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El español que amó a los Tayronas

Por Redacción Cromos
14 de julio de 2015
Jorge Ávila

Jorge Ávila

En la historia ya conocida, y siempre controversial, del llamado descubrimiento de América, es la parte que corresponde a Santa Marta, la más hermosa y humana, muy a pesar de su fatal desenlace. Hablamos de Rodrigo de Bastidas, un notario de Triana, en Sevilla, España. Atendiendo a una cédula real del 10 de abril de 1495, que invitaba a los españoles a viajar al nuevo mundo. Bastidas decide, a los 40 años, cambiar su tranquila y rutinaria vida entre folios, reclamaciones y pleitos por una aventura en los recónditos parajes de una América aún desconocida. Algunos historiadores sitúan sus primeras expediciones por el Caribe en 1493, al lado de Cristóbal Colón. Otros dicen que Bastidas obtuvo permiso real el 5 de Junio de 1500. Sin embargo, la expedición que lo llevó a descubrir las costas del caribe colombiano, junto a Juan de la Cosa y a Vasco Núñez, fue en el año de 1502. Llegó al Cabo de la Vela, referenciado ya por Ojeda, pasó a Coquibacoa y fondeó sus carabelas por primera vez en la bahía de Santa Marta, llamándola así porque posiblemente su llegada fue un 23 de febrero, día de la Santa Marta de Astorgas. Las embarcaciones fueron rodeadas por cientos de canoas que acompañaban a los caciques de Taganga, Bonda y Gaira, líderes de los nativos que se hacían llamar Matunas. Más adelante, estos pueblos serían llamados Tayronas por los españoles, debido a una muy común fragua de oro, que ellos denominaban “tayros”. Bastidas fue bien recibido por los Matunas y hubo intercambio comercial. Con el cacique de Bonda acordó dejar al marino Juan de Buenaventura para aprender la lengua. Al viejo, como era llamado cariñosamente por su gente de confianza, el encuentro con los Matunas lo dejó muy impresionado por amable, comercial y pacífico. Bastidas continuó su viaje y descubrió la desembocadura del gran Río Yuma, que rebautizó con el nombre de Río Grande de la Magdalena. Luego, pasó al golfo de Urabá, que llamó Golfo Dulce, donde estuvo a punto de naufragar por culpa de un molusco llamado Taraza, que había dañado el casco de las carabelas. La expedición entonces toma rumbo hacia La Española. A la llegada a Santo Domingo, Bastidas fue hecho prisionero y fue decomisada su carga por el gobernador Bobadilla, acusado de capturar caribes en Cartagena y Barú. Luego, fue embarcado a Cádiz en La Aguja, la misma carabela en la que también iba detenido Cristóbal Colón (algunos historiadores niegan esto).

P.S. ¿Cuál será el destino de Bastidas?  Lo podrás leer en el próximo capítulo de El español que amó a los Tayronas.

Por Redacción Cromos

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