
“Al balón pequeño y pesado de microfútbol le debe su potencia” Freddy Walter Guarín
El fútbol tiene una vara mágica. Y a mi hijo el fútbol con esa vara lo tocó. La pasión por este deporte es una herencia de mi papá. Mi papá y yo jugamos fútbol a nivel aficionado, y esa fue la herencia que le supimos dar a mi muchacho, para que haga las cosas bien, para que saque adelante a su familia y las metas que tiene por cumplir. Él me la transmitió a mí y yo a mi muchacho.
Hubo un momento en que yo jugaba de delantero y Freddy, cuando empezó, también lo hacía de delantero. A medida que fue pasando el tiempo, me fui consolidando como un volante de primera línea y, coincidencialmente, a él también lo fueron cambiando a volante de primera línea. Sucedió en la Selección Colombia Sub 17.
Cuando por trabajo me trasladaron a Bogotá, yo me lo llevaba a los entrenamientos y partidos empresariales. Yo hacía parte de la nómina de Adpostal. En los calentamientos, Freddy hacía los movimientos que yo practicaba con los compañeros. Nos imitaba, no se preocupaba por el balón sino por los ejercicios en movimiento.
Mi hijo aprendió primero a jugar microfútbol. Al balón pequeño y pesado le debe su potencia. De Bogotá regresamos a Puerto Boyacá; en el colegio no salía de las canchas de microfútbol. Cuando nos mudamos a Ibagué, él se tomó en serio el sueño de ser futbolista. Yo le soy honesto: nunca he visto a nadie jugar al fútbol como lo hacía él. Tenía actitud, agilidad, ganas y hoy en día, próximo a cumplir 29 años, sigue igual, porque esa es la vida de él. Desde los 9 años decía que iba a ser futbolista profesional.
Al pisar una cancha se transforma. Sacó eso de mí, porque es la vida de él. No le gusta perder, se entrega como yo, a tal punto que pelea más con los compañeros que con los rivales. Si pierde, quiere perder con las botas puestas.
Nosotros vivimos agradecidos con Bogotá porque nos hospedó ocho años; con Ibagué porque en el Cooperamos Tolima mi muchacho se formó como futbolista; con Deportes Tuluá, que lo tuvo en el 2002; luego en el Atlético Huila, donde debutó en el profesionalismo con 16 años. Finalmente, debo hacer una mención especial a Envigado, su segundo club en el fútbol profesional colombiano.
Un día, en el Huila, el profesor Bernardo Redín le dijo a Freddy ¿usted quiere entrenar con la profesional? Y mi pelao, como si estuviera jugando un partido, le respondió, mirándolo a los ojos: “profe, yo no quiero entrenar con la profesional, yo quiero jugar con la profesional”. Tenía 16 años, estaba en divisiones menores. Desde entonces lo ha caracterizado su confianza, que es muy fuerte. Nunca se me olvidará esa anécdota, me la contó el propio Redín y yo a veces se la recuerdo a Freddy y no más se ríe. Las palabras, como el fútbol, tienen mucho poder”.
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