¿Por qué oírla a ella? Lo primero sería por su rol de liderazgo en una oficina tan relevante como ONU Mujeres en Colombia. Ahora bien, si ahondamos en su vida, también es importante oírla por su gran experiencia en México como antropóloga estudiosa de lo que significa ser hombre y ser mujer en distintas culturas. Pero si vamos más a fondo, nos encontramos con una mujer que recorre el país apoyando iniciativas de mujeres y, particularmente, en departamentos como Meta, Nariño, Cauca, Antioquia y Chocó, visitando zonas donde ha habido un impacto muy fuerte del conflicto, escuchando testimonios, activando rutas de atención a víctimas de la violencia y haciendo de puente entre la sociedad y el Estado.
Hilando más fino, cómo no prestarle atención a Belén Sanz, una feminista aterrizada que aprendió lo que era el liderazgo inspirador trabajando con la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, cuando estaba en Nueva York con ONU Mujeres.
Su carisma tiene la fuerza de sus palabras y el imán de estudios serios que nos abren los ojos y despiertan nuestra conciencia con afirmaciones que vislumbran, por ejemplo, que en Colombia la violencia contra las mujeres se reproduce en los hogares; o sea, según ella, "más del 85% de la violencia se da fuera del conflicto, sucede en las casas".
Por último, cómo no acercarse a ella, una convencida de la igualdad, que todos los días se levanta florecida con la misma frase de Gandhi: "Sé el cambio que quieres ver en el mundo". De camino a una mujer íntegra.
"Hay datos aterradores, como, por ejemplo, que el día más peligroso para una mujer en Colombia es el Día de la Madre o los domingos por la tarde, cuando está en su casa con su familia".
¿Cómo llega a su vida el tema de la mujer?
Yo tuve una abuela, Felisa, que vivió la guerra civil española. Una mujer que tenía muy pocos recursos, que fue capaz de salir adelante y que generó un espacio familiar donde garantizó igualdad entre sus hijas e hijos, para estudiar y para decidir lo que quisieran hacer con sus vidas. Era una mujer que, sin haber tenido la oportunidad de estudiar, ni todas las oportunidades que yo he podido tener, me demostró un liderazgo y una importancia, siempre me decía: “Belén, nunca dependas de ningún hombre económicamente, tienes que ser autónoma”; esto me lo decía desde que
estaba chiquita.
¿Otras mujeres que tenga en la cabeza, que admira mucho?
Tengo en mente mujeres que escribieron sobre los derechos de las mujeres, desde Simone de Beauvoir hasta la inglesa Doris Lessing. Tuve la oportunidad de trabajar con Michelle Bachelet cuando estaba en Nueva York con ONU Mujeres y ella me enseñó otro estilo de liderazgo, de lo que significa ser líder mujer, y me ha inspirado mucho esa forma de liderazgo que no es autoritario sino inspirador.
¿Cuánto tiempo estuvo con Michelle Bachelet?
Con Bachelet estuve dos años y tuve la oportunidad de trabajar muy cerca de ella. A mí me gusta mucho observar el liderazgo, porque creo que nuestro mundo requiere liderazgos alternativos.
Que estén muy amarrados a la autenticidad.
Exactamente, y a la humanidad. O sea, uno puede ser humano, amable y al mismo tiempo tomar decisiones y generar inspiración.
¿Hay por ahí otra experiencia en su aproximación al tema de mujer?
Un momento importante para reconocer el rol de las mujeres tiene que ver con mi estancia en México, donde estudié la carrera de Antropología. Pude estudiar e investigar todo lo que tiene que ver con identidad de género desde la antropología, y para mí fue muy interesante analizar académicamente lo que significa ser hombre y ser mujer en distintas culturas. Eso fue marcando un poco la tendencia de decirme "este tema me interesa". Creo que es un tema trascendental para la sociedad, no solo por ser mujer, sino porque creo que entender esas identidades e ir transformándolas es parte de la evolución de la sociedad. Bueno, pues así ha sido mi vida. Ha estado marcada por varias mujeres que son referentes y poco a poco he ido convenciéndome de que trabajar en este tema es necesario y es apasionante, no tiene límites y todavía requiere que mucha gente le dedique su vida.
A la mujer no hay que comprenderla, solo amarla. ¿Cómo le suena esa frase?
¡Jajajajajaja! Bueno yo creo que las dos cosas. Claro, igual que al hombre.
¿Cuál es la mujer ideal?
A mí las mujeres me despiertan todo tipo de curiosidades y de inspiración, entonces, para mí, no hay una mujer ideal. Lo que sí hay es una situación ideal en que todas las mujeres puedan decidir lo que quieren hacer con su vida, que los Estados y la sociedad las apoyen y que, en definitiva, vivamos sociedades donde todos y todas tengamos las mismas oportunidades. Creo que el potencial humano en general es infinito y que no se le puede negar a la mitad de la población su desarrollo.
¡Liberación pública!
¿Cuál fue su acto liberador como mujer?
Había pasado mi infancia en España y vivía en México con mis papás. Estando en México yo viajaba los veranos a España y me impactaba el nivel de libertad que tenían las mujeres españolas para moverse por la calle, sin que nadie les silbara en la calle por usar una minifalda, sin que nadie las acosara verbalmente, sin miedo, y eso a mí me impactaba, porque en mi vida adolescente, cuando empecé a desarrollarme y a volverme más atractiva, en México me sentía muy acosada en la calle. Y ese era uno de los temas que más me obsesionaba en la vida, me preguntaba: "¿Por qué yo necesito ir con un hombre por la calle? ¡Esto es una cosa abominable! Cuando yo me fui a Inglaterra a estudiar inglés a los 18 años, disfruté enormemente ser libre en la ciudad, vivir sin miedo.
El miedo de salir a la calle en Ciudad de México lo exorcizó en Londres.
Totalmente, me sentía libre, podía moverme a las tres de la mañana sola, como mujer joven, sin que nadie me molestara. A mí eso me generó mucha liberación. Fíjate qué curioso, porque me sentía mucho más autónoma. A mí eso me marcó mucho, me generó un compromiso de trabajar en algo que pudiera transformar esa desigualdad, porque creo que el espacio de lo público es uno de los espacios más importantes de liberación.
Belén, ¿cuál es su cargo?
Yo soy representante de ONU Mujeres en Colombia. Estos últimos seis meses he tenido un doble rol, como Coordinadora Residente encargada de Naciones Unidas. Eso también ha sido un reto. He tenido que compaginar dos trabajos, pero también he sido la primera mujer ostentando este cargo en los 62 años de Naciones Unidas en Colombia. Siempre habían sido hombres y eso también es interesante.
¿Es la primera vez que una mujer está encargada?
Encargada. Pero bueno, interesante porque ese rol me ha permitido poner algunos temas sobre los derechos de la mujer en el más alto rango de Naciones Unidas y eso ha sido, creo yo, bien recibido por distintos sectores en Colombia, respecto a que el tema de la mujer no es solo un tema de mujeres, es un tema de toda Naciones Unidas.
¿Viaja mucho en su trabajo?
Bueno, pues a lo mejor hay ocasiones en las que viajo dos o tres veces a distintos lugares, a los Montes de María, al Chocó, a Nariño, a Cauca, zonas indígenas, zonas negras... Nosotros trabajamos principalmente en cinco departamentos con presencia, que son Meta, Nariño, Cauca, Antioquia y Chocó, todas zonas en donde ha habido un impacto muy fuerte del conflicto. Luego trabajamos en el resto del país apoyando iniciativas de mujeres.
Y a esos departamentos, ¿va en busca de qué?
Son distintas cosas. Buscamos testimonios de mujeres que estén siendo parte de procesos de reparación, las escuchamos y miramos como está respondiendo el Estado ante sus demandas; eso es parte muy importante de mi trabajo. Tenemos programas específicos para los temas de mujeres, para activar rutas de atención a víctimas de la violencia. Para esto trabajamos directamente con la gobernación, con la sociedad civil y con las alcaldías y, entonces, gran parte de mi trabajo es escuchar las historias de las mujeres, que es uno de los temas más duros que yo he vivido en este país, pero que más me ha enseñado y me ha inspirado. Luego trabajamos con el Estado para que responda en la implementación de esas leyes. Somos una especie de puente entre el Estado, la sociedad y las organizaciones de mujeres.
¿Cuál es la mayor preocupación de la mujer colombiana, hoy en día?
Creo que hay dos dimensiones principales. Por un lado, el tema de la violencia contra las mujeres, los datos de Colombia son muy preocupantes. Nos preocupa profundamente que la violencia se reproduce en los hogares, o sea, más del 85% de la violencia contra las mujeres que sucede en Colombia se da fuera del conflicto, sucede en las casas. Hay datos aterradores como, por ejemplo, que el día más peligroso para una mujer en Colombia es el Día de la Madre o los domingos por la tarde, cuando está en su casa con su familia; ahí es cuando hay un mayor nivel de violencia hacia niñas y mujeres al interior del hogar. Entonces, la violencia es un tema en el que creemos que hay que reforzar nuestra inversión en todos los sectores de la sociedad, tanto en la prevención de la violencia como en la atención a las víctimas que han sido violentadas. Un segundo ámbito tiene que ver con todo el tema de la autonomía económica y el liderazgo en los espacios públicos. Es fundamental que en Colombia se invierta mucho más en la autonomía económica de las mujeres, que las mujeres tengan acceso a un empleo digno y formal. Nos parece importantísimo, porque ahí es en donde se rompe también la dependencia y la vulnerabilidad.
"Hay una frase de Eduardo Galeano, que a mí me marcó mucho, él decía: 'el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el reflejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo'".
Una mirada femenina
En sus años de trabajo me imagino que ha conocido mujeres de muchos países.
Yo he conocido mujeres, obviamente, de mi país España, pero también de México. Yo viví muchos años en México y tuve la oportunidad de trabajar con mujeres indígenas de comunidades muy aisladas, mujeres de recursos muy limitados, pero con una visión de la vida muy amplia. Estuve en Ruanda, donde conocí cientos de mujeres que habían sido víctimas de violencia sexual en ese conflicto brutal. Realmente su vida había sido rasgada por una guerra, por haber visto los peores horrores que puede generar la violencia, pero al mismo tiempo con la capacidad de hablar de lo que habían vivido, con la capacidad de imaginarse un cambio en su país y con un nivel de responsabilidad ante las nuevas generaciones que, realmente, me inspiraron y me enseñaron. Son maestras. He conocido mujeres en Asia, en países fuertemente marcados por la tradición o por la religión. Tailandia, Birmania, Nepal, Tíbet... con culturas muy distintas a la nuestra, pero mujeres siempre.
Entre todas esas mujeres, ¿son más las similitudes o más las diferencias?
Una similitud que uno encuentra en todos los países del mundo es que la discriminación hacia la mujer es un tema continuo en la mayor parte de las culturas. En casi todas las culturas las mujeres y los hombres no tienen los mismos derechos y en la mayoría de ellas las mujeres tienen menos derechos que los hombres. Esto lo vemos en Asia, lo vemos en África, lo vemos en América, lo vemos en Europa. Y algo que también he podido observar es que las mujeres desde sus culturas diversas han sido capaces de plantear este interrogante. Yo he podido ver cómo las mujeres de distintas partes del mundo han ido tejiendo su forma de resistir, pero también de transformar a la sociedad.
De esas culturas que ha conocido, ¿cuál ha sido la mujer más empoderada?
En todos los países donde he estado he visto mujeres muy empoderadas, mujeres con una claridad y una visión realmente trascendental o transformadora. Colombia es uno de los países que más me ha impresionado con sus mujeres. En todos los estratos sociales y en todas las zonas del país que he visitado siempre ha habido una mujer que me ha sorprendido por su carisma, por su inventiva, por su arte... mujeres que cantan, mujeres que bailan.
¿Cómo define a la mujer colombiana?
Yo creo que las mujeres colombianas son fuertes, son valientes, tienen mucha iniciativa, van hacia adelante, tienen voz, aun en escenarios donde su voz no ha sido reconocida. Las mujeres colombianas tienen presencia. Uno ve a una mujer colombiana en Caquetá, en Bogotá o en Cartagena y son mujeres que siempre tienen una personalidad fuerte. A mí me impresionan mucho las mujeres colombianas. Imágenes como la de Teresita Gaviria en Antioquia, directora de la Asociación Madres de La Candelaria, organización de amplia trayectoria y reconocimiento en el país que recibió el Premio Nacional de Paz, quien fue capaz de ir a hablar con aquellos hombres que han reclutado a niños para vincularlos a grupos armados. Ella ha ido a hablar con estos hombres y a negociar para que liberen a estos niños. Las mujeres tienen un nivel de valentía realmente sorprendente.
Hablemos de la maternidad, ¿la gran diferencia?
La mujer, además de ser madre, tiene muchas otras identidades que construir. La mujer es una mujer profesional, es una mujer campesina, es una mujer escritora, es una mujer periodista o las identidades que quiera construir. Entonces, eso de la mujer como madre únicamente es una identidad que es importante cuestionar. Para ser mujer no hay que ser madre, como decía Simone de Beauvoir.
La mujer rota.
Sí, y en El segundo sexo, ella decía: “No se nace mujer, se llega a serlo”. Creo que esa frase, muy breve, muy concreta al final, abre todo ese análisis de la identidad de ser mujer y de ser hombre, porque realmente yo tampoco creo que se nace siendo hombre, se llega a serlo. Entonces, ¿de qué manera se construye la identidad de una mujer? En un sentido amplio y con la libertad y el derecho a decir "Yo quiero ser madre" o "Yo quiero ser artista" o "Yo quiero ser médica" o "Yo quiero ser científica". Es una decisión que tiene que tomar con toda libertad una mujer, igual que un hombre.
El voto de la mujer
Hábleme de un avance de lo femenino que ayer no existiera.
Yo creo que hay uno que fue un avance fundamental, aunque desde mi punto de vista tardó bastante; de hecho, lo celebramos recientemente en Colombia, que fue el derecho al voto femenino. Aunque nos parezca increíble hoy, hasta el año 56 en Colombia las mujeres no tenían derecho a votar por el simple hecho de ser mujeres, y fue justamente en el año 57 cuando votaron por primera vez en Colombia, gracias a que ellas exigieron este derecho.
Una mujer detrás de una causa justa.
Josefina Valencia, la gobernadora del Cauca, lideró su departamento dos años antes de la aprobación del voto femenino. Fue la primera mandataria mujer en Colombia y creo que ese es uno de los temas más estructurales de reconocimiento de derechos en términos de participar en las decisiones públicas, porque lo que hemos visto en las sociedades es que los hombres han dominado el ámbito de lo público y el ámbito de lo privado ha sido un ámbito más femenino; de hecho, cuando lo público cuenta con las mujeres en igualdad, lo público responde a la mayoría de la sociedad.
El eterno desacuerdo entre hombres y mujeres. ¿Es el poder?
Bueno, definitivamente hay un tema de poder en todo esto. Sin duda de lo que se trata no es de que el poder pase de un género a otro, sino que se distribuya, esa redistribución es fundamental para el desarrollo de un país. Los hombres no se deberían poner nerviosos con esta redistribución de poder, sino realmente apoyarla porque favorece al conjunto de la sociedad. Tenemos estudios y evidencias que nos indican que cuando hay más mujeres en el mercado laboral, por ejemplo, se incrementa el producto interno bruto de un país, y esos son los estudios que ha hecho el Banco Mundial; entonces no solo es una cuestión de "Démosle un chancecito a las mujeres, pobrecitas", es una cuestión estructural de derechos, pero además es una cuestión de desarrollo.
¿Cómo interpretar hoy la liberación femenina?
La liberación femenina ya en el siglo XXI es una liberación, es un avance hacia la igualdad de derechos sustantiva, ya no es solo que la mujer haya puesto sobre la mesa un cambio de estatus, sino que también haya un cambio en la sociedad hacia el rol del hombre y la mujer. Hemos podido avanzar hacia la igualdad salarial y hacia la participación en lo público. Han surgido leyes que previenen y sancionan la violencia contra las mujeres como un delito. Hay otro montón de avances muy importantes, pero, como decía antes, un tema que a mí me angustia es que todavía, al día de hoy, ningún país ha alcanzado la igualdad plena, y los estudios que hace ONU Mujeres indican que solamente para tener igualdad salarial en el mundo, al ritmo que vamos, tienen que pasar otros 75 años, o sea, hoy por hoy, un hombre gana tres veces más que una mujer, eso es un tema que nos tiene que consternar.
Es muy difícil llegar al nivel ideal.
Yo creo que es difícil transformar a una sociedad que ha sido históricamente patriarcal. Eso no se cambia de la noche a la mañana. No podemos hacer que la igualdad se transforme, si no trabajamos conjuntamente. Hay una frase de Eduardo Galeano, por hablar de hombres que se comprometen con las mujeres, que a mí me marcó mucho. Él decía: “El miedo de la mujer a la violencia del hombre es el reflejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”. Esa frase a mí me parece que refleja todo lo que está detrás de nuestras identidades de género.
¿En qué vamos en ese tránsito del hombre autoritario al hombre compañero?
Jajajaja, pues depende de la sociedad.
Digamos, en Colombia.
Bueno, en Colombia, los datos que tenemos nos indican que todavía hay que trabajar muy duro. El dato que me gusta utilizar es uno del uso del tiempo. El DANE hace una encuesta que mide qué tiempo dedica cada persona, desagregado por sexo, a las labores de la casa y a los hobbies, o a lo que cada uno considere recreación. Hablando de los datos de Colombia, las mujeres dedican tres veces más tiempo que los hombres a las labores de cuidado, de los niños, de la casa y de su entorno, lo cual implica que los hombres en general tienen el doble de tiempo para las labores de recreación que las mujeres. Y en la medida en que tú tienes más tiempo que yo para la recreación o para las cuestiones que te enriquecen como persona, pues evidentemente hay una desigualdad. Esto lo traigo a colación porque me preguntabas cómo va Colombia en términos de ese reconocimiento de redistribución de tareas. Creo que todavía tenemos que trabajar mucho en Colombia por esto. Creo que hay una movilización social que cada vez es más consciente, ya no solo de mujeres que son las que han empujado esto, sino de hombres. Creo que hay una conciencia en el ámbito político normativo, hay unas leyes extraordinarias aquí en Colombia, realmente extraordinarias, para avanzar en derechos y creo que el proceso de paz colombiano es una oportunidad inmensa.
¿Cómo?
Lo hemos visto en otros países. Cuando Ruanda firma su acuerdo de paz, transforma su Constitución y genera paridad en el congreso, en el parlamento. Es el país con el mayor índice de representación de mujeres en el mundo. Utilizaron el momento de la transición de la guerra a la paz para hacer cambios estructurales sobre la igualdad de género, así que yo creo que Colombia tiene una oportunidad para buscar esta reconstrucción de país hacia un modelo más igualitario donde se acelere la representación femenina en el Congreso de la República, hoy con un 22%, cuando las mujeres son casi el 52% de la población colombiana. Entonces, usamos momentos de aceleración como puede ser un proceso de paz o podemos tardar cientos de años más para tener un mínimo nivel de igualdad.
"Creo que las mujeres tienen un sentido de responsabilidad muy colectivo, menos individual y eso tiene un impacto en el cómo se negocian las cuestiones públicas".
El dolor, de lo personal a lo comunitario
¿Cómo impulsan la voz y la participación de las mujeres en la construcción de la paz?
Colombia lleva en conflicto muchos años. ONU Mujeres ha trabajado, en primer lugar, el tema de voces de mujeres víctimas, porque hace quince años la diferenciación del impacto del conflicto entre hombres y mujeres no se distinguía. Lo que ONU Mujeres apoyó, junto con otras organizaciones internacionales, fue dar voz a las víctimas mujeres y que las mujeres víctimas pudieran hablar de lo que ha sido el impacto del conflicto en sus vidas. Se abrió un universo realmente revelador.
¿Sexos distintos, problemáticas diferentes en la guerra?
Sí, por ejemplo, la violencia sexual se comete en casi un 90 % hacia mujeres. Las formas de victimización de los hombres son distintas, dolorosísimas, muchos hombres han muerto, sido reclutados, vinculados a la guerra... Las mujeres han quedado solas con sus familias, entonces eso nos habla de dimensiones distintas. Mi trabajo ha estado muy centrado en que las mujeres puedan narrar su experiencia ante la guerra, pero también su experiencia ante la construcción de paz.
¿Muchos hombres en la negociación en Cuba?
En la mesa de conversaciones de La Habana no había mujeres al inicio de este proceso. Era una mesa de hombres donde se hablaban los temas de la guerra desde un enfoque, del análisis que los hombres hacían. Siempre ha habido mujeres en la retaguardia. Tanto el gobierno como las Farc han tenido un gran número de mujeres trabajando día a día con la generación de informes, análisis, la redacción de los acuerdos, pero no han estado en primera línea, entonces nuestro trabajo se ha centrado en acompañar a las organizaciones de mujeres en demandar esa presencia. Y creo que las mujeres han conseguido que este acuerdo de paz pueda convertirse en un acuerdo ejemplar para otros países del mundo en materia de igualdad de género.
Ya hay mucha más representación femenina.
Hay más representación femenina, hay temas de género incluidos en los acuerdos, hay medidas específicas para que las mujeres participen en la implementación y hay un reconocimiento de que este tema es un tema para la paz. Ahora estamos preparando una segunda Cumbre de Mujeres y Paz que se celebrará el 19, 20 y 21 de septiembre en Bogotá, con quinientas mujeres colombianas, que vienen a analizar todo el tema de pedagogía de paz, implementación de acuerdos y los cambios que tienen que hacer en sus territorios para que la paz sea sostenible.
¿Cuál es la diferencia narrativa entre hombres y mujeres en tiempos de guerra?
Tuve el honor de ser testigo de las audiencias de las víctimas en La Habana, y es un ejemplo de una narrativa diferente. Casi todas las mujeres iniciaban hablando de lo que les pasó a ellas directamente, pero después se vinculaban con el impacto social, familiar, social y comunitario que ese impacto personal tuvo; es decir, no se quedan en su dolor personal, ellas lo llevan a la dimensión comunitaria y eso hace que cuando buscan soluciones, buscan soluciones comunitarias. Eso lo hemos visto en la gran parte de las mujeres que han sido víctimas de este país, tienen un enorme sentido de responsabilidad social.
¿Y la narrativa del hombre?
La experiencia de los hombres es distinta, durísima, dolorosísima. Los hombres tienen a veces muchas dificultades para hablar. Yo creo que las mujeres han ejercitado más el hablar de sus dolencias que los hombres, muchas veces los hombres permanecen en silencio; creo que hay mucho que trabajar con ellos.
El poder de dialogar de ellas
Para esos hombres testarudos ¿qué les decimos? ¿Por qué la mujer es fundamental para la paz de Colombia?
Como decía Bachelet, ¿cómo vas a jugar un partido de fútbol sin la mitad del equipo? Así de simple. La mitad de la población son las mujeres, entonces excluir la mitad de la población no es inteligente, además de que no es justo. Yo le diría a Colombia que le puede mostrar al mundo que hay otra forma de construir una transición en un país. La mayor parte de los países que han estado en guerra no han incluido a sus mujeres para la transición. Colombia puede hacer algo diferente y puede generar un cambio que sirva de ejemplo, de compromiso hacia las mujeres y hombres colombianos, yo creo que Colombia tiene una oportunidad de oro, y no usarla sería un desperdicio histórico.
¿Hay un país modelo de igualdad entre sexos?
Yo creo que es difícil usar un país como modelo en estos temas, lo que hemos visto es que en países del norte de Europa sí está avanzado el nivel normativo y en derechos sociales. Suecia, Noruega o Finlandia son países donde las leyes de igualdad llevan muchos años de andadura. Cuando nosotros estudiamos el tiempo que le dedicamos tú y yo al cuidado en el hogar, resulta que yo triplico el tiempo que tú dedicas al cuidado en el hogar. En el caso de estos países se ha redistribuido de un modo importantísimo. Yo creo que han conseguido tener la visión de que sin una igualdad es imposible tener desarrollo económico y social completo. Pero todavía no hay ningún país del mundo que haya alcanzado la igualdad plena, esto es una realidad.
Más pausa, más observación, más curiosidad, ¿cualidades muy femeninas?
La feminidad tiene sin duda esas cualidades, pero creo que no se puede hacer un juicio absoluto de que todas las mujeres son así. Sí creo que las mujeres, por lo general, cuentan con una capacidad de relacionamiento amplio, de observación y de relacionar distintos elementos en el escenario donde se encuentren. Eso lo he observado en escenarios de política. No todas las mujeres, pero hay una tendencia a que las mujeres busquen consenso; por ejemplo, en el tema de paz, es muy interesante porque hemos estudiado todos los procesos de paz del mundo.
¿Cuántos procesos de paz hay en el mundo?
Bueno, desde el año 91 Naciones Unidas ha estudiado más de 650 acuerdos de paz en todo el mundo. Los datos demuestran que, en los casos en que las mujeres han tenido mayor influencia en procesos de negociación de paz, hay mayores posibilidades de que se llegue a un acuerdo, y si su participación continúa durante las etapas de negociación y de posconflicto, la probabilidad de que los acuerdos duren al menos quince años se incrementa en un 35%. Una de las variables que ha influido en que el acuerdo se haya firmado y sea sostenible en el tiempo ha sido la presencia y participación de mujeres, tanto en la mesa como en la sociedad; es decir, organizaciones de mujeres y organizaciones sociales que han sido partícipes de la implementación de esos acuerdos. El valor de la presencia de las mujeres ha tenido un impacto directo en la sostenibilidad, y esto se explica porque las mujeres han puesto sobre la mesa cosas muy importantes, por ejemplo cuestiones sobre reconciliación, sobre perdón, sobre educación. Yo me cuido de generalizar, pero creo que las mujeres tienen un sentido de responsabilidad muy colectivo, menos individual, y eso tiene un impacto en el cómo se negocian las cuestiones públicas.
¿Hay alguna diferencia en la manera de resolver problemas entre una mujer que un hombre?
Sí, yo creo que hay distintas formas de acercarse al problema, dependiendo de la mujer y del hombre, obviamente. Pero es verdad que en muchas ocasiones vemos que las mujeres necesitamos un nivel de entendimiento y de diálogo sobre las cosas que suceden, no darlas por sentado, sino poder dialogar, poder profundizar, poder entender las causas de lo que sucede para poder trascenderlas. A veces, los hombres tienen un sentido quizás más inmediato de la resolución de un problema, entonces por eso creo que la combinación entre los géneros es sumamente importante al aproximarse a un problema; de hecho, buscamos un balance de género, porque he observado de primera mano que si solo trabajamos mujeres juntas o solo hombres juntos se pierde una gran cualidad del otro género con respecto a abordar un problema.
¿Cuando no hay hombres qué se pierde?
Yo creo que los hombres, en lo que yo he visto de nuestros equipos, a veces traen un poco de mesura, de realismo ante un tema específico. Son más pragmáticos en muchas ocasiones. Muchas mujeres juntas, en ocasiones, tienen esta visión muy amplia, muy ambiciosa, y la combinación con una mirada más pragmática es muy útil.
¿Y cuando una sociedad o un grupo de trabajo es muy masculino?
Pues mira yo eso lo he vivido mucho, porque cuando empecé a trabajar, en puestos o situaciones de responsabilidad desde muy jovencita, estuve en espacios muy masculinos y con hombres mayores. ¿Qué he observado yo allí? Que la forma de comunicarse cuando hay muchos hombres juntos es distinta, juega mucho la palabra y la forma de hablar, entonces hay un discurso muy sistemático, muy sustantivo. A veces las mujeres explicamos una misma situación con un lenguaje más amplio, más abierto, menos asertivo, entonces esos escenarios de hombre me han resultado retadores en muchas ocasiones, porque tienes que poder comunicarte para que ese colectivo te entienda y te respete.
¿Es como si los hombres habláramos en blanco y negro y ustedes con más colores?
Es una buena metáfora.
Fotos: Daniel Álvarez.