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El fino imperio de la cintura

De Marc Jacobs a Karl Lagerfeld, de Lanvin a Dolce Gabbana las nuevas temporadas parecen exaltar la silueta de avista: esa que ciñe la cintura y realza la redondez de las caderas.

Por Angélica Gallón Salazar

30 de abril de 2010

El fino imperio de la cintura

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Hay sociólogos que dicen que mientras más paternalista es una época más ceñidas son las cinturas de las mujeres. Aseguran que cuando una sociedad busca resguardarse en valores más tradicionales esos valores tienen inmediatamente un efecto sobre la moda y las mujeres vuelven a apretarse el vestido y querer parecer unas avispas. ¿Qué pasa entonces por estos días que empezamos de nuevo a ver a las mujeres con la falda en la cintura ceñida dejando atrás los descaderados que por casi dos décadas se impusieron?

La teoría que intenta revelar rasgos políticos en la moda funciona si le echamos un vistazo a otras épocas. Resulta casi paradójico ver como durante los años 20, con Coco Chanel y Madeleine Vionnet haciendo de las suyas, con el frenético Charleston alborotando a las mujeres, parecía que el género femenino se había liberado para siempre del corsé. Sin embargo, bastó con que la década de los veinte terminara para que los años 30 con las depresiones económicas y la subida de Hitler al poder volvieran a empodera la tradicional silueta femenina.

Sucedió algo parecido en los años posteriores a la segunda guerra mundial, cuando en febrero de 1947, Christian Dior se inventó el New Look, una silueta que de nuevo ajuiciaba la cintura y que recalcaba las funciones más tradicionales de las mujeres en la sociedad. “Estamos saliendo de un periodo de guerra y de uniformes. Yo he diseñado la mujer flor, (flower-woman)”, recuerda el diseñador en sus memorias. Cinturas talladas, con un busto grande, pronunciado y redondo, con hombros muy finos y las caderas sopladas fue la trastocadora silueta que creó Dior y con la que evocó unos tiempos más seguros, con la que conjuró el fin del horror y la bienvenida a tiempos de menos sufrimientos.

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“La cintura que estamos viendo resurgir estos días en las pasarelas y tiendas la impuso Dior en la post-guerra, para borrar toda la languidez y tristeza de la hambruna y falta de materiales de los años anteriores. Usó mucha tela  para reactivar la industria y darle fuerza a una nueva figura. Hoy pasa un poco lo mismo, sin la connotación de la guerra. Los diseñadores, para atraer la atención de los compradores rezagados por la crisis, han vuelto al estilo clásico que recuerda la calidad de momentos importantes en la moda”, explica la experta Pilar Castaño.

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“Más que un tema de política, lo que creo es que este ir y venir de las cinturas finas en la moda se debe a ese carácter cíclico indiscutible de la moda”, explica por su parte Martha Calad, experta del laboratorio de de tendencias de moda de Inexmoda. “Una década suele oponerse a su inmediatamente anterior y es por esos que vemos que en los años 60 se desbarató esa mujer creada por Dior, mientras que ella volvió a renacer en los años 80”.

Justamente fueron los 80, lejos de la sicodelia de los 60 y 70, la década más cercana a nuestros días, que vio emerger esa silueta conocida como X: que reclamaba unos hombros anchos y una cintura pequeña que se apretara entre unos escasos 60 centímetros. Esta vez, la aparición de ese rasgo femenino por excelencia, se debió sobre todo a la necesitad que vieron las mujeres de empezar a conquistar los terrenos laborales masculinos. Por eso emularon con esas hombreras gigantes la silueta masculinas (espaldas anchas), y se estrecharon la cintura en oposición para convencerlos a todos que seguían siendo igual de femeninas.

Todo cambió radicalmente con la emergencia de los descaderados en los años 90 que le dieron protagonismo más a las caderas que a la cintura. Mientras tías y mamás se santiguaban por ver a una pretina de pantalón conversando con el pubis, las más jóvenes se olvidaban de la obligación de reducirse la cintura por medio de un cinturón, un corsé o una pretina y más bien inventaban perversas formas para aplanarse la panza y zafarse del gordito natural de la parte baja espalada a punta esta vez de un corsé invisible: la dieta.

“Pero ha sido tal la locura por las cirugías y las transformaciones corporales para encajar en un estereotipo, han resultado tan superfluos y dañinos los valores que acompañaron los inicios del siglo XXI que parece ser hora para que los descaderados y su silueta se marchen”, sentencia Catherine Villota, editora del portal Fashion Radicals quien advierte que en pasarelas y vitrinas empiezan a coquetear faldas y pantalones acompañadas de cinturones anchos y ajustados que ciñen ese tierna parte donde terminan las costillas.

Así lo que se impone y se verá pronto en las calles de nuestras ciudades son faldas de talle alto, cinturones muy anchos que ciñen la silueta, veremos emerger también de la mano de las pretinas subidas los pantalones y shorts con prenses. Los corsés saldrán de su intimidad y las mujeres los llevarán como ropa exterior y los bodys que dibujan la silueta y denotan un corte en la cintura se llevarán con faldas en forma de A y pantalones.

“De unas cuatro temporadas para acá es muy fácil percatarse de un sentimiento nostálgico en la moda”, añade Catherine Villota, “desde Marc Jacobs a Karl Lagerfeld, de Lanvin a Dolce & Gabbana hay una mirada hacia tiempos más felices, más seguros que estos tiempos actuales en donde la economía, la política, la religión y el planeta están tan resentidos”, explica la experta en moda. Quizás sea esa nostalgia, esa necesidad de regresar a los cánones más tradicionales como mecanismo de defensa, la que parece estar haciendo emerger de nuevo esta silueta hiperfemenina que hace que los jeans se olviden de la cadera y las faldas empiecen a trepar por el ombligo hasta taparlo.

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Por Angélica Gallón Salazar

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