Hoponopono, la terapia del amor

Una nueva corriente psicológica busca hacer entender al hombre que si quiere cambiar al mundo, basta con cambiarse a sí mismo, por medio de una frase que parece cursi pero que, al parecer, funciona: “Yo te amo”.
Hoponopono, la terapia del amor

En Hawai, hace unos años sucedió algo insólito que sacudió y retó el mundo terapéutico. Un psicólogo, sanador, usando solo el amor, facilitó la curación y recuperación de todo un pabellón de psicóticos criminales. Cuentan que el pabellón era un verdadero peligro. Ningún psicólogo había logrado mantenerse al menos un mes en el puesto de trabajo, los pacientes criminales eran una verdadera amenaza descontrolada. Sin embargo, el doctor Len aceptó el puesto y se encerró en su oficina. Muchos pensaron que tenía miedo de ser asesinado en los corredores por los pacientes criminales; otros, que tal vez se trataba de un burócrata más. Sin embargo, los empleados de la institución, vigilándolo a hurtadillas, descubrieron que todos los días, en un estricto horario, el doctor Len se sentaba en su escritorio y frente al expediente de cada uno de los reos hacía una curiosa meditación, tan simple que parecía cursi. Con el expediente en sus manos, nombraba al prisionero y enumeraba sus crímenes, y luego decía con una reverencia: “Te amo”.

El ambiente cambió. Los presos encadenados fueron liberados de sus cadenas; los de alta peligrosidad, socializados a pabellones comunes; los medicados dejaron los medicamentos; algunos otros se hicieron cargo de trabajos comunitarios y todo el pabellón, incluso los guardias, armonizaron. ¿Qué hizo el doctor Len? ¿Qué sofisticadas técnicas de psicología o modernos medicamentos había usado? Len, sonriente como siempre, contestó: “El amor cura”. Había trabajado con una vieja y sencilla filosofía ancestral hawaiana, basada en el amor: el hoponopono.

La fuerza del cariño

Pero ¿qué es el hoponopono? Es usar la sencilla y penetrante fuerza energética del amor al servicio de la sanación y la absoluta certeza de la responsabilidad como estructura y dirección, dentro de un entendimiento mayor de la conciencia de unicidad.

Con la psicología, a través de la historia, hemos llegado a aceptar que cada persona es responsable de su mundo, de lo que le pasa y de lo que crea.

Hemos llegado hasta la orilla del pensar –y por fin aceptar– que “Yo” soy responsable de lo que pienso y hago, soy constructor de mis propias dinámicas y hasta de mi propia felicidad e infelicidad.

Con mucho esfuerzo han ido quedando atrás los disfraces de la inconsciencia, como sentirse poseído por el Dios Marte para asesinar, o desenergetizado por los males de un embrujo. El hoponopono propone un salto cuántico, que sacude de emoción a Freud en su tumba y abraza además la otra orilla del pensamiento en una sola consciencia y comprensión: también somos responsables de lo que los demás hacen. Jung se acercó, pero no se atrevió a tanto. Él lo dijo: “ Si algo está mal en el mundo, algo está mal en la sociedad, entonces algo está mal en la familia, de hecho algo está mal en mí”.

El hoponopono asume esto como una verdad. Dentro de cada uno hay un asesino, un violador, un socio trepador y desleal, un mafioso, un infiel, un corrupto… Aceptar que no solo somos nuestra orilla, sino todo el río, el paisaje entero, el universo, es aceptar que ya no hay culpables afuera, que solo tú eres el responsable de todo tu mundo y de todo lo que te pasa y experimentas en él. La única manera de curar al mundo, a la sociedad, a la familia y a tus pacientes, es curándote a ti mismo de las enfermedades que el mundo padece. El problema ya no está más afuera, ya no hay enemigos ni jefes malos ni personas que buscan herirte. Tú debes cambiar. El camino de la paz y la reconciliación de este país debe iniciar en el interior de tu alma, en lo profundo y cierto de amarte a ti mismo y dejar que el amor te cure.

El doctor Len, al mirar los expedientes de los criminales, se curaba a sí mismo, veía una parte de sí mismo y frente a ella decía: “Lo siento y te amo”, una y otra vez. A medida que él curaba en sí mismo esa enfermedad (su violencia, su intolerancia y su desamor), el reo se iba sanando de una manera inexplicable para sus compañeros. Solo los viejos aldeanos comprendían que la transformación se debía al poder de la fuerza ancestral del amor expresado a través del hoponopono: el atreverse a amarse plenamente a uno mismo. El concederse el perdón a sí mismo y darse las gracias por eso, para luego reconciliarse y amarse plenamente hasta sentirse aliviado.

Limpiar el subconsciente

El hoponopono es una meditación, una actitud de vida, una autoterapia para limpiar nuestras creencias y memorias dolorosas personales y ancestrales ubicadas en el subconsciente. Es una limpieza emocional que nos invita a romper las trampas de la razón. Es renunciar al falso poder que creíamos tener de cambiar a otros, de poder hacer entender a otro que está equivocado. Es asumir que soy yo quien está mal, que soy yo el equivocado, el atrevido, el asesino; que el otro solo por amor actúa esa enfermedad para mí, para que yo la reconozca y la cure en mí; que yo soy el universo mismo. Si hay pobreza e injusticia en mi mundo es porque hay pobreza e injusticia en mí mismo. El hoponopono es declararse en paz con todos los seres, es liberar todas las memorias de agresión y enfermedad y, en nombre de la familia, de los ancestros y de ti mismo, pedir perdón por los daños hechos, por el dolor causado, hasta encadenarnos transgeneracionalmente en el amor y no en el odio, hasta rendir dentro de mí a cada uno de los guerreristas que llevo dentro, a los corruptos, a los intransigentes, a los violadores, a los millonarios sin consciencia social, a los rudos sin amor… En fin, hasta ver un mundo pacificado, armónico y libre. Ese día me daré de alta.

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