El poder de la música

Científicos de Canadá descubren cómo las melodías provocan que en nuestro cerebro se libere una sustancia química que nos revoluciona.
El poder de la música

Confianza, placer, sensación de unidad con los demás y el mundo, amor por la Naturaleza, euforia, tranquilidad, ganas de hacer cosas y acercarnos a los demás. También el recuerdo de momentos y lugares bellos, sensaciones de apertura espiritual, elevación del nivel de consciencia, alegría sin causa, lágrimas… .

Estas son sólo algunas de las variadas e intensas emociones y sensaciones que provoca en los seres humanos la música, esa singular combinación de melodía, ritmo y armonía, que para el filósofo griego Platón “es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo”, y que según el dramaturgo y novelista irlandés Oscar Wilde era “el arte más cercano a las lágrimas y los recuerdos...”.

Según sea suave, lenta y relajante, o trepidante, rápida y estimulante, la música puede provocar en la persona que la escucha un impacto sentimental tan variado como intenso. Pero ¿provoca el mismo efecto en todas las personas? ¿la música es verdaderamente un lenguaje universal, como suele afirmarse?.

De acuerdo a un estudio del Instituto Max Planck de Neurología de Leipzig (Alemania), la respuesta a este último interrogante es afirmativa, ya que los sentimientos expresados musicalmente se entienden igual en todo el mundo y la música logra superar sin mayores dificultades las barreras entre las culturas.

Un equipo de investigadores dirigido por el doctor Max Fritz realizó dos experimentos para analizar la capacidad humana de reconocer la alegría, la pena o el miedo al escuchar piezas musicales pertenecientes a una cultura ajena a la suya.

En el primer ensayo, se tocaron piezas breves para piano compuestas según los principios de la música europea ante un grupo de ‘mafas’ (una etnia de Camerún que compone su propia música sin haber tenido contacto con la occidental) y otro grupo de control formado por oyentes occidentales.

Tras escuchar cada pieza musical, los ‘mafas’ debían relacionarla con una serie de reproducciones de expresiones faciales que ya se sabe que tienen una interpretación universal. Así se comprobó que los ‘mafa’ podían reconocer con éxito las tres emociones expresadas en la música occidental. La música con un ritmo rápido, tiende a ser identificada con la alegría, en tanto que para la tristeza o el miedo el ritmo es menos decisivo que la tonalidad, según ha explicó el doctor Fritz.

DIVERSAS CULTURAS, UNA MISMA SENSIBILIDAD.

En el segundo experimento se investigó si las sensaciones agradables o desagradables se transmiten de forma similar a través de la música ‘mafa’ o de la música occidental. En los países occidentales, las consonancias son percibidas como más agradables que las disonancias, y se quiso determinar si esto era igual entre los ‘mafa’.

Según el doctor Fritz, “los cameruneses también mostraron una clara preferencia por las consonancias, aunque la diferencia entre la percepción de la disonancia y la consonancia no es tan marcada como entre los occidentales. Cuando a un ‘mafa’ le gusta una pieza musical, suele gustarle también una versión disonante de la misma, aunque menos".

Por otra parte, expertos del Instituto Neurológico de Montreal y de la Universidad McGill, en Canadá, han descubierto que un neurotransmisor (mensajero químico entre las neuronas y nervios) liberado en el cerebro y denominado dopamina, genera las sensaciones placenteras e "incluso los escalofríos" que surgen cuando se escucha una música agradable al oído.

Según la investigación, dirigida por el doctor Robert Zatorre, los sonidos placenteros inducen la liberación de dopamina, una sustancia necesaria para generar las emociones y sensaciones de disfrute que acompañan la ingestión de determinados alimentos y que producen las drogas o el sexo.

Los investigadores canadienses cuantificaron la dopamina que se libera al escuchar música, teniendo en cuenta la forma en que provocaba escalofríos entre los ocho participantes en el estudio, así como los cambios en el comportamiento de su piel y en la frecuencia cardiaca, la respiración y la temperatura corporal.

Gracias a una combinación de técnicas de diagnóstico por imagen, que permite visualizar la actividad cerebral, descubrieron que los niveles de liberación de la dopamina se correlacionan con el grado de excitación emocional que ocasionaba la música del experimento.

Según los investigadores, ese neurotransmisor cerebral aumenta en respuesta a otros estímulos o actividades de recompensa como la comida, las relaciones sexuales u obtener dinero, y que también produce bienestar ante ciertos estímulos, como el hallarse enamorado.

En el estudio, liderado por Zatorre, se comprobó que los niveles de dopamina eran hasta un 9 por ciento más elevados en los participantes cuando escuchaban música que les agradaba.

"Esto demuestra que las personas obtenemos placer de la música, una recompensa abstracta, la cual es comparable con la que logramos con estímulos biológicos más básicos", según los investigadores canadienses.  

 

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