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Adriana Suárez: "nunca me imaginé ser tan ejecutiva"

La directora de Invest in Bogotá es una mujer sencilla que viste los viernes de jeans para darle la bienvenida al fin de semana.

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Por Diana Carolina Cantillo E.
02 de junio de 2011
Adriana Suárez: "nunca me imaginé ser tan ejecutiva"

Adriana Suárez: "nunca me imaginé ser tan ejecutiva"

Pero no perdona ponerse tacones. Con poco maquillaje y con sus diminutas pecas, Adriana Suárez es la dama que seduce grandes inversiones para la capital colombiana.

Adriana Suárez es una mujer ejecutiva, ocupada, moderna y exitosa en un escenario en el que se cree que los hombres son los más competentes. “No se puede y no soy capaz”, son frases que ella no resiste escuchar y que prometió nunca decir. Reto y desafío son sus palabras más comunes. Asegura que ha realizado muchos papeles en su vida pero “nunca de modelo”. Sin embargo, en esta ocasión posa para ELLAS.

Mientras sigue las instrucciones del fotógrafo en su mente pasan flashes de sus próximas reuniones y compromisos con empresarios extranjeros, a quienes convencerá –victoriosa- de los beneficios que tendrán sus negocios al establecerlos en la capital colombiana. Esa es su misión como directora de Invest in Bogotá.

Esta compañía funciona como una agencia de promoción de inversiones, que busca atraer capital extranjero a Bogotá de empresas dedicadas a la producción audiovisual, servicios de valor agregado (Tics, BPO y QPO) y otros relacionados con la industria del petróleo y el gas, y el turismo corporativo. Adriana llegó a Invest in Bogotá en noviembre de 2010 para ocupar el lugar de Virgilio Barco Isakson, quien fue director de la institución desde 2006, año el que fue fundada.

Para contar cómo llegó hasta este puesto se remite a un concurso público al cual aplicó, junto con cientos de personas. Su trabajo durante dos años en Proexport como gerente de promoción de inversión extranjera le otorgó la experiencia y la astucia suficiente para ser la más opcionada.

Cuando pequeña Adriana se imaginaba organizando, administrando y generando soluciones. “Nunca me imaginé ser tan ejecutiva, pero siempre quise organizar cosas. En el colegio siempre me encargaba de los paseos, las izadas de banderas, el prom y la excursión”. Incluso, a pesar de su poco tiempo libre, busca la manera de que sus amigos del colegio no pierdan contacto, organizando reuniones y salidas.

Adriana nunca le ha perdido la pista a sus compañeros, ni siquiera cuando decidió irse, en 1999, a Francia para estudiar historia del arte. Una decisión que parecía una locura porque no hablaba francés y, además, porque acababa de graduarse como administradora de empresas.

Al graduarse como historiadora de arte -y ya hablando el idioma, decidió huir de lo que ella llama “el inconformismo francés… de gente que lo tiene todo y vive deprimida” para volver a su país, donde las personas “tienen miles de problemas pero siempre están felices, sin importar los retos y las condiciones en las que se encuentren”.

Volvió a Colombia a convertirse en la secretaria privada de la entonces ministra de Comercio Exterior Martha Lucía Ramírez, una mujer a la que Adriana no sólo estima y respeta, sino “a quien le debo mucho de lo que soy ahora”. Su aprecio no es para menos. En 2001, el Ministerio envió a Adriana como negociadora en la misión colombiana ante la Organización Mundial del Trabajo (OIT) en Ginebra, Suiza. Eran sólo ella y cuatro personas más, entre las que se encontraba el actual director del Departamento Nacional de Planeación, Hernando José Gómez.

Desde que empezó a trabajar -a eso de los veinte y tantos-, su jornada empieza a las 5:00 a.m. pero no sabe a qué hora termina. Sin embargo, saca tiempo para hacer un poco de ejercicio, dedicarle momentos a su familia, amigos y al “amor de su vida”, su novio, de quien dice estar “felizmente enamorada”.

Los negocios no tienen tregua, ni edad. Así como el amor. Por eso, a sus 36 años, asegura que todo en la vida tiene un costo, que es soltera precisamente por la ambición de ser una mujer exitosa, independiente y autosuficiente, retos que, según ella, ya fueron obtenidos pero que aún no se cansa de cosecharlos. Adriana está convencida de que su vejez la pasará en compañía de su familia, una tarea que aún no tiene fecha ni calendario.

Confesiones

Color: soy blanco o negro. Una película: soy pésima para el cine… pero me encantó Río.

Un libro: The tipping point de Malcolm Gladwell.

El Futuro: una familia y en el sector privado.

Amor: la combinación de felicidad, pasión y comunicación.

Belleza: la naturaleza.

Feminidad: sensualidad, suavidad y sensibilidad.

Algún sueño no cumplido: todos los he realizado. Pero creo que me caería bien una año sabático.

Por Diana Carolina Cantillo E.

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