Carta de Juan Sebastian Fernández
Para escribir una carta de amor, primero vaya a su estudio o a su cuarto, o siéntese en el comedor, si es allí donde mejor está; fúmese un cigarrillo Piel Roja, beba una limonada en aguadulce o abra su álbum de chocolatinas Jet. Busque una libreta, una servilleta o reconcíliese con el reverso del recibo del cajero, si todavía no lo ha hecho barquito de papel; tome un lapicero que le guste, ensaye la caligrafía y sienta el sudor en sus manos, sienta que todas las palabras del mundo quieren irse de su cuerpo, quieren irse por la boca, por el pez, por los dedos. Y escriba. Escriba con lentitud, de memoria, de corrido. Escriba con miedo, con angustia, con felicidad, con bravura, escriba con valentía y después espere. Tómese un respiro y piense en la persona que le recorría los sentidos mientras escribía. Vuelva a leer, tache, corrija. Espere. Sienta la ansiedad o la tristeza apoderarse de usted. Sienta los pedacitos de las cartas de Juan Rulfo a Clara Aparicio, pasar debajo de sus párpados, como pequeños fragmentos grabados en cintas magnéticas: “He llegado a saber, después de muchas vueltas, que tienes los ojos azucarados. Ayer, nada menos, soñé que te besaba los ojos, arribita de las pestañas, y resultó que la boca me supo a azúcar, ni más ni menos, a esa azúcar que comemos robándonosla de la cocina, a escondidas de la mamá, cuando somos niños”. Espere, y, por último, doble el papel y échelo a navegar, porque si cada persona es un museo, cada carta también lo es. Aquí, una pequeña exposición:
1899
Adonías Bravo le escribió una misiva a Judith Etelvina Santander, o Chinita -como le decían todos-, donde le contaba que quería compartir su vida con la de ella. Esta fue la primera respuesta que recibió. Pasto, 16 de diciembre de 1899.
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Mi querido Adonías:
Mucho tengo que agradecerle las demostraciones de amor y cariño que U. me hace porque veo que ellas nacen de un noble procedimiento, digno solo de jóvenes como U. El afecto que yo he tenido y tengo por U. es grande, franco y sincero, y creí que hasta aquí solo llegarían nuestras relaciones de amistad, más hoy veo que U. trata de pasar adelante con la propuesta que se ha dignado a hacerme con lo cual ha venido a intranquilizarme terriblemente.
Como el asunto es demasiado serio, necesito pensarlo mucho, en calma, con la cabeza y el corazón, por esta causa he puesto en conocimiento de mis padres su propuesta, porque U. ve que estos son los confidentes más leales al corazón de una hija.
Al no haber procedido así, habría faltado a los deberes que impone la naturaleza, y me habría hecho criminal, despreciando la confianza que ellos me han dispensado. Después de una profunda calma, de oír los dictados del corazón y los consejos de mis queridos padres daré a usted mis respuestas. Si esta fuere afirmativa irá con la franqueza que U. habrá notado en esta su amiga; si fuere negativa, también será franca e irá acompañada de un testimonio de gratitud, por el honor que U. me ha hecho de creerme capaz de labrar su felicidad.
La situación de mi papasito es un motivo para que mi mamita no pueda emitir ningún parecer, pues toda la familia se encuentra atribulada. Antier quise hablar con mi papasito y fue imposible; cuando ya hable con ellos le daré cuenta a U. pero a la vez porque debo decirle con verdad que tratando el asunto con la delicadeza que U. ha principiado no hay razón para decir las cosas a ocultas, y yo por lo menos así procederé con U.
Termino, mi querido Adonías, deseándole mil felicidades y que tenga en cuenta el real y verdadero afecto de su invariable amiga.
J. E. S.
1995
De Dora Cecilia López, desde Apartadó, para Carlos Maya, en Montería, con dibujitos de Trini, su primera hija, cuando ya la segunda, Paulinda, estaba en camino. Septiembre 18 de 1995.
Amor:
Recibe un abrazo muy grande y muchos besos de parte nuestra.
No imaginas cómo te hemos extrañado. A veces me pongo a pensar cómo una persona se puede convertir en algo tan indispensable para poder vivir y sentirnos normales.
Recordamos tu presencia en cada rinconcito de la casa y con la niña que no olvida ni uno solo de tus gestos y palabras, así dice: papi… mi papá dijo esto o aquello.
Amor, cuando tú estás no siento tanto miedo a la noche, o a las tempestades y todo se hace más llevadero.
Dios quiera que nos podamos reunir pronto y que tú empieces a trabajar, tengo la esperanza de que volverás a triunfar. Tú sabes que yo no te exijo lujos ni cosas innecesarias, por eso trata de organizar lo que puedas.
Mis deseos y mis ruegos a Dios son porque te conserve la vida y que te conserve con nosotros, que es lo más importante.
Ya la barriguita se nota, los ejercicios y las vitaminas me tienen un poquito mejor.
Quiera Dios que nos vaya bien. No te olvides de encomendarte al Señor cada día que amanece, Él es la mayor fuerza para moverse sin equivocaciones.
Me haces mucha falta y te he deseado mucho.
Te amamos,
Tuyas: Trini y Dora Cecilia
2012
El 7 de junio del 2012, Wilmar Vera fue arrestado a las afueras de la Universidad de La Salle, donde trabaja como profesor de planta. Lo acusaban de ser el autor intelectual del homicidio de un antiguo alumno suyo con el que entabló negocios que no prosperaron. El proceso duró dos años. El primero de octubre del 2014, un juez dictaminó que era inocente. Durante ese tiempo Wilmar le escribió a su esposa un sinnúmero de cartas, entre ellas ésta, fechada el 21 de julio del 2012.