!Amar para toda la vida si es posible!

La Universidad de Stony Brook está dispuesta a desmontar el mito moderno de que el amor eterno no existe. ¡Así como lo oye!
!Amar para toda la vida si es posible!

Hoy por hoy, cuando los sacerdotes y ministros dan la bendición a las nuevas parejas y pronuncian la frase “hasta que la muerte los separe”, algunos de los asistentes se miran entre sí y sonríen tímidamente, pues cada vez son menos los matrimonios que duran.

Hasta la psicología anda revaluando el tema de la “picazón del séptimo año”, como se llamaba al periodo de crisis que vivían las parejas de antaño. Al parecer, los matrimonios nacen con picazón, y la crisis empieza tan pronto como él se quita el esmoquin y ella se baja del aparatoso traje de novia.

Sin embargo, hay científicos que pretenden evitar que los novios crucen los dedos para que el matrimonio les dure. La Universidad de Stony Brook está dispuesta a desmontar el mito moderno de que el amor eterno no existe.

Así como lo oyen. Los investigadores escanearon los cerebros de parejas con 20 años de convivencia y los cotejaron con los de parejas en la etapa de enamoramiento, y encontraron que aproximadamente una de cada 10 parejas maduras tenían la misma manera de reaccionar que las de los nuevos amantes.

¿Y eso dónde lo venden?

Eso no viene en pildoritas. Mucho menos se encuentra a la mano en las ofertas de televisión. A diferencia de lo que nos han venido vendiendo en este mundo moderno tan mercantil, todo se debe a una sana combinación de tiempo, eros, ágape y trabajo, un (así llamado por los investigadores) “intenso compañerismo y entusiasmo sexual”.

Los expertos han apodado a estos afortunados con el nombre de “parejas cisnes”, porque comparten “mapas mentales de amor” similares a aquellas parejas de animales que son fieles de por vida, como los cisnes, los ratones de campo y los zorros grises.

Los cisnes, en particular, representan el amor eterno. Son monógamos: una vez encuentran su pareja, se unen a ella de por vida, separándose en las migraciones y volviéndose a encontrar, hasta la muerte. Contrario a ciertos hombres modernos que, sin migrar, terminan enamorados de otra mujer, y volverlos a encontrar es toda una odisea. Algunos alzan vuelo y ni siquiera vuelven para firmar el divorcio.

Los cisnes representan la pureza del alma, su blancura y gracia simbolizan la luz espiritual y el amor que permanece.

La clave es invertir

¿Cómo conseguir semejante estado en un matrimonio humano? El secreto es no dejarlo morir. Si hay interés, el amor se alimenta del amor, del esfuerzo por ser “amable”, en el sentido de provocar amor en el otro.

Hay que desmontar esa idea romántica de que el amor lo perdona todo, lo soporta todo, lo espera todo, y no se transforma. Así no hay amor que aguante. Una pareja sin tiempo dedicada exclusivamente a trabajar y producir plata, no se resiste a sí misma. Una pareja descuidada en su apariencia, a la que no le importa lo que el otro piense de ella, no puede llegar demasiado lejos. Una pareja sin complicidad y sin ternura ni siquiera merece persistir. El amor no debe ser una tortura.

Una pareja que no invierta en su relación para renovarla y reinventarla, no puede esperar mucho de su futuro. El amor duradero necesita de la combinación que enunciaba antes: tiempo, eros, ágape y trabajo, todo reunido bajo un “intenso compañerismo y entusiasmo sexual”.

En el ámbito laboral, es necesario que la pareja deje de trabajar hacia afuera, para trabajar hacia adentro en la construcción de su proyecto conjunto. Es necesario, en el campo erótico, que la pasión se mantenga viva. Basta con que deje de mirar tanta televisión y le eche una miradita a su pareja, a ver si redescubre su belleza.

Cuando las parejas se vuelven a mirar a los ojos, y dejan de pensar en lo que pasa afuera, en la remodelación, en el colegio de los niños, o en las novelas de moda, se redescubren a sí mismas y redescubren el amor.

¡A otro con ese cuento!

Muchos argumentan que la pasión se extingue naturalmente al inicio de las relaciones. Sin embargo, el descubrimiento de la Universidad de Stony Brook echa por tierra la creencia convencional de que el amor y el deseo sexual alcanzan su pico al inicio de la relación y declinan a medida que pasan los años. Investigaciones previas sugerían que ese estado inicial comenzaba a decaer a los 15 meses y desaparecía por completo a los 10 años.

El escaneo cerebral de las parejas cisne ha mostrado que sus reacciones químicas, cuando se les presentaba una imagen de su amado o amada, eran similares a las que se detectan en las parejas que viven la alborada del amor apasionado: la misma explosión de dopamina.

El canto del cisne

Cuando está a punto de morir, el cisne canta de una manera armoniosa y casi mágica. El sonido de ese canto puede escucharse a 5 ó 6 kilómetros de distancia en los espacios abiertos, y se parece, por momentos, a la música de un corno. En la agonía, aquel sonido cambia misteriosamente y se asemeja mucho al tañer de unas campanas graves.

Aquella música es un conjunto de armonías semejantes a un lamento, pero también a un himno de alegría. El resto de los cisnes saben de qué se trata, y guardan una suerte de respetuoso reconocimiento. Ni siquiera la pareja del moribundo lo acompaña en aquel increíble rito. Permanece en silencio a su lado. La escena puede durar unos minutos, después de los cuales el cisne muere.

La pareja del cisne muerto se aleja del lugar, separándose de todos los que fueron sus compañeros, y nunca más se vuelve a saber de ella.

¿Listo para nadar?

Nadar como cisne. Ojalá muchos lo intentaran. No hay que perder la esperanza. Seguramente habrá otro que quiera nadar al mismo ritmo. Basta con apropiarse del “intenso compañerismo y el entusiasmo sexual”. Póngase a prueba, quizás ha hecho poco al respecto. Eso sí, si su pareja no nada con el estilo que usted lo hace, vuele. Nada saca tratando de convertir un hipopótamo, que también vive en los lagos, en un cisne. No se eche cuentos.

 

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