Aruba, un universo fascinante

El fondo del mar de Aruba es un universo fascinante habitado por peces, corales y naufragios. Pero para disfrutar la isla no es necesario sumergirse.
Aruba, un universo fascinante

Al MS Antilla, submarino nazi anclado entonces en las costas de Aruba, le dieron 24 horas para rendirse. Era la Segunda Guerra Mundial y su país, Alemania, acababa de invadir Holanda. El capitán Schmidt, ante el ultimátum, prefirió hundir la moderna nave antes que verla en manos enemigas. Todos los tripulantes fueron llevados prisioneros a un campamento en Bonaire (hoy convertido en resort). El Antilla, 70 años después de su hundimiento, está cubierto de coral y es el hogar de esponjas tubo, lábridos de colores, peces ángel, langostas, crinoideos, algas y anémonas de mar.  Es uno de los símbolos de Aruba y el sueño de muchos buzos (aunque no es lo ideal, también se puede explorar con snorkel).

Otro naufragio, muy cerca del Antilla, es el Pedernales, un tanquero que tras ser golpeado por un torpedo quedó reducido a pedazos. Militares estadounidense se llevaron las partes que quedaron en mejor estado y construyeron una nave más pequeña que fue utilizada en Normandía. Lo demás, los restos, la parte media, está desperdigada por ahí para explorar. Además de barcos, en el fondo del mar de Aruba, a unos 12 metros de profundidad, hay aviones que fueron hundidos con el fin de crear un arrecife artificial para complementar su ya privilegiada naturaleza submarina.

A Aruba no solo llegan buzos medio morbosos con ínfulas de Jacques Cousteau (como yo). Por los fuertes vientos llegan los amantes del windsurf, también pescadores profesionales, parranderos, jugadores de casino, parejas en luna de miel, hordas de jubilados con frío, estudiantes en excursión, muchos  y muchos cruceros. Esta isla, a un salto de Venezuela, atrae a tantos por sus playas, por estar lejos del camino de los huracanes, por sus resorts, su buena comida, las compras y, aunque suene a una razón sacada del diccionario del cliché, porque su gente –feliz como suelen ser los isleños– gira alrededor del turista.

El 20% de Aruba hace parte del Parque Nacional Arikok. Es un lugar ideal para caminar, conocer la fauna y la flora de la isla. En el Parque se encuentran las cuevas Fontein, famosa por sus dibujos rupestres, y Quadiririki, quizás la más popular por su tamaño y por la abundancia de murciélagos. También una de las joyas naturales de Aruba: Cura di Tortuga o Conchi, como le llaman los locales a la piscina natural que forman las rocas volcánicas (encontrarla es, en sí mismo, una aventura).

Recuerde que Aruba, aunque esté ubicada en el Caribe, hace parte del Reino de los Países Bajos. ¿Y qué? Pues que la cerveza local es cerveza holandesa, paisana de Heineken y Grolsch. La Balashi es una cerveza tipo Pilsen fabricada en Aruba con malta escocesa y lúpulo alemán.

El burro, aunque no es autóctono de la isla, fue por varios siglos el principal medio de transporte de Aruba. La llegada de la modernidad y una enfermedad en los años 70 redujo la población de burros a 20, extinguiéndolos casi por completo. Ahora hay un santuario dedicado a su cuidado donde los visitantes pueden alimentarlos y consentirlos. Parece un chiste pero visítelo, sobre todo si va con niños, y verá que no lo es.

 

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