Bogotá, siete planes diferentes para hacer en la capital

Con 478 años, ha sido el lugar donde se han encontrado todas las culturas del país. Una ciudad por descubrir.

Nací en Bogotá. Crecí en Bogotá. Me hice piloto en Bogotá. Y viví en Bogotá hasta hace poco más de cuatro años, cuando conseguí un trabajo en una aerolínea del Medio Oriente. Fue aquí, en el fin del mundo, donde me enteré de lo mucho que me falta por conocer de la ciudad donde han transcurrido casi todos los días de mi vida. Obvio, he ido al Museo del Oro, la joya del turismo bogotano, a ver la donación sobrecogedora que le hizo Fernando Botero a la capital y a almorzar un par de domingos a Andrés Carne de Res.

 

Todos los agostos que viví en Colombia procuré volar cometa en el parque Simón Bolívar, un año compré el abono al Festival de Teatro y cuando el sobrino de mi esposa se obsesionó por los teleféricos lo llevé a Monserrate. He caminado mucho con mi papá por La Calera, me he trasnochado en el Parque de la 93 y he pasado horas interminables en Unicentro, la víspera de Navidad. Tengo fotos de niño dándoles pan a las palomas en la Plaza de Bolívar, me imagino que fui a la Quinta de Bolívar en una excursión del colegio y llevé a una amiga panameña a la Catedral de Sal de Zipaquira (conocer Bogotá también es salir de Bogotá).

 

Pero viviendo lejos me propuse ver a Bogotá con los ojos de un turista y aprovechar las vacaciones para conocer un poco mejor el lugar donde nací y donde seguramente me enterrarán. Estas son mis opciones:

 

Santuario del Divino Niño - Calle 27 Sur Nº 5A-27

Creo que me da menos pena confesar en una revista de circulación nacional que nunca he ido al Santuario del Niño Jesús del 20 de Julio, que hacerlo frente a los muchos devotos extranjeros que dan como un hecho que todos los colombianos, en especial los bogotanos, hemos visitado este símbolo religioso de la capital, que hemos ido a agradecer a este niño de brazos abiertos –mono y rellenito– por algún milagro recibido (porque se le atribuyen todos: salud, armonía conyugal, éxito académico). Las estampitas con la imagen del Divino Niño son un regalo que de seguro muchos han recibido.

 

Museo de la Policía - Calle 9ª Nº 9-27

Me gusta la serie de Escobar, el patrón del mal (la veo por internet). Leyendo sobre el tema me enteré de la existencia del Museo Histórico de la Policía Nacional. Hay salas dedicadas a la cacería del capo más célebre de Colombia: un teléfono móvil que para la época era una extravagancia, una mesa que servía de caleta, una de las pistolas de Escobar y la moto Harley Davidson de su primo y cómplice.

 

Iglesias de la Jiménez - Calle 16 Nº 7-19

Si alguna vez vuelvo a pasar Semana Santa en Bogotá me ofreceré de chofer a mamá, tías, abuela o suegra para hacer el recorrido de los monumentos. La intención es conocer tres iglesias: la de San Francisco, la Tercera y La Veracruz. Me llama la atención esta última. Fue construida al poco tiempo de llegar los españoles. A comienzos del siglo XX fue declarada Panteón Nacional. Además de los restos de próceres fusilados durante la reconquista, en la Veracruz se encuentran el Cristo de los Agonizantes, al que le rezaban los condenados antes de su ejecución, y el lienzo del Cristo de los Mártires.

 

Chorro de Quevedo - Calle 13 con carrera 2ª

Estudié un par de semestres en la Universidad Externado de Colombia, al pie del Chorro y no creo haberme detenido ni siquiera a tomar un café. Este es el corazón de Bogotá, su centro, su comienzo. Es –según me dicen, porque me falta comprobarlo– un espacio bohemio, donde la chicha reina y los cuenteros pululan, rodeado de arquitectura colonial. Quiero ir, además, porque cualquier excusa para caminar por las calles laberínticas y coloridas de La Candelaria, aunque lo haya hecho muchas veces, es buena. Solo que esta vez me detendré en el Chorro de Quevedo a tomar un café y quizás a oir algún cuento.

 

Casa del Florero - Calle 11 N° 6-94

Quizás por el impulso clásico del que vive lejos, me interesó más la historia del país. Leyendo llegué al Museo de la Independencia - Casa del Florero, donde se puede ver de cerca la historia de la Independencia, empezando por uno de sus grandes protagonistas: el florero de Llorente. Me da curiosidad un museo con una sala con hamacas (¿única en el mundo?) para ver la proyección de un video en el techo. Habrá que ver.

 

Cementerio Central - Carrera 20 N° 24-80

Nunca me han gustado mucho los cementerios, pero entendí su atractivo turístico y su valor para el recuerdo histórico de los países visitando algunos en Rusia. Entonces decidí que tenía que dejar a un lado la cobardía que me mantiene alejado a todo lo relacionado con la muerte e ir al Cementerio Central la próxima vez que vaya a Bogotá. Allí está el cenotafio en honor de Gonzalo Jiménez de Quesada; allí descansan, entre otros, los presidentes de la República, algunos candidatos que murieron en el intento, Francisco de Paula Santander, Rafael Pombo y Leo Kopp, fundador de la Cervecería Bavaria, quizás el único residente que no descansa en paz porque existe una tradición de hablarle al oído a la estatua dorada de su tumba.

 

Guatavita a 80 kilómetros de Bogotá

Para mí, Bogotá también incluye sus alrededores, esos lugares donde se puede ir a pasar un día alejado del caos infinito de la ciudad. Uno de esos lugares, al que ya he ido pero que incluyo en esta lista porque pienso regresar después de muchos años, es la laguna de Guatavita. Recuerdo un paisaje de varios verdes (verdes que por este lado del mundo escasean), una laguna no inmensa pero imponente y, claro, la leyenda de El Dorado, la que encendió con furia la codicia de los conquistadores españoles.

 

Foto: Flickr.

 

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