Silvia Tcherassi, una mujer exquisita

La diseñadora colombiana supo hacer del detalle su sello profesional. Sensibilidad y buen gusto caracterizan su trabajo. 
Silvia Tcherassi, una mujer exquisita

El leitmotiv del proceso creativo de Silvia Tcherassi es una mezcla de detalle y equilibrio. Está dispuesta a ir tan lejos como sus fuerzas se lo permitan para dar vida a lo precioso sin excederse un milímetro. Su sello está en la sobriedad.

Siendo muy joven, su ojo se manifestaba maniático por el orden de todo lo que la rodeaba: «Cuando estaba en el colegio, sufría cuando tenía que sacarles punta a los lápices de colores. No me gustaba ver uno más largo que el otro». Entonces con una dedicación que caracteriza su trabajo, los organizaba por tonos. Al final optó por tener unos para ver y no tocar y otros para usar, aunque también se cuidaba de ordenarlos por tamaño para que la caja se viera siempre impecable.

No tiene memoria para recordar cuándo se despertó en ella la obsesión detallista. En su casa, en sus espacios privados, en sus almacenes y en su hotel, siempre está pendiente de las flores, de la iluminación, de una silla, del cuadro, de los libros, como si el entorno le hablara permanentemente en un lenguaje que para ella es el más natural. Su clóset esconde una intimidad: tiene un sistema de perchero movible que le permite crear looks y apreciarlos previamente: «A veces me tomo una “polaroid” con la pinta que elijo y la pego para visualizarla», contó a Cromos en una ocasión.

En cada nuevo proyecto, Silvia da rienda suelta a la manía por los detalles y por eso no deja nada al azar. Su hotel, que ya tiene cuatro años, es uno de los templos donde el espíritu de su refinamiento es el protagonista. La diseñadora decoró centímetro a centímetro cada espacio de esta casona de 250 años de antigüedad para convertirla en un lujoso refugio de siete suites. El jardín vertical con más de tres mil plantas tropicales, la fina lencería de 400 hilos especialmente diseñada por su marca, el blanco inmaculado, el ladrillo rústico al descubierto, las delicadas piscinas y la comunión del entorno con materiales naturales como la madera y el coral, hacen de este lugar uno de los hoteles de diseño más suntuosos del mundo.

Su énfasis en el orden es tal que se acostumbró a ir a sus tiendas sin avisar y sus empleados ya saben que se atienen a la mirada implacable de su jefe. Revisa con precisión los ganchos, ordena por colores y verifica que no haya arrugas ni cuellos torcidos: «Las vendedoras me tienen pavor porque saben que me fijo en todo». En esa labor está conectada con los cinco sentidos. Aunque se confiesa una mujer absolutamente visual, sabe que el olfato también desempeña un papel importante, al igual que el oído, el gusto y el tacto. El fino arte ha sido protagonista en su proceso creativo y su gran musa es la pintura. También está profundamente influenciada por el mar, el principal legado de su herencia Caribe, un elemento que la sigue acompañando en Miami: «El mar es suave, minimalista, no hay tonos desordenados ni fuera de lugar, todo va en una gama de azules. Mi elegancia es tranquila, como el mar».

Esa sensibilidad la ha llevado a hacer de su propuesta estética, una verdadera obra de arte. Que cada mujer aprenda a sacar a relucir lo mejor de sí misma, siempre con elegancia y sobriedad, es su consigna. Silvia, una mujer exquisita.

Fotos: Gustavo Martínez, David Micolta, AFP, Archivo Cromos y Archivo particular

 

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