
El pasado 8 de marzo, millones de voces se alzaron a través de las redes sociales, plantones y actividades para ratificar el compromiso con una lucha que está lejos de acabarse: la de la garantía absoluta de los derechos de la mujer. Las cifras salieron a flote, muchas de ellas desgarradoras, pero sobre la problemática se sentía un halo de perseverancia y compromiso. Sin embargo, como tantas otras problemáticas de la sociedad colombiana, ese compromiso quedó sepultado por la euforia que despierta en este país el fútbol.
No tengo nada en contra del fútbol, aunque no soy hincha de ningún equipo nacional o internacional, sí disfruto, me emociono y hasta grito cuando los chicos de la selección sudan la camiseta y dejan todo en la cancha por la victoria. Siento como de la familia a David Ospina, a James Rodríguez, a Juan Guillermo Cuadrado y sí, lo reconozco, a ‘Miñía’ a quien consideraba el alma fiestera del grupo. Me derretí de amor cuando en el mundial celebraban una anotación al son del ras tas tas y lloré cuando el sueño del Mundial había llegado a su fin. Hasta fui una de las miles de personas que se congregaron en las calles de Bogotá para recibir al equipo que llegó más lejos en un mundial en la historia del futbol en Colombia.
Imagino que la gran mayoría de colombianos, mucho más hinchas del fútbol que yo, sentirán algo parecido por esa selección llena de ídolos que nos han llenado de alegrías. Porque ellos se han convertido en los ídolos de la juventud. Los niños quieren ser Falcao, quieren ser James, quieren ser Armero, y hasta imitar sus celebraciones. Es por esto mismo, que se me arrugó el corazón cuando hace un año (el 31 de mayo de 2016 para ser exactos) me topé con la noticia de que Pablo Armero había sido arrestado en Miami por agredir a su esposa. Un caso que, al parecer, no se trataba de un comportamiento aislado.
Se me cayó el ídolo.
Pero mi decepción se reavivó hace algunas semanas. Se dio a conocer la nómina que enfrentaría a Bolivia y Ecuador en una nueva ronda de eliminatorias para el mundial de Rusia 2018. Pablo Armero estaba en la lista. En los medios se especulaba si era correcta la decisión de José Pékerman, pero nadie se atrevía a dar una respuesta contundente. Y fue entonces cuando Andrea Guerrero, periodista de RCN, habló.
“Futbolísticamente estoy sesgada. Me parece una falta de respeto que Pablo Armero sea parte de la selección en este momento. Creo que una persona, un futbolística tiene que ser íntegro. Terry tuvo consecuencias en Inglaterra, acá no podemos ser tan doble moral que para lo que nos conviene sí importa la vida personal, pero para lo que no nos conviene, no. Espero que no se lo tome personal Pablo Armero, pero yo como mujer les quiero decir que me siento agredida por su convocatoria, no comparto que, en mi selección, la que tiene mis ídolos, tenga un hombre que maltrató a su mujer”.
Y mientras aplaudía su coraje, quedé muda ante las reacciones que esta declaración generó en su contra.
‘Que es la vida privada del futbolista’, ‘que lo que importa es que es un buen jugador’, ‘que era una ficha clave para avanzar en las eliminatorias’, que… que… Y yo me pregunto, ¿aquí lo único que importa es ganar un par de partidos? ¿Así eso implique que en el equipo donde están los ídolos de los colombianos, se encuentre un hombre que agredió a su pareja? Y la respuesta es SÍ. Aquí no importa la esposa de Armero, no importa que Andrea Guerrero haya sido blanco de todo tipo de insultos y hasta amenazas de muerte por haber ejercido el derecho a la libre opinión. Aquí lo que importa es la alegría que trae la victoria, porque esa alegría es muy grande.
Según cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, durante el año 2015, se registraron 47.248 casos de violencia de pareja en Colombia siendo las mujeres, la población más afectada (86, 66%). En el 47,27% de los casos, el presunto agresor es su compañero permanente y en un 29,33%, su excompañero.
“La violencia de género no se puede tolerar, y mucho menos premiar a sus victimarios. Este tipo de violencia actúa como un insaciable depredador de niñas y mujeres en Colombia y en toda la región. La coyuntura o debate que se ha desatado a partir de este caso no es aislada, se debe en gran medida a la cultura e idiosincrasia machista que se desencadena cotidianamente en los hogares, en las calles, y por supuesto en los medios de comunicación. Se debe a prácticas culturales subyacentes que suelen basarse en estereotipos de inferioridad, dominio, y control de las mujeres frente a los hombres. Dichas prácticas y prejuicios acerca del 'rol' de la mujer se encuentra, lamentablemente, sumamente arraigado en la sociedad, y ello facilita que se acepte o naturalice la violencia de género”, señala Carmen Cecilia Martínez, directora legal regional de Women´s Link Worldwide.
Pero aquí seguimos legitimando la violencia contra la mujer. Seguimos justificando la agresión. Lo de Armero es solo un caso. No hay que exagerar. Esas tales cifras del Instituto Nacional de Medicina Legal no existen. Aquí lo único que se contabiliza son el número de goles que marca nuestro equipo. ¿Por qué? PORQUE SOMOS UN PAÍS MACHISTA.
Y la cereza que le faltaba al pastel, es que medio mundo se haya ido en contra de Andrea Guerrero, quien solo expresó su opinión dentro de su legítimo derecho, cuando el mundo entero debió irse en contra de esta decisión de Pekerman, por mantener en lo alto de un pedestal a un hombre que expresó su opinión agrediendo a una mujer. ‘A su mujer’.
¡Pero lo importante es que le ganamos a Bolivia y vamos por Ecuador!
Y nos vemos en Rusia el próximo año.