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Betty Cárdenas, la mujer que llena los parques con mariposas de paz

«Lo importante es quitarles los espacios a los violentos, exigiendo con la presencia activa de la comunidad en sus parques, el respeto por la vida de la mujer.»

Por Carlos Eduardo Barragán Rozo
08 de abril de 2015
Betty Cárdenas, la mujer que llena los parques con mariposas de paz
Betty Cárdenas, la mujer que llena los parques con mariposas de paz

Betty Cárdenas, la mujer que llena los parques con mariposas de paz

Los días 15 de cada mes, Betty Cárdenas y un grupo de actores, pintores, músicos y cantantes se toman el parque La bailarina, en el sector del Poblado, en Medellín. El montaje artístico comienza después del medio día cuando los obreros de la Alcaldía de la ciudad arman las carpas para albergar a los invitados y visitantes, a quienes esta mujer de 52 años recibe como la mejor anfitriona.

Seis años atrás, en este mismo parque, su hija Isabel Cristina Restrepo, una talentosa bailarina de ballet clásico, fue asesinada. Pero ahora, gracias a la obra y la gestión de Betty, los artistas le rinden tributo a la vida y les notifican a los violentos que en ese lugar ya no tienen cabida.

La muestra de arte arranca cuando Betty, la mamá de la bailarina, pende de un árbol un “tutú” de ballet, del que a su vez cuelga cuatro cintas rojas, que representan las cuatro heridas con puñal que cegaron la vida de su niña. En ese momento comienza también la transformación de su dolor en arte. 

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Y recuerda que ese fatídico 14 de julio, “Tita”, como le decía de cariño a su hija, le comentó que debía acompañar a una de sus jefes a un tour nocturno por la ciudad. El paseo terminó en el exclusivo parque El Poblado, donde se despidieron entrada la noche. 

Isabel Cristina se quedó un rato más con sus amigos de universidad, quienes le prometieron llevarla a casa. No hay mucha claridad sobre lo que sucedió después, solo que de un momento a otro un desconocido llamó a Isabel a un lado, ella acudió y después nadie la volvió a ver. 

La siguiente imagen en el relato de Betty se ubica a las tres de la mañana, cuando recibió una llamada en la que el dijeron que su hija había sido gravemente herida en un parque cercano al Poblado. Minutos más tarde en la clínica, madre e hija se vieron a los ojos, se tomaron las manos y la bailarina, como queriendo tranquilizar a su mamá, le dijo que se despreocupara porque no la habían alcanzado a violar…  A las 9 la mañana un médico notificó su descenso.

Aunque el asesino de Isabel fue detenido y confesó su crimen para rebajar la pena, nadie sabe en realidad por qué ocurrió el crimen. Betty dice que hoy lo importante es quitarle esos espacios a los violentos, exigiendo con la presencia activa de la comunidad en sus parques, el respeto por la vida de la mujer. Ese es el objetivo de la Fundación Alas de Mariposa, que dirige. 

Ella como pintora, dirige los fines de semana un taller para fabricar mariposas en origami. El día que la visitamos para conocer la historia Isabel Cristina, más de 30 personas se reunieron para aprender hacer más de cinco mil figuras de papel que pegarían en los árboles de los parques de Medellín, en donde los violentos han sembrado muerte y dolor. La obra artística que lleva tres versiones se llama “Flúturi, la migración mundial de las mariposas por la vida de las mujeres”.

 

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Betty cuenta que la idea nació el día que una mariposa de colores vivos se posó en el balcón de su casa y sintió la presencia de su hija. Ella, como artista, decidió transformar esta sensación en una instalación artística que hoy ya es una acción colectiva, porque en la exposición de noviembre pasado participaron más de 15 ciudades en Colombia y capitales de seis países.

Esta mujer, especialista en arte-terapia, dice que “Flúturí” está compuesta por decenas de artistas que han sumado sus talentos para promover una idea de paz: que los ciudadanos desarrollen su sentido de pertenencia y entiendan que al ocupar los espacios públicos con arte se genera seguridad para todos. 

Y, claro, es también la manera de encontrar paz interior, esa que le permite perdonar aunque nadie le haya pedido perdón.

Por Carlos Eduardo Barragán Rozo

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