Comparte y vencerás

 ¿Cuándo dejamos de ser solidarios para convertirnos en avaros? La plenitud consiste en despojarnos del miedo a perderlo todo, para ganarlo todo.
Comparte y vencerás

Es de Perogrullo decir que la riqueza no es material, sino espiritual. Sin embargo, cómo es de difícil hacerle caso al cliché. Tanto, que la sabiduría popular le ha inventado su contra: “La plata no hace la felicidad, pero cómo ayuda”.Puede que sea cierto, pero una cosa es vivir en la abundancia y otra vivir en plenitud. La acumulación de bienes (que nosotros mismos nos exigimos como necesidades) no tiene nada que ver con la plenitud. La búsqueda de la abundancia material crea permanentemente necesidades insatisfechas (una mejor casa, una mejor ciudad, un mejor carro, una mejor mujer, un mejor celular, un mejor computador), mientras que la plenitud es la satisfacción por lo que uno se ha permitido ser.

El espíritu atrofiadoLa verdadera riqueza es, pues, espiritual, y nos ha sido concedida desde siempre, manifiesta en dones intrínsecos al alma que las sociedades modernas, sin compasión, nos han intentado atrofiar.Los dones del alma son parte de nuestra esencia, y yacen escondidos detrás de nuestro hinchado ego y de nuestros falsos intereses personales, a la espera de que los dejemos tomar aire. Los dones del alma nos permiten relacionarnos de manera sincera (espiritual) con los demás y con nosotros mismos, y son fundamentalmente buenos. A través de estos talentos naturales es posible lograr que el alma brille en todo su esplendor para, entonces, vivir en plenitud, rodeado de una verdadera abundancia. Esta riqueza del alma no solo es verdadera sino duradera. Virtudes como la bondad, el amor, el servicio, la compasión y la solidaridad son la esencia de la plenitud. Nuestra vida es un viaje de curación y de aprendizaje durante el cual vamos uniendo nuestros mundos emocionales, mentales, energéticos, físicos y espirituales; integrándonos en un solo cuerpo y en una sola gran alma, más allá del egoísmo; un solo ser entregado al servicio mismo de la vida, de la armonía y de la paz; una sola alma que, en plenitud, ha descubierto el verdadero misterio de la vida: ¡compartir la abundancia!

La riqueza: una vieja confusiónEn nuestro país, hablar de abundancia se ha vuelto tabú, tal vez porque es sabido que la concentración de la riqueza en Colombia es de las más grandes del mundo y que la gran mayoría de nuestros niños viven en condiciones adversas e insolidarias. ¿Qué pasa? ¿Por qué no se ve lo obvio? ¿Por qué el corazón se pone duro a la hora de compartir? ¿Cuándo nos volvimos tan secos, tan fríos e insensibles?Todo esto pasó cuando dejamos de ser abundantes y empezamos a ser ricos, cuando nuestra avaricia se puso por encima de nuestra capacidad de compartir. Abandonamos el camino de la plenitud en abundancia y comenzamos al camino de la acumulación de dinero, del egoísmo, del miedo a perderlo todo. Solo el que es abundante conoce la paradoja de la verdadera riqueza: dar para recibir. Rico es el que es tan pobre que solo tiene dinero; abundante es el que elije compartir.Sin embargo, para muchas personas la riqueza es sinónimo de dinero y piensan que solo cuando se tiene dinero se es rico. La riqueza material es muy importante, pero solo cuando se acompaña de riqueza espiritual es igual a plenitud. Esta es la verdadera abundancia, cuando se tiene todo y no se posee nada, o cuando no se tiene nada y se disfruta de todo.La verdadera abundancia es seguir el flujo energético de la vida y permitir que el dinero te despierte el alma, pues la riqueza espiritual es también la riqueza de las relaciones, del bienestar profundo del ser, de la armonía de nuestro mundo interno y externo y, sobre todo, del amor.

Nada de miedoMuchas personas con dinero siguen atrapados en la cultura del miedo, el miedo ancestral de perderlo todo, el miedo moderno de ser excluido de la riqueza. Estos temores disparan el apego y la acumulación, y atrofian la capacidad de compartir y de vivir en abundancia, siempre esperando un tiempo mejor para dar. “Cuando haya más, daré”; “cuando se cierre un negocio”; “cuando llene mis arcas y las de mis nietos”. Así se pasan la vida perdiéndose de la abundancia de ser solidario, de ayudar a los otros y de entrar en el flujo energético de la vida misma. La acumulación de riqueza produce un espacio de angustia más que de satisfacción. Bajo ese modo de ver la vida, el dinero es una carga, una cárcel que no nos permite fluir y crear prosperidad para todos. Muchas veces, este miedo irracional crea dolor, pobreza y frustración, haciendo que las personas trabajen más y ganen menos, o ganen mucho y disfruten poco. Uno de los síntomas de la plenitud es disfrutar la abundancia, gozar la vida y regocijarse en los dones del alma más allá del miedo. Un estudio de la Universidad de Pensilvania reveló que el 40% de nuestros miedos y preocupaciones nunca se cumplen; que el 30% de estos miedos y preocupaciones están relacionadas con el pasado y que, por lo tanto, no se pueden cambiar; que el 12% de los miedos y preocupaciones están en torno a otros, y entonces nada podemos hacer; que el 10% de los miedos son enfermedades imaginarias, y que solamente el 8% de nuestras preocupaciones y miedos están justificadas. ¿Entonces qué esperas para compartir y ser abundante? La abundancia verdadera es una dinámica íntima entre tú y tú; la batalla entre tu deseo de vivir en plenitud y tu miedo al apego, entre tu miedo y la certeza interna de saber lo que es correcto. La gratitud y la generosidadLa plenitud también tiene que ver con comprender el flujo del universo y, entonces, devolver al agua, agua, y a la abundancia, abundancia, en un ciclo interminable de gracia. El que sabe, da, pues entiende que solo dando, recibe lo que no puede alcanzar con dinero: la paz, la gratitud y el silencio interior. El que da, acalla la voz interior y solo escucha el murmullo de la paz dentro de sí.La gratitud es abundancia y plenitud. Solo cuando se llega a ser grande es que se aprende a ser pequeño; el que es grato con la vida, devuelve con amor a otros los dones del alma que le fueron prestados y los comparte. Solo el que ha hecho el camino de tomar y soltar la riqueza, conocerá la verdadera riqueza y sonreirá en libertad: lo tendrá todo, se tendrá a sí mismo.

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