¿Comprar ropa pirata es un acto de corrupción?

Los consumidores se enfrentan a un difícil dilema en el mes del Mundial: pagar el alto precio de la camiseta original de la Selección u optar por lo barato, lo de contrabando.

Por Carlos Torres Tangarife
05 de junio de 2018
¿Comprar ropa pirata es un acto de corrupción?
Fotografía por: DANIEL ALVAREZ
Daniel Álvarez

Daniel Álvarez

Fotografía por: DANIEL ALVAREZ

A mediados de mayo, en 32 bo­degas del centro de Bogotá, las au­toridades decomi­saron un millón de prendas. La ropa, en su mayoría importa­da ilegalmente de China, iba a abastecer locales en San An­dresito y comercios virtuales. Su venta estaba asegurada: eran artículos deportivos para distribuir en tiempos de Mun­dial de Fútbol.

Una tajada grande del car­gamento eran camisetas de la Selección Colombia. En San Victorino, las prendas similares las comercializan entre 28.000 y 50.000 pesos. Es notable su parecido a la original, de la marca Adidas, avaluada en 190.000 pesos; a simple vista cualquiera di­ría que son idénticas. Solo un experto puede reconocer su naturaleza chiviada.

Al comprador de copias le interesan dos cosas: estar a la moda a cambio de poco dinero y que la prenda sea lo más fiel posible a la auténtica. Dentro de la gama de réplicas hay un mercado especulativo. Las ca­misetas falsas –que procuran respetar los bordados, los colo­res, el escudo y las marquillas– pueden ofrecerse a un precio más alto. La mayoría de veces, el monto lo establece la pericia del vendedor y la ingenuidad del interesado.

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El millón de prendas in­cautadas en las 32 bodegas es apenas un respiro para la Dian y las marcas afectadas. “Cambiaron la modalidad: so­lían ingresar contenedores y camiones grandes, ahora lle­van pequeñas cantidades a las bodegas”, dijo el fiscal del caso. A pesar de los esfuerzos de la Policía, en las calles y en algunos portales de Internet se comercializa mercancía pirata. La persona que quie­ra hoy una réplica la consigue con treinta mil pesos y un dis­positivo conectado a Internet.

Mercadolibre.com es una enorme plaza virtual, en la que cabrían muchos San An­dresitos. Es una gran base de datos para vender y comprar. Son inagotables las opciones para adquirir ropa deportiva, sobre todo las camisetas de fútbol de clubes y selecciones. Que las camisetas del equipo de Colombia sean fabricadas a espaldas de Adidas, en algún punto de la China, estimula la creatividad de los comercian­tes al momento de redactar el clasificado. “Camiseta oficial de la Selección Colombia, im­portada”, reza uno. “Camise­ta Selección Colombia versión climalite”, se lee en otro.

En un tercer clasificado, el ven­dedor modifica la realidad a su antojo: “Confeccionada en material absorbente, presenta un corte un poco más holgado para ofrecerle más comodidad al hincha y luce el escudo teji­do. Adidas está comprometido con la utilización de métodos de producción que reducen el impacto ambiental de sus productos. Esta camiseta está confeccionada con poliéster reciclado para ahorrar recur­sos y disminuir emisiones”.

Si las camisetas puestas a la venta en Mercadolibre.com entraron ilegalmente al país, la policía podría proceder a su incautación. No obstante, perseguir su rastro aduanero es una tarea casi imposible, a no ser que los productos es­tén apilados en grandes can­tidades en un lugar, tal como sucedió en las 32 bodegas del centro de Bogotá.

El patriotismo azuzado por el Mundial, el efecto repelente de los precios elevados, la ten­tación de lo barato, el estéril trabajo de la fuerza pública frente al contrabando y el bol­sillo del consumidor hacen la fórmula perfecta para que se privilegie la ilegalidad. Un colombiano que se gane el salario mínimo ($781.242) debe destinar el 24,4% de su sueldo para adquirir la camiseta original de la Selección.

 

¿A dónde va a parar la mercancía decomisada?

Del último millón de prendas decomisado por la policía, en los alrededores de San Andre­sito, las autoridades todavía no discriminan lo original y lo chiviado. Este proceso puede tardar semanas, en ocasiones meses. “El material aprendi­do queda en propiedad del Estado. La norma, es decir, el estatuto aduanero, establece varias formas de disponer de la mercancía –explica María Pierina González, directora de fiscalización de la Dian–. Si son cigarrillos, licor y per­fume, se destruyen; mientras que los textiles, confecciones y calzado, que no violen la marca, se donan”.

Representantes de las marcas comerciales afec­tadas elaboran un informe. Cuesta imaginar el trabajo de un funcionario de Adidas revisando prenda por pren­da, determinando lo origi­nal. “La Dian se encarga de su disposición, nosotros lo llevamos a las bodegas de las direcciones seccionales para su almacenamiento. La Fis­calía y un juez de la Repúbli­ca definen su destino”, dice González.

Consultamos a un funcio­nario de Adidas para pregun­tar sobre este proceso y por el precio de la camiseta original de la Selección Colombia, pero no fue posible realizar una en­trevista. “Lastimosamente y por temas de lineamiento glo­bal, no estamos autorizados a comentar públicamente, como sabrás, son temas sensibles en Colombia”, fue su respuesta.

Verdadero patriotismo es apostar por la industria nacional

Competir con los fabrican­tes asiáticos parece una partida perdida. Sus seduc­tores precios y su buena fa­bricación dejan sin aliento a los emprendedores. En la conciencia de cada compra­dor queda la elección de apostar por lo pirata o por el exorbitante costo de lo original. Sin embargo, en medio de dos extremos aparece otra opción: la indus­tria local. No se trata de encontrar la camiseta de la Selección fabricada por una marca colombiana. Aquí la discu­sión ya es otra.

“Nuestra línea deportiva ha ganado participación frente a los im­portadores. Está en los primeros lugares en ventas”, sostiene Guillermo Criado, director de la Cámara Colombiana de Confecciones y Afines. Prueba de su afir­mación es Supertex, la empresa caleña elegida por Adidas para elaborar la pren­da oficial de Colombia. Arena, Nike, Un­der Armour y Patagonia están en su lista de clientes. El 90% de su producción se exporta a Europa y Estados Unidos.

Carlos Eduardo Botero, presidente de Inexmoda, señala que el reto más grande para la industria nacional no son las marcas extranjeras, sino el con­trol de las importaciones. “Pedimos que lleguen de manera legal, el contra­bando golpea fuertemente la industria nacional –sostiene–. Con lo low cost, que son series cortas de reposición rá­pida en almacenes como Zara, noso­tros en Colombia podemos competir. Somos ágiles, sabemos interpretar la moda con calidad, contamos con dise­ñadores interesantes; por eso hay que tomarse muy en serio lo hecho aquí”.

¿Qué tan formado está el consumi­dor a la hora de pagar por una prenda? ¿Hay cultura de consumo responsable? ¿Adquirir contrabando es una manera lícita de protestar por los precios al­tos de Adidas? En días de Mundial de Fútbol, en días de prima en los bolsi­llos, las preguntas brotan a chorros. Las respuestas están a la orden. Apoyar el contrabando es una forma de alimentar la corrupción. No obstante, el peso no debería caer completo sobre los hombros de la gente. Hay un proble­ma de fondo que involucra a todos los actores que intervienen en la industria. Quizás el cambio debería empezar por las marcas internacionales. Que la ca­miseta de la selección de tu país, fabri­cada en Cali, valga la tercera parte de un salario mínimo, muestra un pano­rama general lleno de paradojas, sin so­luciones asequibles y legales a la vista.

*Consultamos a Supertex el precio real de la camiseta, pero no obtuvimos respuesta.

 

¿Cómo ingresa el contrabando?

Gran parte de los productos que evaden impuestos entran por las fronteras marítimas y terrestres.

Ecuador y Perú: se consti­tuyen en ejes estratégicos para ingreso de mercancías provenientes del hemisferio sur (químicos, agroquími­cos, alimentos, textiles y sus manufacturas, hidrocar­buros, celulares, medica­mentos y autopartes).

Venezuela: eje de acopio y tránsito de mercancía de contrabando proveniente de Europa y Asia, así como pro­ductos venezolanos (hidro­carburos, arroz, autopartes, alimentos, ganado en pie y elementos de ferretería).

Europa: licores, texti­les, autopartes, calzado y perfumería, con escala en países de Centroamérica, principalmente en Panamá.

Panamá: la zona libre de Colón es centro de acopio y tránsito de mercancía hacia Colombia –proveniente de Norteamérica, Asia y el Viejo Continente–, que ingresa a través de los puertos de Barranquilla, Cartagena y Buenaventura.

 

Fuente: Policía Fiscal y Aduanera.

Por Carlos Torres Tangarife

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