¿Cómo hacer los sueños realidad?

Dicen que soñar no cuesta nada, pero es al contrario. Solo construyendo los propósitos que albergamos en el corazón seremos felices. ¡Anímese a cumplir el suyo!
¿Cómo hacer los sueños realidad?

Los sueños son las metas que el corazón propone, son los deseos conscientes hacia donde encaminamos nuestra vida. Soñar algo es mandar lazos energéticos adelante para ir conquistando lo que aún no ha sucedido. Es proyectar la avanzada de los duendecitos, los hacedores de nuestra vida, para ir construyendo el mundo que imaginamos cuando éramos niños y teníamos intacto el poder de creer y crear.

De niños atesorábamos sueños. Muy dentro de nosotros, albergábamos el sueño de ser los mejores, de ser los elegidos, los héroes que cambian el mundo; soñamos con la sabiduría, la iluminación, la riqueza, el amor, la familia, en fin, soñamos con un mundo mejor, un mundo justo y de libertad, lleno de oportunidades, en donde siempre triunfaríamos y seríamos felices.

Hoy, a pesar de la rutina y de lo complejo del mundo moderno, dentro de nosotros sigue latente el soñador, el que se pregunta cómo será su vida dentro de cinco, dentro de diez años; el que se cuestiona qué está haciendo ahora con su salud, con su familia, con su oficio; el que reflexiona sobre por qué no vive con la pareja que soñó, o sobre por qué no tiene el trabajo anhelado ni la remuneración que creía merecer; el que cuando se mira en el espejo no se reconoce porque no es la persona que quiso ser. El soñador, el visionario, quiere saber si va en el camino de ser feliz, si está siguiendo la ruta de sus sueños, o acaso se ha perdido.

Conectarse con la visión

En las tradiciones ancestrales estar conectado con la visión era parte importantísima de la vida, tanto que era necesario ir a buscarla en soledad, haciendo ayuno y pasando una serie de pruebas en la llamada “Montaña del Espíritu”. Totalmente sumergido en sí mismo, el neófito encontraba su visión y regresaba a la tribu seguro del camino de su vida. Luego podía volver una y otra vez a la montaña para reencontrarse con su trascendencia, corregir el rumbo o replantear nuevos sueños.

La visión es ver despiertos, con los ojos del águila, el horizonte, y alinear las habilidades y la disciplina en la dirección que nos señalan los sueños. La visión es el talento humano de ver lo imposible y hacerlo posible, abriendo los caminos necesarios con el compromiso de realizarlo. Es creer en la utopía, en los castillos en el aire, y trabajar para hacerles cimientos en la tierra.

La visión es la inspiración que se transforma en obra por seres de corazón valiente que son capaces de soportar los infortunios del camino, y la fatiga de los matasueños, esos incómodos acompañantes de la vida que intentan día tras día destruir las ilusiones de los otros. Cuando una persona está conectada con la poderosa visión de sus sueños, no solo lo acompaña la magia, o sus animales de poder atesorados en la montaña. También lo guía la poderosa motivación de estar alineado con lo grande y el aliento del gran espíritu, que siempre sopla a favor de la vida.

“Una visión sin acción no pasa de un sueño. Una acción sin visión es un pasatiempo, pero una visión con acción puede cambiar el mundo”. Estas palabras del gran motivador Joel Barker, definen muy bien la responsabilidad que implica estar en constante conexión con el poder de la visión como herramienta de la construcción de su propio futuro. Es por esto que hoy el mundo busca líderes soñadores, visionarios, que hagan vibrar las estructuras limitantes, que reconozcan los sueños como el alimento del alma y no desistan en su empeño, por más que los matasueños adviertan una y otra vez, que no se puede. A propósito: ¿Qué ha pasado con sus sueños?

Volver a soñar

Suba su propia “Montaña del Espíritu” y desde la cima, atienda el llamado de la visión, deje todo por un par de días y métase en lo más hondo del bosque, o en lo más alto del cerro, suba, trepe hasta que huela a nuevo, y ahí, en la mitad de la nada, dé comienzo a su llamamiento: ¿Quién soy? ¿A qué he venido? Póngase los ojos de águila, los pies del oso, las narices del venado y la rapidez del conejo y pregúntese: ¿Cuál es mi visión? ¿Cuál es mi llamado?

Si su importante y agitada vida lo tiene secuestrado y no le permite ni siquiera estar con usted mismo un par de días, al menos suba a la azotea de su edificio cinco minutos. Pídale al cielo que le devuelva los sueños, la inspiración y el poder de creer. Deje de tapar sus frustraciones con alcohol y otras excusas; nadie le ha robado sus sueños, siempre se está a tiempo de seguirlos. Use su propia brújula y vuelva a confiar en su espíritu.

Cómo hacer los sueños realidad

1. Incubación. Todo sueño pasa por una etapa de incubación. Al sueño hay cuidarlo, protegerlo, pues aún es frágil y carece de vida. Lo mejor en esta etapa es atesorarlo hasta que madure y pueda salir del cascarón. Noche tras noche, pídale al inconsciente que le revele el sueño y cómo activarlo. Si, por poner un ejemplo simple y mundano, usted quiere un carro, y ese es su sueño concreto, incube las imágenes, las sensaciones de usted manejando ese carro, y explore la gratificación que siente. Pero todavía no lo cuente. En esta etapa los matasueños tienen tanto poder, que pueden acabar con su sueño.

2. Exploración. Tímidamente, investigue acerca de su sueño, dese cuenta de que sí es posible. Recorte la imagen del carro y póngala en un lugar donde la vea a diario. Tal vez sus amigos o la gente cercana se burlen de su sueño, pero su sueño ya ha nacido y se fortalece, se convierte en un reto personal y ahora son los matasueños los que dudan.

3. Consolidación. Ya a esta altura, sabe cuánto vale el carro, qué color quiere, cómo se paga. Parte de la consolidación es ahorrar, crear un presupuesto, trabajar por él hasta convertirlo en proyecto y materializar las estrategias para lograrlo. Los matasueños ahora intentan participar y, lo más importante, el propio matasueño interior empieza a creer que sí se puede.

4. Culminación. De mano del matasueño (interior o exterior), se va al concesionario y se compra el carro. El que más pereque arma en la compra es el matasueño, que ahora es el típico pato que se vende como consejero. Ya no hay resistencias ni afuera ni adentro. Se cosecha el sueño y se disfruta plenamente.

5. Repetición. Se vuelve a incubar otro sueño, tal vez esta vez más universal, más espiritual y para el beneficio de un número mayor de personas. Con el tiempo, los sueños se convierten en una oración de amor hacia la vida y de consideración hacia la gente que sufre y que, a cambio de soñar, transita una pesadilla.

 

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