Alimentación en la infancia: cómo evitar los trastornos

Los buenos hábitos se deben enseñar desde que el niño nace. Ayudarán a que crezcan sanos y no caigan en desórdenes como el sobrepeso.

Desde la gestación, la alimentación se convierte en la clave de nuestra salud. Al nacer, y durante los tres primeros meses, un bebé necesita 120 calorías por kilo. Esa cantidad se reduce a 105 entre los 9 meses y el año. La leche materna es fundamental, pero, una vez el niño cumple seis meses, debemos empezar a complementar con otros alimentos. No pueden faltar altas dosis de proteína, hierro y calcio; cuidar que no se den excesos de grasas saturadas, azúcares o comidas procesadas. Lo primordial debe ser el alimento natural.

 

La alimentación por edades

 

Durante la edad preescolar debemos enseñarles a los niños los hábitos correctos, para que se acostumbren a ellos desde chiquitos. Tenemos que poner imaginación para que se animen a recibir comida saludable, como frutas, verduras y pescado. Al mismo tiempo, la creatividad debe servir para evitar que consuma galguerías, que dificultarán su apego a sabores más saludables. Mejor acostumbrarlos al dulzor de la fruta o al salado del pescado.
En la etapa escolar el ritmo de crecimiento continúa. La actividad mental en el colegio y la actividad física hacen que el desayuno se convierta en una de sus comidas principales. Debemos vigilar que no haya exceso de dulces y buscar, más bien, una buena proteína, fruta, arepa, panes integrales tostados con aceite de oliva o cereales sin azúcar, como el Muesli de avena. 

 

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Comer en familia: los expertos lo recomiendan para que los padres se den cuenta de los hábitos alimenticios de sus hijos.

 

La lonchera sana

 

La lonchera es una gran responsabilidad de los padres. De ella depende que los niños lleguen a ser adultos sanos o personas propensas a las enfermedades, obesas y con una mala calidad de vida. Hay que evitar paquetes insanos, fritos, golosinas o procesados industriales, que favorecen el incremento de la obesidad infantil en los países desarrollados y en vías de desarrollo.

 

La lonchera infantil debe componerse de cereales, ya que son fuente de fibra y, sobre todo, de energía. Dentro de las opciones hay barritas de cereal, galletas integrales, paquetes de galletas o paquetes de cereal en porciones individuales. También puede incluir sándwiches: elija un buen pan, proteína de calidad y una combinación sana de verduras.

 

Los lácteos no deben faltar, ya que en la infancia ayudan al desarrollo de los huesos y son fuente de proteína. Podemos agregar yogures de toda clase, los que vienen combinados con cereales son una excelente opción. Los quesos también son una maravillosa alternativa, ojalá sean tipo pera o campesino.
Las frutas son imprescindibles, además de proporcionar vitaminas y minerales, sus efectos beneficiosos para el organismo los acompañarán toda la vida. Puede poner porciones enteras (como un banano, una manzana pequeña o un durazno), o picar un trozo de papaya. 

 

Para la hidratación: jugos. Ojalá vayan con hielo para que se mantengan refrigerados y evitar que se avinagren. Si son comprados, procure leer las etiquetas para evitar excesos de azúcares añadidos o productos de baja calidad. 

 

No se deben prohibir las golosinas, simplemente contrólelas. Si el niño percibe un producto como prohibido, despertará su tentación.

 

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El drama de los trastornos

 

El psicólogo Martín Plutarco Guío, con estudios en terapia cognitiva conductual, conferencista y asesor personal y corporativo, se ha referido a los trastornos que se pueden derivar de una mala alimentación infantil y cómo evitarlos: “Los menores de edad están cada vez más expuestos a temores por su apariencia física, por su aceptación en su entorno, y todo eso afecta su autoconcepto, su autoimagen y su autoestima, por esto es tan importante el factor psicológico respecto a la conducta alimentaria”.

 

Para Guío, “es muy preocupante que los menores cada vez se guíen más por lo que observan a través de los medios y las plataformas virtuales, por lo que escuchan en sus grupos familiares y entornos sociales, por las sugerencias de influenciadores en las redes sociales que postean como moda las dietas. Esto último es muy peligroso porque estos influenciadores no tienen en cuenta las implicaciones en la salud física y psicológica que puede tener esto en sus seguidores menores de edad”. 

 

Según este experto, la población infantil más afectada son las niñas, pero con algunas recomendaciones se pueden evitar estos trastornos. La primera es recuperar el hábito de comer en familia, es la mejor manera de estar pendientes de la alimentación de los hijos: “Ahí es donde se puede ver si la hija deja la cena servida, si el menor tiene una ingesta exagerada de alimentos, observar si hay sentimiento de tristeza o decaimiento, etc. De este modo se puede detectar precozmente cualquier tipo de trastorno y evitar que siga y se manifieste de modo más grave en edades más avanzadas, cuando el costo a todos los niveles es mucho mayor”.

 

La conclusión final es “que dialoguen con los hijos, escuchen sus preocupaciones y, en un ambiente de confianza, identifiquen las señales de alerta para detectar los trastornos. Para las mamás, menos dietas que sean imitadas por las hijas. Lo que hay que fomentar es la unión familiar, para que alimenten adecuadamente su salud emocional”.

 

Tips para tener en cuenta

 

Martín Plutarco Guío recomienda que esté alerta a estas conductas en sus hijos.

 

- Pérdida de apetito.

- Comentarios constantes sobre su peso.

- Deterioro observable de su apariencia física.

- Participación en dietas constantes.

- Compra de laxantes.

- Observación permanente de las etiquetas de los alimentos.

- Si hay restricción en la cantidad y la calidad de los alimentos.

- Bebida excesiva de líquidos.

- Ritual en la colocación de los alimentos y presentación en el plato.

- Inducción al vómito.

 

"Bajé 13 kilos"

 

Mi nombre es Sofi y tengo 12 años. Nunca fui una niña rellenita, pero empecé a subir de peso cada vez más. Me miraba al espejo y me deprimía mucho, me daba mucha angustia. La ansiedad me hacía comer de manera descontrolada, muchas veces a escondidas. Solo pude salir de eso con la ayuda de mis papás. Ahora estoy feliz con mis nuevos hábitos. Mi mamá me cocina cosas deliciosas que son saludables. La gente me pregunta qué hice y yo les digo que no es una dieta, sino que cambié mi estilo de vida y la manera de comer. 

 

 

Fotos: Getty. 

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Doctora Alexandra Rueda

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