El cuerpo es nuestra patria, aunque engordemos en cuarentena y perdamos el deseo sexual

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Esta nota no es para los que salen a trotar con tapabocas. Es para los que intentamos familiarizarnos con las rutinas de ejercicio y, como la mayoría de iniciativas en la pandemia, terminamos fracasando.

Tres días salté al ritmo de la entrenadora 'youtuber' Patry Jordan, prometiéndome que lo iba a seguir haciendo. Y heme aquí, con más kilos alrededor de la cintura (Le puede interesar ¿Se puede hacer ejercicio con tapabocas?).

Tengo que reconocerlo:  el sedentarismo es mi fosa común. 

No quiero saber cuántas calorías pierdo al día yendo de la cama a la sala, al baño, girando el grifo del lavamanos, fregando los platos.

Siento que salvar mi patria (que es mi cuerpo) es más difícil que desarrollar el tratamiento contra la COVID-19. No me gusta lo que veo en el espejo. En ocasiones prefiero seguir de largo.

Si no me agrado, no me agrada el sexo. Lo alejo así como alejo los jeanes y las camisas. Ahora soy L y comparto frontera con XL.

Es difícil tapar el sol con un dedo. La cuarentena también golpea la confianza. Una fotografía mía me persigue: la del antes y el después (¿Televentas?).  Algunos dirán que una dieta estricta solucionaría mi problema. Sí, puede ser. Sin embargo, podría irme peor con un plan de alimentación implementado en el encierro. Mi cabeza ansiosa explotaría.

De todos modos, con dificultad le echo carbón al deseo. Mi esposa dice que se siente igual a mí. Tratamos de mantener el sexo regular a pesar de mis rollos y  papada. Quisiera sentirme más sexy, que mi cuerpo sea una patria digna de colonizar.

Pero una cosa es mi figura y otra es la líbido. La máxima derrota en la cuarentena sería matar el deseo. En los momentos de mayor debilidad, me pongo la bata, los guantes y el tapabocas de médico para reanimarme. Un estudio de la revista Frontiers in Immunology aseveró que las relaciones sexuales frecuentes mejoran el sistema inmunológico. Su efecto prepara al cuerpo para combatir las enfermedades mediante la liberación de endorfinas.

Es que el sexo es bueno hasta para un hombre pasado de peso. Según un análisis de la Universidad Queen’s, en Belfast, el sexo en la mañana reduce problemas de salud. En días en que la vida es un eterno presente, le pregunto al sexólogo Ezequiel López Peralta un consejo para combatir la monotonía.

“Si la pareja no le da la misma importancia a su sexualidad, no tiene sentido que intenten mejorarla, al menos en el plano de la pareja. Y a partir de ahí es necesario desarrollar una comunicación erótica asertiva, es decir clara, directa y positiva”, responde. “Conversar acerca de lo que más les excita, aquello que les saca de clima, compartir fantasías pendientes. Y lo más importante de todo, utilizar la creatividad como el recurso más importante para engañar al rutinario cerebro, creando sensaciones de novedad y transgresión. En mi libro Guía práctica del erotismo infinito presento un programa de entrenamiento de cinco pasos para las parejas que esperan superar la rutina, y profundizo en esos temas”.

Por último, López Peralta sugiere poner la lupa en las fantasías sexuales. A su consideración,  son el motor del deseo y el insumo clave para salir de la rutina en la cama: “pienso que es importante clarificarlas internamente, compartir algunas con tu pareja y decidir inteligentemente cuáles van a poner en práctica y cuáles no. Es evidente que algunas fantasías no vamos a compartirlas porque quizás deseamos conservarlas como algo privado, y otras que pueden ser muy atractivas al conversarlas de a dos, pero en la práctica tienen riesgos que es mejor no correr. Tenemos que saber gestionarlas, y esa es una de las claves de las parejas que logran reinventar su erotismo”.

 

 

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