yo, son músicos, sino que también me sirvió para responder muchas preguntas desde la antropología como el de la identidad y la representación. Fue con Periné que aprendí que más allá de la música es la experiencia y la reinvención».

Catalina, aunque al principio de esos primeros toques le temblaban las piernas y se sentía muy tímida para interactuar con el público, hoy transforma los nervios en un bombardeo de energía. Una mujer que descubrió una pasión que la desvela gracias a que siempre ha estado abierta a los riesgos.

Fotos: Gustavo Martínez, David Micolta, AFP, Archivo Cromos y Archivo particular

Nada Personal, canción de Juan Pablo Vega junto a Catalina García