Elogio de la dificultad

Al placer de lo fácil que nos propone el mundo moderno debemos anteponer la maravilla de lo difícil.
Elogio de la dificultad

El facilismo se ha convertido en un valor cultural que ha penetrado todos los ámbitos de la vida humana. Todo el tiempo buscamos el confort, las salidas fáciles, las recetas, la conciliación, las curas rápidas y los amores superficiales. Lo que ignoramos es el altísimo precio que pagamos por ser facilistas: nos perdemos de nosotros mismos, de la posibilidad de madurar y realizarnos. El alma, contraria a esta tendencia, requiere del trabajo, la paciencia, el rigor de enfrentarnos a retos y crecer de la mano de las cosas difíciles, para abrirse y florecer.Lecciones de la vida cotidiana Emiliano quiere dejar el cigarrillo sin fuerza de voluntad y sin paciencia. Carlos quiere quitarse sus depresiones con Prozac, sin tener que cuestionarse la vida. Viviana quiere una pareja que no la confronte y que le asegure que la amará para toda la vida.

Federico se vuelve mafioso porque quiere plata “fácil”. Pedro compra el baloto para no volver a trabajar nunca más. Ricardo quiere aprender de espiritualidad, pero quiere que le recomienden un libro fácil de recetas espirituales. Mientras tanto Silvia selecciona todo este texto para hacer “copy and paste” con su trabajo de filosofía. Todos buscan lo imposible: no se deja un hábito sin mucha fuerza de voluntad, no se alivia una depresión sin una transformación interior, no hay amor verdadero que no sea difícil, la plata no llega sin pagarla con trabajo o sufrimiento, la espiritualidad es un camino que exige de nuestra entrega total y la filosofía requiere del rigor de un pensamiento autónomo.Todos ellos tienen las alas cortadas. Todos se encuentran en el reino tibio de la mediocridad, a donde llegan todos lo que sueñan con las cosas perfectas. Todos son, sin saberlo muy bien, defensores y víctimas, de una actitud social que mi manera de ver es más trágica que todas las enfermedades: la valoración de lo fácil.El veneno del facilismo¿A que nos invita la cultura del “copy and paste”, las loterías, los dones, las figurillas huecas que llenan nuestros televisores, las comidas rápidas, los amores líquidos, los manuales de iluminación, el “vive el día” resignado, el individualismo raquítico, la apatía política, el conocimiento a base de manuales y las curas de pastillita?La gente se mata para hacerse la vida más fácil, mata por lo mismo, se estanca, pierde, se acomoda. La nuestra es una época donde reina la imagen de los espacios confortables, la ley del menor esfuerzo, las relaciones sin diferencia, las fachadas que maquillan conflictos y las soluciones definitivas. Mi planteamiento es que los valores que sustenta nuestra cultura nos conducen directamente a un callejón sin salida: el de la inmadurez, la evasión, el debilitamiento crónico, el distanciamiento del alma, la frustración y la amargura. El facilismo es una manifestación de ese anhelo infantil de retornar al útero, donde todo se nos es dado pero nada se nos exige. Pero la realidad de la vida todo el tiempo nos confronta, nos reta y nos exige. Así que es contrario a la vida este movimiento de paz y tibieza.Le sugiero al lector que observe cuidadosamente la vida de las personas facilistas: su desdén por las cosas y las personas, esa manera encubierta de buscar formas para enredar lo que no está enredado, ese temor a perder lo que sin trabajo se logró, ese sentido de injusticia que no los abandona y los lleva a buscar enfermedades y otras formas de sufrimiento que les permitan pagar por las cosas.El antídoto: Re-imaginar la dificultad Federico Nietzsche decía: “¿Vosotros decís  que la buena causa es la que santifica incluso la guerra? Yo os digo: la buena guerra es la que santifica toda causa”. Pero ojo, no se refería a la guerra violenta que hacen los facilistas que niegan la diferencia. Se refería al trabajo del alma, al rigor del que asume su vida, con sus retos, en la entrega verdadera.Miremos por un momento cuánto nos han dado las crisis, las personas que nos han confrontado, los amores difíciles que nos han sacado de nosotros mismos, las pérdidas que nos enseñado el desapego, los trabajos que han exigido lo que no creíamos posible, nuestros buenos enemigos, esos llamados ásperos del alma que nos exigen levantarnos del letargo en que nos mete la comodidad. Sin ellos, jamás hubiéramos descubierto de qué estamos hechos. Yo propongo que valoremos la dificultad, que la amemos, que la deseemos como quien anhela un entrañable maestro. Solo así podremos volver a aspirar a la plenitud de lo que somos. Asumamos el costo de ser verdaderos creadores y verdaderos amantes. Que busquemos el peligro de la pasión, el choque de las diferencias y el parto de nuevas formas de ser. Pidamos amores reales, difíciles, exigentes, diferentes, donde no existan cadenas, amos ni certezas; amores que no unan a dos mendigos para perpetuar una existencia mediocre, sino dos almas despiertas a encarar juntas un destino prometedor. Visualicemos una vida llena de mucho trabajo, sudor y retos, para construir un amado patrimonio donde se sienta la paz de las cosas logradas. La verdad es que el alma es como el amante que solo se abre a quien se entrega. Ella siempre cobra altos precios. Donde no está nuestro trabajo interior, ella no se siente en casa. Solo podemos amar y hacer nuestro lo que nos exige un profundo trabajo interior. Quiero terminar con esta bella oración del la película El club de la pelea: “Que nunca esté completoque nunca esté contentolíbrame de los muebles suecoslíbrame del arte inteligentelíbrame de la piel clara y la dentaduraperfecta”Cómo lograr hacerse una vida mas difícil

No coma tanta sopa 

No siga tantas reglas 

No tenga todo a mano 

Sálgase de las rutinas

Atrévase a no saber sin desesperarse

Levántese más temprano y acuéstese más tarde

Rodéese de gente que se atreva a cuestionarlo

Rece todas las noches para que el día le traiga crisis que lo ayuden a crecer 

 

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