¿Cómo es estar en los zapatos de un asexual?

La activista Patricia Fernández cuenta su experiencia en tiempos de hipersexualidad en redes sociales.

Su mensaje es un viaje a una dimensión del sexo que pocos conocen, en el que importa más el autoerotismo que el acto compartido. 

 

La idea de lo 'normal' es cruel y opresora. Es una mano que, en el momento menos pensado, aprieta fuerte hasta producir dolor. Un estudiante en Cali a punto de graduarse está cansado de sus compañeros de universidad. Ellos no entienden por qué se desconecta fácil de la conversación cuando hablan de sexo en sus tiempos libres. El joven pasa de largo en el diálogo, como cuando se encuentra notas en Internet con titulares como 5 poses para excitar a tu pareja. Pareciera que los compañeros y los medios de comunicación hablan el mismo lenguaje cuando de sexo se trata. El placer tiene tamaño, número de orgasmos, cantidad de parejas. Por pensar distinto, el joven caleño es visto como un hombre raro. A sus 23 años es asexual, aunque en secreto. ¿Asexual a su edad y en la universidad? La pregunta surge como aleta de tiburón en el mar, rondando sobre la idea de lo “normal”. Es inevitable que el estudiante se sienta extraño. Los señalamientos están a la orden del día, por eso vive en silencio y con miedo.  

 

La sexóloga Martha Mejía define la asexualidad como la ausencia de atracción sexual hacia otra persona. El protagonista de esta historia explora y disfruta su libido. Su intimidad no incluye a otro hombre ni a otra mujer, para él la compañía es lo de menos. “El asexuado puede vivir en autoerotismo. Los hombres experimentan la erección y las mujeres, la lubricación. Nadie les atrae para intimar pero tienen un comportamiento sexual activo”, explica Mejía. 

 

¿Qué implicaciones tiene el autoerotismo en un asexual? ¿Puede vivir sin pareja? (otra pregunta automática, cruel, que encasilla). Patricia Fernández es activista de Aven, una red que visibiliza a la comunidad asexual a través de redes sociales. Para ahondar en el tema, Patricia habla de su propia experiencia. Ella es una de las 70 millones de personas en el mundo que son asexuales. “Todavía la asexualidad es poco conocida y en ciertos países es patologizada. Algunos profesionales de la salud la ven como un trastorno”, sostiene la argentina de 36 años, radicada en España. “A los 15 años busqué una respuesta y no la hallé. Mi vida habría sido diferente si hubiera encontrado mi etiqueta. Descubrirla me trajo armonía, dejé de entrar en un frasco al que parece obligatorio pertenecer”.  

 


Otra mirada

 

Los asexuados replantean las convenciones del amor. Se enamoran sin desear a sus parejas. Si no establecen una relación con alguien que tenga su misma orientación, tienen la opción de formar  un vínculo profundo con un alosexual (que sí experimenta atracción sexual hacia otros). Según Patricia Fernández, en la mayoría de estos casos, los asexuales consienten que sus novios o esposos tengan sexo con otros. 

 

 


Prohibido confundir

 

La médica Martha Mejía traza una línea entre la asexualidad y la abstinencia. En ninguna medida son comparables a pesar de sus coincidencias. “Hay quienes se someten a un celibato por creencias religiosas y eso los aleja completamente del sexo. En cambio la asexualidad es una condición que halla otras maneras de tener placer –afirma Mejía–. No hay diferencias grandes entre un buen orgasmo masturbándote, con tu pareja, disfrutando un plato de comida, escuchando una canción o viendo ganar a tu equipo de fútbol”. 

 


¿Se nace o se hace?

 

Desde la adolescencia, el joven caleño sintió su falta de atracción hacia los demás. Si en el colegio dudaba de sus deseos, hoy lo sigue haciendo con un sentimiento de frustración. Se percibe como un muchacho que quizás necesita ayuda profesional. Pero un día su incertidumbre la transforma en coraje. Escribe a la red Aven un correo electrónico. Se presenta antes de plasmar un puñado de preguntas. Busca una voz sincera que no lo juzgue.  Al otro lado, en España, Patricia Fernández le responde. Un mensaje en especial se queda grabado en la memoria del estudiante: “Yo no creo que salir del clóset sea para todos, ni que haya que gritarlo a los cuatro vientos. Sé lo que es la mirada dura de la sociedad y cómo duelen los prejuicios. Debes quererte y respetarte. No intentes entrar en un molde que no es el tuyo. Tarde o temprano ‘ese molde’ se rompe, porque no es el nuestro”.  El estudiante lee las palabras y las memoriza.  

 


Los retos

Los asexuales enfrentan estigmas. Numerosas veces a Patricia le dijeron que lo suyo era un problema hormonal. Incluso médicos llegaron a decirle que, si seguía sin tratarse, se quedaría sola. “Muchos hablan porque no comprenden, buscan lo obvio y lo obvio es ser homogéneos", apunta. Su activismo para que otros asimilen su condición es su bandera. En la era de la  hipersexualización, ella apuesta por una educación sexual que se fundamente en la multiplicidad. “La palabra ‘raro’ no es mala, en el fondo todos amamos una ‘normalidad’. Sin embargo, todo lo que no encaja dentro de esa normalidad imperante no es malo, no merece cuestionamientos o ideas de rechazo”, dice.  

 

Foto: iStock.

 

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