En busca de los millonarios ecológicos

Muchos ricos jóvenes, hijos de los ricos irresponsables del pasado, han despertado cierta conciencia ecológica que hace crecer la esperanza de un desarrollo más armónico.
En busca de los millonarios ecológicos

La recomendación de los Kogui a sus hermanos menores lo resume todo: “El mundo no tiene que terminar, sino que podría continuar, pero a menos que dejen de violar la tierra y la naturaleza, que cesen de agotar la energía de la Gran Madre, sus órganos, su vitalidad, a menos que las personas dejen de trabajar en contra de la Gran Madre, el mundo no durará”.

Es cierto que Warren Buffet y Bill Gates han aportado millones de dólares para apoyar tecnología y productos basados en energía eólica y combustibles renovables. Es cierto que la actriz Cameron Díaz fue una de las primeras celebridades en usar un carro no contaminante, y que ahora hace parte del equipo de Al Gore, quien lucha por informarnos acerca de los efectos del calentamiento global. También es verdad que el millonario David de Rotschild recorrió el Pacífico en una embarcación construida con botellas desechables de plástico, para señalar el daño ecológico de nuestras basuras en el océano. Y también que Leo DiCaprio se mueve en Nueva York en bicicleta, que usa en su casa energía solar, y que la actriz Jessica Biel escaló el monte Kilimanjaro para generar conciencia sobre la escasez de agua potable en el mundo. Todo eso es cierto. Y mientras tanto ¿qué están haciendo los millonarios colombianos? ¿Tienen conciencia de que también pertenecen a una aldea que se llama Tierra?

Muchos de los viejos millonarios de nuestro país, y del mundo, se hicieron ricos a costillas de los recursos naturales y del talento de las personas, rompiendo no solo el equilibrio entre la vida familiar y laboral, sino el ecosistema. Botaron desechos en los ríos, dragaron páramos, profanaron santuarios indígenas y, con su industria deshumanizada, crearon miseria, alienación y dependencia a productos tóxicos, bebidas y cigarrillos, logrando una riqueza basada en la pobreza de los demás y la del medio ambiente.

Si bien es cierto que hoy estas mismas empresas tienen entre sus valores operativos el cuidar el planeta, para muchos es apenas un maquillaje de la vieja mueca destructiva de personas egoístas, cegadas por la ambiciosa productividad y la acumulación de dinero. Estas personas, enfermas y profundamente trastornadas, salen en las listas mundiales de millonarios con sus excesos y sus vacíos profundos de vida, llenan las revistas de farándula con sus rostros sin alma y representan el viejo y decadente patriarcado depredador.

No obstante, hoy los nuevos ricos y los hijos de los viejos ricos, parecen despertar a una antigua conciencia ecológica, basada en un nuevo orden: el desarrollo sostenible, armónico y digno, enmarcado en principios y valores incluyentes, de un planeta donde las personas y sus dones (verlos como recursos es también depredador) crecen en equilibrio con la naturaleza.

Como asesor, me he topado con un puñado de estos nuevos ricos ecológicos. Llegan en bicicleta al trabajo, cuidan su salud, no ostentan marcas de ropa, hacen yoga y tai-chi. Más que vivir una tendencia, viven un compromiso ecológico y ciudadano que representa una contrapartida sanadora con respecto al viejo modelo. Son personas que invierten sus recursos, o los de la familia, en proteger la vida. Compran páramos en las cordilleras para evitar su destrucción; orillas de quebradas en Santa Marta para proteger a sus pobladores nativos; bosques enteros en la Amazonia para salvar el oxígeno del mundo. Y en las empresas que lideran, trabajan por un salario digno y un comercio justo que garantice precio y equilibrio a las cooperativas de productores que ellos mismos promueven.

Estos nuevos ricos ecológicos están comprometidos con terminar a toda costa la explotación infantil, la desigualdad de género, y promueven que se establezca el derecho a la salud y a la educación, basada en una educación para la vida, más centrada en el ser y en la integridad que en la necesidad de forjar mano de obra barata para las grandes industrias.

No todos son verdes

Sólo los ricos pueden ser verdes por ahora. Para ser ecológico se necesita cierta libertad financiera, pues la ecología es el nuevo gran negocio de algunos empresarios que encuentran maneras de reinventarse un capitalismo menos culpable, pero al fin y al cabo capitalismo. El gesto de que los millonarios devuelvan una parte significativa de sus fortunas, más que responsabilidad social, para algunos críticos desconfiados es una nueva estrategia perversa de empoderar al consumidor para darle una mejor exprimida.

El gesto es bonito. Sin embargo, en algunos casos parece que estos nuevos ricos ecológicos, oportunamente, olfatean los aires del nuevo gran negocio, la ecología, y adoptan posturas modernas aunque en el fondo escondan nuevas maneras de explotación empresarial.

¿A qué va todo esto? Alude a un quiebre que el ser humano vivió y que lo separó de su tierra. Antes la pensaba suya, propia, consideraba que corría sangre por ella, y que agredirla era una autoagresión. En un momento, cuando la individualidad minó la cabeza de la mayoría, el hombre se arrancó de la tierra, y se consideró un ser superior e independiente. Es por eso que hoy por hoy subestima la tierra, los animales, el aire y a sus congéneres. Lastima la tierra con pesticidas y cosechas que no le hacen bien porque la dejan infértil. Maltrata a los animales sometiendo a millones de ellos a crueles condiciones de hacinamiento, para que crezcan rápidamente y para que las arcas de los poseedores de estas empresas se llenen más rápidamente.

Las empresas generan químicos expulsados por sus máquinas que arrasan con la pureza del aire. Y los que quieren tener más y más, ricos o millonarios, destruyen un lugar que les pertenece a todos, en pro de que sus arcas crezcan desmedidamente.

Cuando todos entendamos que no somos entes independientes, sino que hacemos parte de un conjunto de vida, en ese momento volveremos a ver la Tierra no solamente como un negocio rentable, sino que reconoceremos de nuevo su nombre de Madre Tierra. Y no solo los nuevos millonarios ecológicos exhibicionistas; también los que se ganan $530.000 de salario mensual y sin embargo, a su medida, hacen lo que pueden para ayudar a salvar el planeta de manera anónima. ¡Esos son los héroes!