Y usted ¿qué tipo de twittero es?

Ciento cuarenta caracteres dicen más de la personalidad que una sola imagen. Dime qué escribes y te diré quién eres. Esa es la nueva psicología del Twitter
Y usted ¿qué tipo de twittero es?

 El ex presidente Uribe, el amado Juanes, la controvertida Piedad Córdoba, la sensual Shakira y, como diría Noemí Sanín en su campaña política, María, Pedro, Juan… Todos se han dejado seducir por la “twittermanía”. Es una fiebre que cada día cobra más adeptos y que para algunos llega a representar un cordón umbilical con el mundo, una posibilidad para expresar abiertamente lo que hacen, la única manera de gritar lo que quieren, con sólo teclear en su teléfono móvil o su computador. Un papayazo que regaló la tecnología a quienes no quieren ser censurados y que, gracias al Twitter, sólo se ven limitados por un espacio de 140 caracteres que es lo permitido en el sistema a la hora de colgar un tweet, ese que le permite saber al resto del mundo “en qué anda” y qué piensa, y que a su vez le permite saber al twittero lo que tiene en su cabeza el vecino, el familiar, o un desconocido del otro lado del mundo.

Desde enero de 2009 hasta hoy, el número de tweets enviados ha crecido en un 1.400 por ciento. En la actualidad se calcula que son 50 millones de tweets los que se generan cada día. Twitter se considera una revolución de los medios de comunicación, la más innovadora de las redes sociales, ya que el usuario no sólo se ve beneficiado por las personas que conoce, sino también por las que no conoce. “Muchos piensan que la unión de celulares y redes sociales como las de nano-blogging podrían constituir, por su carácter instantáneo, una verdadera revolución en los sistemas de seguridad y alerta ante emergencias” afirma Juan Carlos Lucas, director de la empresa consultora Innova.

Los mensajes, como en botica, son de todos los colores y calibres. Van de lo más light a lo más intelectual, pasando por lo más político, como sucedió en Moldavia, donde una mujer con un mensaje de 140 caracteres convocó a más de 20.000 personas para protestar en contra del Gobierno, acusado de fraude electoral en el 2009. Y, claro, también los hay faranduleros: Alejandro Sanz, en días pasados, le pidió permiso al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, para hacer un concierto en su país. Y Paulina Rubio, la chica dorada, les pidió a sus seguidores en Twitter ideas para su heredero que está a punto de nacer: “¡Va a ser NIÑO! ¿Alguna idea de nombres?”. Sí, al igual que la mujer que le canta al despecho y al amor, millones de personas amantes del liveblogging o de la “transmisión en directo de sucesos”, andan buscando a quién seguir, o esperando ser seguidos por otros. Sin ánimo de juzgar sino de revisar posibilidades válidas y respetables, aunque no por ello consideradas las más sanas emocionalmente, echemos un vistazo de las motivaciones que mueven a quienes se han hecho fans de este fenómeno de comunicación. ¿Cuál de ellos es usted?

El twittero show off

Se trata de un personaje que sólo está motivado por una necesidad imperante de figurar. Tiene un carácter marcadamente vanidoso, y es por ello que sus publicaciones están centradas en sus logros y posesiones. Además, revisan con total cuidado a quién aceptan como seguidor, y a quién siguen. De alguna manera aplican al pie de la letra el dicho –modificado– que reza: “dime a quién sigues en Twitter y te diré quién eres”. La espontaneidad no es propia de sus comentarios, y a diferencia de quienes están desprovistos de “la pose”, jamás publicará sus sentires más cotidianos, sino más bien una frase bien construida, acorde con su producida actitud de vida.

Esta actitud podría considerarse como reafirmación neurótica de su actitud vanidosa, replicada ahora en una red social que se convertirá en una manera adicional para seguirse midiendo a través de la validación que hacen los demás de sí.

El twittero dedisuelto

A diferencia del vanidoso, este sí va poniendo en la red lo que se le viene a la cabeza, o a los dedos, para ser más exactos. Este usuario no tiene un filtro entre su cabeza y sus manos; cualquier idea que se le atraviese, la publica. Igualmente, no dispone de filtro entre el corazón y sus pulgares, pues también mantiene informado al mundo entero de sus estados emocionales. Si se trata de un carácter más bien “quejón”, colgará en la red cada uno de sus pesares; si se trata de un neurótico, manifestará a cada hora del día sus inconformidades con el mundo que le tocó vivir.

Aunque estas redes sociales abren espacios para comunicar con total apertura lo que se quiere, tampoco es prudente colgar la vida privada para recibir opiniones diversas. Si bien pueden responder rápidamente a la necesidad de atención que tienen los que publican sin contención sus realidades emocionales, es probable que, a su vez, confundan la cabeza del emisor del mensaje.

El twittero pirómano

No da puntada sin dedal. Cada cosa que escribe pretende provocar, incendiar, iniciar polémica y, en algunos casos, destruir al otro. Utiliza la ironía y el humor negro para poner en evidencia lo que ellos consideran “la verdad”, y suele provocar daños en la vida y honra de otros personajes, o por lo menos tener encima la atención de sus seguidores. En este caso sí que resulta importante revisar las motivaciones del twittero: ¿es acaso la envidia por el otro, o su baja tolerancia al éxito ajeno? ¿Se esconde detrás de estos incisivos dedos la sensación de ser incapaz de brillar por acciones propias, y más bien la necesidad de buscar atajos para “aparecer” aunque sea para protagonizar escándalos?

El twittero tótem

Es un sabelotodo que, a diferencia de quien expone abiertamente sus emociones, se la pasa haciendo teorías en los 140 caracteres que tiene a su disposición. Se cree el rey del saber, y alimenta su ego a partir de las ovaciones de sus seguidores. También subestima a los demás twitteros, y casi los sigue para despotricar de sus bajos alcances intelectuales. Todo le parece light y su capacidad compasiva puede verse reflejada en la dificultad que tiene para bajarse del trono de gran erudito. ¿Será que la vida está hecha sólo de teorías y grandes ideas?

El twittero shakespeareano

Es el bacán del Twitter. Se pasa el día contando a sus seguidores sus dificultades más cotidianas: “Me acabó de subir a un taxi y el conductor está mascando palillo, ¿acaso debería pedirle que deje de hacerlo?”. O cosas como: “Estoy en modo vacaciones, ¿qué pega más: Providencia o Cartagena?”. Todo lo que cuelga enuncia una pregunta o una descripción de la vida cotidiana, que si bien no le aportan nada a uno de su seguidores tipo “tótem”, sí le saca un sonrisa a más de uno. Y de eso se trata finalmente, de gozarse estas herramientas que la tecnología nos regala. No son nocivas per se; más bien, se transforman en monstruos dependiendo de las necesidades de sus usuarios. Si usted es un tipo sano, con una vida equilibrada en la que su conciencia está activa, se acercará al Twitter con esa actitud. De lo contrario, si su estado emocional está cargado de necesidades insatisfechas, se acercará al Twitter esperando satisfacer esa neurosis: el “show off”, luciéndose; el “dedisuelto”, suplicando compasión; el “pirómano”, logrando atención; el “tótem”, reafirmando que la vida es una ecuación mientras se aleja del goce cada vez que alguien celebra su brillantez.

En fin, revise desde dónde y para qué se acerca usted al Twitter, y pueda que al hacer conciencia de ello, empiece a revisar qué tanto hay de usted en la manera como usa sus dedos.

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