Consumidores de marihuana: ¿por qué les es tan difícil salir del closet?

De mis amigos que la fuman, ninguno se ha atrevido a decirles a sus papás que la quieren tanto como a su serie favorita (Breaking Bad). Yo les pregunto, al borde del enojo, ¿por qué no salen del clóset?

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Me gusta consumirla, pero muy de vez en cuando. Si no tuviera amigos que la fuman, podría vivir sin ella. Tengo la certeza de que la extrañaría; con los días me olvidaría de ella.

Puedo pasar un mes sin probarla, no me hace falta como la cerveza. De los siete días de la semana, en cinco me tomo al menos una. La disfruto, es mi placer terrenal culposo, porque tanta lata engorda, llena la sangre de alcohol. Soy de metabolismo lento, me cuesta adelgazar. Ese no es el punto de este comentario. El punto es que no me da vergüenza reconocer que me es imposible vivir sin cerveza. Y eso que me sostengo con las nacionales.

Cuando pienso en mis amigos marihuaneros, que tienen que esconder los implementos para armar un porro cada que hay visita familiar,  imagino haciendo lo mismo con la cerveza. Sacando cada botella de la nevera para refundirla en un lugar poco visible. Tengo la fortuna de vivir en una época en la que el licor está normalizado. A ellos, a mis a mis amigos, les tocó distinto. Por eso no les doy el palo que podría darles por no ser capaces de informar a sus mamás el gusto que sienten por la droga blanda.

En ocasiones les digo “los enclosetados”. Tengo que medirme porque se ofenden. Y no es para menos, pues, a pesar de ser independientes, de vivir en una casa que no es la de sus papás, les frustra tener un gusto oculto. Comparo su situación con los homosexuales que no pueden compartir su orientación sexual con el círculo fraternal.

A los marihuaneros les pregunto: ¿a qué le temen? ¿qué van a hacer sus padres? ¿los van a desheredar? Antes, digo yo, mejor que lo sepan, a ver si de a poco van derribando el estigma que todavía cargan como consumidores.

Transcurrián años, quizás décadas, pero se debe empezar desde ya. Además, a nadie debería darle pena el porro. Todos mis panas tienen una relación saludable, la fuman en lugares seguros y confiables.  Yo de ellos ya habría cantado la realidad, mientras sus papás viven la tusa, que se prendan uno por el paso hacia adelante que acaban de dar.

Es cuestión de amor propio y de abrazar la aceptación.

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Alberto Ochoa Mackenzie

Estilo de Vida

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