"Mujeres: ustedes no son el centro de rehabilitación de hombres que han sido criados erróneamente. No es su trabajo arreglarlos, cambiarlos o criarlos": Julia Roberts, actriz. / Ilustraciones: iStock.
¿Te atraen los tipos narcisos, conflictivos, inestables o distantes? ¿En tus relaciones intentas resolver los problemas del otro? ¿Justificas los comportamientos del tipo y crees que tu amor lo ayudará a cambiar? Si respondiste afirmativamente a alguna de estas preguntas, entonces eres una rehabilitadora de gamines.
Por fortuna, para algunas de nosotras estas historias sentimentales hacen parte del pasado. Las recordamos como un capítulo escabroso de una fase de inmadurez en la que nos encantaban los chicos malos y su respectiva adrenalina. Ahora nos reímos cuando conversamos de ellos con amigas: “¿Te acuerdas cuando salía con fulanito? Ja-ja-ja”. No obstante, para otras mujeres, este tipo de relaciones no son graciosos recuerdos de juventud, sino una constante de la que no logran escapar.
¿Por qué el interés en los gamines?
Sigue a Cromos en WhatsApp
Hay diversos factores que marcan tendencias en nuestras relaciones y nos llevan a buscar parejas con determinadas características.
La infancia
La relación entre nuestros padres es el primer referente que tenemos, y sus dinámicas influyen en lo que buscamos o rechazamos. Podemos repetir sus comportamientos o perseguir el extremo opuesto.
Las experiencias de la infancia que han dejado heridas sin sanar (como el abandono, la traición o la ausencia) también son determinantes para las relaciones que construimos. Si nos faltó sentirnos queridas o protegidas, inconscientemente buscaremos hombres que necesiten ser curados, como una forma de sanar los fantasmas del pasado.
Las chicas que crecieron en un ambiente inestable –en el que primó el drama y el conflicto– y que se vieron obligadas a hacerse cargo de responsabilidades que no les correspondían, usualmente, en la adultez, andan a la defensiva y tratan de tener el control. En esa medida, suelen asumir el papel de cuidadoras o salvadoras en sus relaciones, y se echan al hombro el trabajo de cambiar a la pareja con el objetivo de minimizar riesgos y evitar el sufrimiento.
La cultura
A lo largo de la historia se han promovido modelos patriarcales que determinan lo que las mujeres deben ser. Mientras el hombre se ha encargado del ámbito público, nosotras llevamos a cuestas el peso de las relaciones afectivas, de lo privado, de lo doméstico.
Una de las premisas que más nos ha fregado la vida es la del amor sacrificado e incondicional. Nos han asignado el papel de mártires y nos han invitado a fortalecer nuestra capacidad de aguante. E sa obligación de soportarlo todo la vimos en las historias de muchas de nuestras abuelas y mamás, no hay que ir mucho más lejos para confirmar qué lugar ha ocupado la mujer en la sociedad.
Además, nos enseñaron que nos podríamos sentir realizadas si cuidábamos de otros, vivíamos en pareja y formábamos una familia. De esta manera, alimentamos la idea de que el hombre es una especie de proyecto, como el de remodelar la cocina o aprender croché. Nuestra misión es pulir ese diamante en bruto.
El amor propio
Hay una frase que dice: “Aceptamos el amor que creemos merecer”. Por eso, cuando a una mujer le atraen estos galanes nefastos, suele existir de fondo un problema de autoestima inconsciente: no cree que merezca a alguien mejor. Ella prefiere tener una relación difícil para no estar sola. Cuando no nos queremos, nos cuesta trabajo poner límites y nuestras relaciones se convierten fácilmente en un campo de batalla.
En estos casos, la culpa no es del gamín de turno, sino de la poca confianza que nos tenemos. Ponemos nuestras expectativas en alguien que jamás va a cumplirlas. Fantaseamos con el tipo que nos elegirá por encima del resto y eso será suficiente para que nos sintamos especiales.
¿Cómo dejar de rehabilitar gamines?
-Es un proceso complejo y la solución no llegará de un día para otro. Hay que ver hacia el pasado, escarbar heridas que no han cicatrizado y buscar esas carencias afectivas que nos llevan a escoger el mismo perfil de hombres.
-Enfrentar el dolor que producen estas relaciones desde la conciencia, no desde la victimización. Esto será clave para soltar y luego sanar. Además, permitirá que construyamos mejores relaciones con nosotras mismas.
-Detectar creencias nocivas que otras mujeres o la sociedad nos metieron en la cabeza.
-Cultivar la autoestima. Esto garantizará que nuestras relaciones de pareja sean amores bonitos. No podemos exigir amor si no nos queremos a nosotras mismas.
- Hay que pasar a la acción, cambiar actitudes y hábitos. No es suficiente con d ecir: “ Voy a d ejar a fulano”. Hay que armarse de voluntad y hacerlo.
-Tenemos que entender que cada persona está viviendo su propio proceso y, por ende, no podemos obligarla a ser lo que queremos que sea. Cada quien da lo que puede y, a veces, hay quienes tienen muy poco para dar.
-Aceptar que no tenemos el poder para controlar todo lo que sucede. Lo que hagan o dejen de hacer no es tu responsabilidad. Deberíamos, más bien, asumir el control de nuestros pensamientos, emociones, palabras y actos.
-Hay toda clase de tipos, depende de nosotras elegir el correcto. Vale la pena que nos preguntemos qué estamos irradiando y por qué atraemos a ciertos sujetos.
-Está bien apoyar a nuestra pareja, pero no depende de nosotras solucionarle la vida o cambiarlo. No somos madres de nuestros novios. -Hagámonos cargo de nuestros asuntos sin resolver. Una mujer que rehabilita gamines claramente necesita rehabilitarse.