"El optimismo es la clave", Mariana Pajón

La medallista olímpica de oro y la actual número uno del mundo en su categoría, triunfó en una especialidad dominada por hombres.

Desde sus primeras competencias infantiles, Mariana sabía que no la iba a tener fácil. Se acostumbró a competir con hombres y aprendió que para ganar tenía que forjar una garra de luchadora que no imaginan sus rivales. 18 fracturas, traumas cerebrales, injertos, tornillos y platinas hacen parte del arsenal de cicatrices que le ha dejado la bicicleta. Esos tropiezos no fueron suficientes para desconcentrarla de su único propósito: ser la número 1.

 

Lo tuvo claro desde su primer triunfo nacional a los cinco y su primer internacional a los nueve. Lo suyo era la gloria y estaba dispuesta a pagar el precio que fuera para lograrla. La medalla de oro olímpica marcó un antes y un después en su  carrera como deportista porque sin duda se multiplicaron sus privilegios para seguir haciendo lo que más le gusta. Aunque ahora todo se ve color de rosa, lo cierto es que su historia está marcada por el sacrificio. Desde muy niña se fue de intercambio para aprender inglés y ese fue el comienzo de muchas temporadas lejos de casa. Extensas jornadas de entrenamiento, viajes, torneos, estudio a distancia, recuperaciones y mucho dolor son la cuota dura que la campeona olímpica de BMX ha tenido que pagar para disfrutar del éxito.

 

A pesar de haber pasado momentos difíciles, nunca se ha dejado vencer por la adversidad. «El optimismo es la clave»,  dice. Y la sonrisa es su talismán, la cábala con la que va por la vida y por eso todo parece más fácil de lo que en realidad es. Aunque fuera de las pistas es relajada, con respecto a su carrera, Mariana es perfeccionista. Sabe que para ganar no hay términos medios y por eso su objetivo está puesto en la competencia: «Lo llevo en la sangre, tengo números 1 pegados en el baño, en mi cuarto, en mis objetos personales». Trata de aprenderse cada pista de memoria y luego, durante los descansos, sigue recorriéndola en la mente. Visualiza detalles, curvas, saltos: «lo importante es tener la carrera en la cabeza y casi siempre se da como la visualizo previamente», dice.

 

Desde aquellas primeras carreras en que estaba empeñaba en ganarles a su hermano y a los amigos, Mariana ha perfeccionado su talento ganador a tal punto de convertirse en la favorita mundial de su categoría. Se especializó en un   deporte que ha sido tradicionalmente masculino, se entrena al nivel de ellos y no le importa embarrarse como si fuera el más rudo de los competidores. El secreto está en que ha sabido capitalizar eso a su favor y con sus 1,57 metros de estatura y 53 kilogramos de peso es capaz de levantar 125 kilos en sentadilla, ser muy veloz y moverse con alta precisión. «En la pista soy agresiva y saco a relucir mi carácter fuerte». Siempre trata de competir consigo misma y dice que «primero hay que ganar con la cabeza y después pedalear».

 

Prefiere dejar su feminidad para la vida cotidiana. «Soy fanática de los perfumes, porque no puedo salir sin oler rico», —los colecciona—. Los sueños siguen intactos, todavía le queda al menos, una década de carrera profesional antes de pensar en su siguiente sueño: la medicina.   

 

Foto: Getty.