Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Cuentico chino, cuentico paisa

Por Redacción Cromos

30 de marzo de 2015

PUBLICIDAD

Las artesanías son nuestro lujo, además de contar la historia de saberes que se han transmitido por generaciones, representan elementos diferenciadores. En una sociedad en la que todo se asemeja y hasta la belleza humana parece producida en serie, es un privilegio contar con una pieza irrepetible que nos regala el conocimiento de un pueblo. Mientras empiezan a operar los certificados de denominación de origen, la forma de garantizar su existencia es con el debido respeto por los pueblos tradicionales que narran a través de objetos su visión del mundo. Hay que pagar lo justo, y sobre todo, entender que comprar una artesanía producida masivamente significa un auto robo, es pagar por un burdo cascaron vacío. Pensar que pagar menos por una pieza que carece de autenticidad es una ganga, es comerse un cuento chino.

 

Por: María Consuelo Araújo - Exministra de Cultura y Relaciones Exteriores

 

Sigue a Cromos en WhatsApp

 

Ilustración: Jorge Ávila

 

En el año 2013, la puya El cuentico chino, de Álvaro Pérez, ganó el concurso de canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata. Con gracia y picaresca, el autor sucreño subió a la tarima a protestar por la falsificación china del sombrero vueltiao, “Soy orgullo de Colombia. Soy el sombrero vueltiao fabricado con cañaflecha, soy una cosa bien hecha, con respeto y con cariño, para que vengan unos chinos a embolatar mi procedencia”. La ocurrente denuncia cautivó al público y al jurado, al explicar con humor que el sombrero, además de cumplir un fin utilitario, cuenta una parte de la historia del Caribe colombiano. “Por eso me causa risa que me han querido imitar, me han pretendido chimbiar, claro si soy el mejor, soy símbolo cultural de Colombia y su folclor”.

Desafortunadamente la falsificación  mecanizada de nuestras artesanías no se quedó ahí y hoy estamos viendo cómo nos invaden desde las fábricas paisas  supuestas mochilas wayuu de cuarenta mil pesos —se hacen hasta 500 por día, cuando una indígena no demora menos de veinte días tejiendo una auténtica—. Con amplia autoridad moral y conocimiento, lo cuestionó el antropólogo guajiro Weilder Guerra: “reproducir de manera inconsulta las creaciones indígenas constituye un acto de competencia desleal que crea confusión en el ejercicio del comercio e induce al público a error. Los pueblos indígenas son los verdaderos propietarios colectivos de sus obras y no debe permitirse que esos elementos de su patrimonio sean enajenados”.

Read more!

Las artesanías son nuestro lujo, además de contar la historia de saberes que se han transmitido por generaciones, representan elementos diferenciadores. En una sociedad en la que todo se asemeja y hasta la belleza humana parece producida en serie, es un privilegio contar con una pieza irrepetible que nos regala el conocimiento de un pueblo. Mientras empiezan a operar los certificados de denominación de origen, la forma de garantizar su existencia es con el debido respeto por los pueblos tradicionales que narran a través de objetos su visión del mundo. Hay que pagar lo justo, y sobre todo, entender que comprar una artesanía producida masivamente significa un auto robo, es pagar por un burdo cascaron vacío. Pensar que pagar menos por una pieza que carece de autenticidad es una ganga, es comerse un cuento chino.

Read more!

No ad for you

Por Redacción Cromos

Ver todas las noticias
Sigue a Cromos en WhatsApp
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.