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Cosmética slow, belleza inteligente

Consiste en generar conciencia sobre los químicos con los que son fabricadas cremas, lociones, sueros y, por supuesto, el maquillaje.

Por Redacción Cromos

04 de mayo de 2017

cosmética slow

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Por: Leonardo Botero.

 

Ante la avalancha de productos que prometen cambios significativos en cuestión de días, nunca consideramos analizar los ingredientes con los que fueron fabricados. Es difícil saber si fueron elaborados y vendidos bajo los parámetros del comercio justo.

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Muchas variables se deben tener en cuenta a la hora de comprar un buen desmaquillante, una crema reductora, un exfoliante o un corrector. Consciente de este escenario, Julien Kaibeck, periodista, aromatólogo y esteticista belga, decidió mostrar, a través de su blog, los beneficios de los productos artesanales hechos a partir de aceites vegetales, plantas y otros elementos orgánicos, fáciles de conseguir. Su trabajo, basado en rigurosas investigaciones, invita a las personas a comprar productos sin afán, a tomarse en serio el análisis de los componentes de lo que  se va a aplicar. 

 

De este modo nació el movimiento Slow Cosmétique, que tiene una creciente popularidad en Europa y Asia, y que ahora  está en Colombia. Su filosofía de consumo responsable inspiró a empresas como Sabonet Naturalmente Artesanal, fundada por la pareja Adriana Gutiérrez y Mario Lanchero. Su emprendimiento surgió de la necesidad de cuidar a su hija, quien nació con dermatitis atópica, una enfermedad que causa hinchazón, picazón y enrojecimiento de la dermis.

 

Julien Kaibeck, periodista, aromatólogo y esteticista belga, le mostró al mundo los beneficios de los productos artesanales e invitó a comprar sin afán, analizando los componentes de lo que se pone en la piel. Así nació el movimiento Slow Cosmétique.

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Lo que comenzó como una labor casera motivada por el bienestar de su pequeña, que consistía en fabricar jabones y cremas naturales libres de químicos, se convirtió en un negocio innovador. Al principio sus productos los regalaban a sus familiares, amigos y allegados. Las críticas positivas llegaron sin que las esperaran y en 2010 dieron el salto empresarial. 

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“Uno de los mayores retos fue concientizar a las personas que se trata de productos naturales, inocuos y con beneficios adicionales. Tuvimos que abrir el mercado y tocar puertas de consumidores acostumbrados a los artículos con químicos que en apariencia funcionan, pero que terminan afectando su salud y el medioambiente. No fue sencillo mostrar las bondades del Slow Cosmétique”, cuenta Adriana.

 

 

Para ir en sintonía con el movimiento, ambos fueron más allá de la comercialización de productos hechos con aceites de coco, de oliva, de origen vegetal, de macadamia, manteca de cacao y plantas nativas. También empezaron a dictar talleres para los interesados en aprender a hacer sus propias cremas y jabones. Comparten conocimiento sobre el proceso, explican con detalles y argumentos que en el país es posible hacer una cosmética diferente.

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Además enseñan a leer las etiquetas de lo que van a adquirir. Un trabajo que replicaron del periodista Kaibeck, quien en 2012 publicó el libro Slow Cosmétique, que incluyó la explicación del INCI (el nombre internacional de los compuestos químicos) para que nadie se deje engañar por “etiquetas muy bonitas que les indican que el producto es natural y bio, pero que no ofrece los beneficios reales de la naturaleza”.

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Fotos: iStock.
 

Por Redacción Cromos

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