Patricia de Camargo, sembró el Nopal en los corazones de las mujeres de los santos

Categoría: Sostenibilidad Ambiental. Por: Carlos Eduardo Barragán

Patricia de Camargo, sembró el Nopal en los corazones de las mujeres de los santos

Patricia jamás olvidará el día que su esposo Germán Camargo, que estaba a punto de jubilarse como médico de Ecopetrol, le pidió que lo acompañara al municipio de Los Santos, para ver una finca en la que proyectaba pasar su vejez. Aunque acepta que la temperatura era inferior a la que se vive Barrancabermeja, nunca imaginó que ese lugar iba ser su hogar desde hace 20 años. “Ni siquiera me bajé del carro porque yo tenía claro que a ese peladero no me iba a venir a vivir”, recuerda al señalar que siempre pensó que el campo era para ir de paseo porque el placer se acaba cuando termina el pavimento. Pero en las cosas del amor hay razones que la razón desconoce y en menos de un mes ella ya estaba instalada en la vereda La Laguna, al lado de sus dos hijos.

Patricia dice que ella fue de esas mujeres que se llaman “divinamente” y que pasó de jugar naipes y tomar té en el club, a interactuar con la campesina recia y curtida de Santander. Se integró con otras vecinas y comenzaron a hacer labores ambientales, de reciclaje, viverismo y reforestación dirigidas a las mujeres que viven en la parte baja del municipio. Así nació Apromosan, la Asociación para el progreso de la mujer del municipio de Los Santos, cuyo principio fue buscar proyectos productivos para que ellas, desde su hogar, aportaran al crecimiento económico de la familia. Las diferencias con las directivas de la organización le hicieron retirarse del grupo cuando estaban implementado el cultivo de la sábila.

"Elegí trabajar con mujeres porque estudiando los documentos de la FAO, dicen que cuando la mujer logra ingresos en cabeza de ella, esos ingresos se traducen en alimentación y educación, y necesariamente se mejora la condición de la familia". 

 

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“Me retiré casi un año de todo el entorno social, pero muchas campesinas vinieron a buscarme para que les guiara en nuevos proyectos, así que creamos la Fundación Guayacana y se convirtió en el proyecto de vida de la familia”, señala Patricia de Camargo. En el 2006 se dedicó a estudiar y con otras 16 personas alcanzaron el título de Técnicos en Agro-Ecología del SENA. Así conoció el nopal e iniciaron con pequeños cultivos que en seis meses dieron resultados exitosos. Las semillas las cambiaron con labriegos de Villa de Leyva que estaban incursionando con la sábila. Las mujeres sembraron las pencas al lado de sus casas y en poco tiempo ya preparaban mermeladas de nopal. Hoy, son más de una docena de mujeres que obtiene frutos con los que fabrican sus productos, alimentan a sus animales y tienen una alternativa de trabajo.

Patricia advierte que detrás de su proyecto ha estado su esposo, quien además de ser su conductor permanente, mantuvo económicamente la idea social con el dinero de su pensión. “Yo soy de esas personas peligrosamente soñadora y si no fuera por la dosis de realismo que le imprime Germán a esto, quién sabe dónde hubiera parado”, afirma. Cada tercer día, Patricia se pone la camiseta de su fundación para ir a la parte baja del municipio y dictar sus clases de encurtidos, dulces y postres a base de nopal o para hablar de su nuevo desafío social denominado “Meepza”: modelo energético eficiente para zonas áridas, con el que busca consolidar su trabajo con el nopal. Sueña con un centro comunitario de procesamiento con todas las normas de ley, una planta de producción de energía y gas que abarate la producción de las conservas que hoy producen.

 

 

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La meta de Patricia es completar unas diez hectáreas de nopal para montar una planta productora de energía, donde se pueda producir o gas o electricidad.

 
Hoy también está empezando a estudiar la forma de sembrar la Moringa, un arbusto del que Fidel Castro dijo no hace mucho, será el cultivo del futuro en Cuba.