«Debemos sacar nuestro talento sin miedo» Catalina Álvarez
Diseñadora de modas, dueña y fundadora de Agua Bendita.
Éramos todavía unas estudiantes de diseño, cuando empezamos a coser con mi socia Mariana Hinestroza. Hicimos los primeros vestidos de baño con retazos de tela que nos regalaron. Nosotras cortábamos y los elaborábamos a mano y se los vendíamos a nuestras amigas. En la medida en que vendíamos más, vimos una oportunidad de negocio, pero nos dimos cuenta de que solas no podíamos hacerlo. Empezamos a buscar mujeres en nuestro entorno, como la señora que lavaba la ropa en la casa de Mariana o las señoras que mi mamá ayudaba a capacitar en cercanías a nuestra finca. Les pedimos que nos ayudaran a cortar y coser.
Fuimos descubriendo que estas mujeres tienen un don especial para bordar y creímos que ellas, con su arte, podían trabajar desde su casa, estar con sus hijos y tener un negocio rentable. Nosotras queríamos más, queríamos llegar muy lejos y buscamos ir a las ferias. La primera fue en Miami, la más importante en vestidos de baño. Allá logramos conquistar a la editora de Sports Illustrated, ella nos apoyó y salimos en la revista.
Esa publicación nos abrió las puertas del mercado internacional en 2007. A partir de ahí, empezamos a demandar más mano de obra, a generar más empleo, a expandirnos. Hoy llevamos nuestros vestidos de baño, bordados a mano, a más de 50 países del mundo y brindamos empleo a más de 700 mujeres cabezas de familia, entre empleos directos e indirectos.
Ahora trabajamos con 10 líderes, con quienes concebimos el concepto del bordado y ellas a su vez van a sus comunidades y capacitan a las mujeres. Tenemos en mente varios proyectos para extender la capacitación y llegar a mujeres de las cárceles. Queremos crear la Fundación Agua Bendita para promover el talento que hay y hacer que más mujeres sean empresarias.
Ellas mismas cuentan cómo les ha cambiado la vida desde que pueden promover su propia empresa en la casa, sin descuidar a los hijos, empleando a mujeres en condición de discapacidad y llevando progreso a sus comunidades.
Estoy convencida de que lo que más ayuda a la paz del país es generar empleo y educación. Y hay que ver que gran parte del empleo está en nuestra cultura, en nuestras raíces, en la artesanía. Lo que nos enseñaron las abuelitas, estamos recuperando esa tradición.
Las mujeres somos motor importante para la paz. Lo importante es que puedan trabajar y brindar oportunidades para todos. No podemos olvidarnos de nuestra cultura, las mujeres debemos sacar nuestro talento, sin miedo.
Yo me imagino que con educación y trabajo se logra el país que soñamos. Cada uno tiene su grano de arena para aportar. Yo ayudo a mostrar lo bueno que hay en Colombia, a mostrar todas las habilidades y el potencial que tenemos.
Foto: Archivo personal.