El derecho a reclamar

"Mi próximo proyecto es no ser nadie". Así le contesté a alguien que me preguntó hace poco por mi futuro profesional.
El derecho a reclamar

Detrás de esa frase envenenada hay muchas preguntas que en la actualidad me hago sobre lo que de verdad me da placer cuando trabajo. Últimamente vengo con una pataleta muy rara con respecto a las implicaciones que tiene salir en los medios y en fotos, el apelativo de “figura pública” me parece ridículo y todavía peor el desgastado “diva”. ?

Desde que era una niña, eso sí, me corría por las venas un afán por hacerme notar, era indisciplinada e histriónica, además muy rebelde contra todo lo que fuera impuesto porque sí. No sé si tuvo que ver el hecho de que soy la segunda de tres hermanos y al no tener un lugar de preferencia me propuse ganarlo a toda costa. De esa misma manera me comportaba socialmente, vistiéndome de una forma estrafalaria, en realidad casi me disfrazaba, me encantaba usar las camisas de mi papá que me quedaban enormes y alborotarme más el pelo que de por sí era ya una bestia inmanejable. ?

Ser actriz no era una pregunta para mí, pero no sabía que de esto podría vivir algún día, pues era lo más parecido a un juego. Con mi hermana pasábamos días “ensoñadas” en unos personajes que tenían vidas paralelas a las nuestras y nos encantaba actuar en las comedias del colegio. Todo lo que tuviera que ver con algo creativo me producía un placer indescriptible y natural. Cantar, bailar, dibujar, componer canciones, actuar, escribir. Cualquiera de estas actividades me podía tener en estado meditativo por muchas horas. Sólo que las que involucraban público directo me resultaban provocadoras y aún más con la posibilidad de exhibir una supuesta belleza heredada de mi hermosísima madre. ?

Desde joven empecé a ponerle la cara a las cámaras, la imagen era algo fundamental para ser tenida en cuenta. Al menos eso creía. Esta imagen alimentada por tantos años de apariciones en los medios de comunicación es lo que inspira ese derecho que sienten los espectadores de proyectar en ella sus mitos, fantasmas, fantasías o monstruos. ?

Mi gran dilema ha consistido en respetar y adorar mi profesión y al mismo tiempo no poder evitar el intenso rechazo que siento cuando observo impotente el basurero de opiniones, críticas, rechiflas y chismes alrededor de la consabida imagen. ?

Aunque debo darme por muy bien servida, pues la gente ha sido en extremo generosa conmigo, siento que ha llegado el momento de reclamar mi derecho a ser una persona. Esto no es algo que le adeudo a nadie más que a mí misma desde luego, lo que ocurre es que bajo las trilladas sentencias, “las figuras públicas viven de la imagen”, y “se deben a su público”, está el engaño de creer que eso significa sostener una parodia de personalidad edulcorada con “energía positiva” y “buena vibra”. Cuando siento un asomo de obligación a seguir un patrón de comportamiento, se me alborota un diablo que llevo dentro, el mismo que me hacía usar las camisas de mi papá. Me invade un impulso imparable de desafiar lo que los demás esperan de mí, diciendo cosas desconcertantes y dándole rienda suelta a mi existencialismo galopante.

El solo hecho de contar con esta ventana que tan amablemente me ha abierto ELLAS, ya es un alivio de tanta entrevista insulsa donde se descontextualiza todo lo que uno dice. No soporto más el “cómo te defines”, “cómo quieres ser recordada” y “qué quieres que diga tu epitafio”. No van más esas portadas sentada en un sillón de una casa que no es mía vestida de anfitriona de banquete seudo aristocrático, “fotochopiada” hasta el dedo meñique y piernicruzada en plan señora diplomática. Ni hablar de las que, en un acto de desesperación por demostrar que a estos atardecidos 46 años uno todavía “aguanta”, hay que salir en bola o en camiseta mojada y haciendo cara de “estoy caliente”.?

No le encuentro más sentido a todo aquello que el de hacerle la venia a un temor a defraudar si dejo ver a la mujer impredecible y real. Lectores de estas humildes palabras, reclámenle a su alma lo más verdadero de ustedes mismos, yo ya comencé y nunca he sido más feliz.

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